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¡Mamá, que empieza el tenis!

Rodrigo Gil-Sabio
Rodrigo Gil
lunes, 7 de diciembre de 2009, 01:22 h (CET)
¡Qué pasada! España le ha metido 5-0 a la República Checa y se lleva su cuarta Ensaladera. Algo espectacular en esta Edad de Oro del deporte español donde lo éxitos de los españoles se suceden a ritmo de vals, el último el del tenis.

Me gustó Rafa Nadal, el primer gladiador en saltar a la arena en el Sant Jordi ante los leones checos. Y me gustó porque se reencontró a sí mismo tras un año duro, de lesiones, de problemas personales, de incertidumbre, pero de mucha profesionalidad, en lo bueno, y en lo malo. Nadal ganó sobre todo porque lo necesitaba para sí mismo, y además le hizo un gran favor a España.

Con el 1-0 las cosas pintaban bastante bien. Era el turno del valenciano David Ferrer frente al peligrosísimo Radek Stepanek. Como dijo Albert Costa después, éste partido será recordado para siempre. Y es que con 2 sets a 0 para el checo, Ferrer llegó literalmente a llorar en los vestuarios delante del capitán. Y justo ese momento fue el punto de inflexión para un Ferrer que se echó a un país a la espalda para ir remontando con un juego sólido ante un público que se fue creciendo más y más.

Tanto que se llegó a un último set tremendo. Con 6-6 y con Stepanek llevando siempre la batuta gracias a su poderoso saque, la cosa estaba fea, pero Ferrer hizo un break ganador que levantó al público de sus asientos. Con su saque hizo el resto y aquello fue el acabose, con un Ferrer por el suelo y con todos sus compañeros abrazados.

El 3-0 fue coser y cantar con el doble Feliciano López-Fernando Verdasco que volvió a alcanzar la gloria. Increíble, porque el domingo mismo España remataba con un 5-0 espectacular que pone a nuestro tenis en la cima del mundo.

Y es que en tenis hemos sido un E-Q-U-I-P-O, al igual que el baloncesto de Pau Gasol, el fútbol de los Vicente boys, el waterpolo de Guillermo Molina, en fin, que somos los mejores y que hay que seguir, que el modelo funciona, pero que también es más difícil aún mantenerse que llegar. Enhorabuena a todos, campeones.

llaman Erika y Mireia, de apellidos Villaécija y Belmonte. Son deportistas, de alto nivel sí, y siempre andan de piscina en piscina, buscando superarse a sí mismas. Una es joven pero veterana, la otra es más joven aún y curiosamente también veterana en lides internacionales. Sus cuentas corrientes entiendo que nada tienen que ver, seguro, con las de Messi y Cristiano Ronaldo, y su deporte, la natación, no tiene comparación con el fútbol. Y es una pena, pero es así.

La semana pasada, ambas nadadoras internacionales nos han deleitado en Castellón con dos Records de Europa, nada menos: el de Erika Villaécija en 1.500 libre –kilómetro y medio nadando en poco más de 15 minutos- y en 200 mariposa en poco más de dos minutos en piscina de 25 metros. Ambas son muy buenas, talentosas, y sacrificadas como pocas. Están dando los mejores años de su vida a la natación, un deporte duro, solitario, que sólo entiende de tiempos y marcas. Si estás mal, lo pagas. Si estás bien, reza para que tu rival de la calle de al lado no esté mejor que tú.

De estos deportes olímpicos, esenciales para conocer el termómetro sociodeportivo de un país, sólo nos acordamos cada dos o cuatro años cuando hay Mundiales y Juegos Olímpicos, pero estos nadadores hacen miles de kilómetros al año –volando y nadando- para representar a nuestro país. En el último Mundial, tres medallas masculinas. En próximas competiciones, la natación femenina busca su hueco con Erika y Mireia a la cabeza, pero también con grandes nadadoras como María Peláez, Merche Peris, Ángela San Juan, Melanie Costa, Conchi Badillo, Marina García, María Fuster, Lydia Morant, Patricia Castro,… y las que vienen detrás, que no son pocas.

El deporte femenino español, y más en concreto la natación femenina, está demostrando una capacidad competitiva realmente espectacular. En este deporte de luchadoras, las generaciones espontáneas de Erika y la más actual de Mireia encarnan todos los valores que hacen que la natación les marque una hoja de ruta para toda la vida: trabajo, esfuerzo, sacrificio, autocontrol, pasión, lágrimas, orgullo…

Levantarse a las 6 de la mañana en invierno para entrenar en una piscina a no más de 26 grados no es plato de buen gusto para nadie. Estudiar, comer, volver a entrenar, masajes, estudios, orden,…ésta es la vida de otros muchos jóvenes que son un auténtico orgullo para un país que aspire a ser una potencia deportiva. Y cuando se retiren, casi ninguno podrá vivir de esto, lo que les convierte, además, en unos auténticos masoquistas. Ya sabe, si alguna vez usted se topa con uno de ellos y le dice, “yo soy nadador o nadadora”, no lo dude, está ante un deportista con mayúsculas aunque no juegue al fútbol.

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