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Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Asesinato legal

Gabriel Roselló (Madrid)
Redacción
lunes, 7 de diciembre de 2009, 06:29 h (CET)
La inocencia no puede agonizar porque es blasón de la dignidad humana, no de puede autodestruir, del mismo modo que no se autocreó. Amparar la existencia humana del fecundado y no nacido supone una gran hazaña, que se identifica con una honda inteligencia.

La inocencia de un hijo ejecutado a través del aborto tiene tal pujanza seductora que acaba por arruinar el corazón y la mente de sus verdugos; madres que se arrepienten angustiadas de lo que han hecho. La cultura de la vida es la única que prevalecerá. La existencia humana revive todas las jornadas entre sus vacilaciones, entre sus pánicos y regocijos, porque el espíritu de la vida es lo indestructible. Por este motivo impera el ser y no la nada. La cultura de la vida emerge por el respeto para con los mortales. La cultura de la muerte se ceba con la indiferencia hacia las personas.

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