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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Inventos convenientes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 7 de diciembre de 2009, 00:53 h (CET)
Hablando de inventos, los hay magistrales y otros de discreta envergadura con escasas repercusiones. Unos permanecen en la mente de todos, mientras cada día se olvidan los menos significativos. En general, subsiste la idea de que hablar de inventos es hacerlo sobre hechos excepcionales. En determinados momentos se descubrió una realidad estupenda. ¡Eureka! La civilización está decorada con una ristra interminable de ellos. Es una gozada la simple rememoración de los mejores ejemplos; una verdadera historia de las maravillas.

Como enorme contraste diario pasan por delante entre las personas, sin ser detectadas, una serie de invenciones importantes; incluso son observadas con desdén, sino claramente menospreciadas. Añado el comentario de que algunas son muy convenientes para una buena convivencia y una vida digna. De imperiosa necesidad casi siempre. Repasaré la RELEVANCIA de alguno de estos inventos cotidianos. Sin ellos, la degradación de la presencia humana sobre el planeta es manifiesta. Por eso digo que se vuelven necesidades acuciantes para mejorar un tanto la orientación de los despropósitos y desventuras. Quiero pensar en un revulsivo tonificante y saludable; la simple acomodación resulta frustrante.

No hace falta releer la Guerra y Paz de Tolstoi, el recuerdo de los enfrentamientos es ubicuo, abundan en las memorias, en un alarde de ansia destructora dirigida hacia el oponente o discrepante; sean alcaldes de pueblos en pleno protagonismo nacional del momento, se trate de naciones o tribus. El instinto destructor aparece a la menor provocación. Quizá refiriéndose a las contiendas internacionales muy organizadas, Ortega y Gasset escribía que la GUERRA no es un instinto, sino un invento. Con la tremenda capacidad humana para idear maldades exterminadoras. Plantearé a continuación la idea contraria sobre ese invento, porque quizá estemos únicamente ante una dejación frente al instinto malévolo, dejandonos arrastrar por ese impulso aniquilador. En ese sentido, dejadez, más que invento.

Qué quieren que les diga, a mí, el verdadero invento, meritorio y necesario donde los haya, es el que desarrolle los mecanismos efectivos para el logro de una PAZ satisfactoria y estable. Exige nuevas ideas para abordar la complejidad de la convivencia. Entre otros muchos, suelen cometerse tres errores tremendos en muchas de las pacificaciones al uso; marginación de los sujetos presentes en la sociedad en cuestión, imposición de criterios y fijación de las posturas. De ahí la magia precisa para un invento conveniente en pos de la paz; tendrá unas exigencias básicas, adeptación dinámica acerca de cada situación, participación de los involucrados y apertura crativa en busca de las soluciones. Como decía, la INVENTIVA la veo más apropiada y necesaria para la paz que para la guerra; en conflictos personales, grupales o nacionales. Se trata de un buen reto de investigación y desarrollo.

Suele decirse que las cadenas se rompen por los eslabones con alguna debilidad o deficiencia; a lo cual podremos añadir que no siempre sucede así. Como es lógico, otra influencia notable proviene de donde se concentren las fuerzas atacantes. En esa tesitura surgen las malandanzas del feto, protagonista débil, a merced del poderoso entorno. La cadena de insuficiencias se rompe por su vida incipiente. Queda patente a la vista del ABORTO, la ausencia de una inventiva suficiente para evitar la trágica maniobra letal. La prevención no alcanza niveles aceptables, las medidas de apoyo a las gestantes tampoco. Aunque sobre todo ello planea la desconsideración hacia una vida indefensa. Sobran los inventos para los procedimientos exterminadores, mientras destaca la desidia en el otro plato de la balanza. En ese lado, la sociedad no busca los suficientes hallazgos, no lo hace intensamente. Con ese desdén, ¿Podremos continuar con la afirmación de que defendemos la vida? ¿Cuál? ¿De quiénes?

Estoy convencido, la sencillez es uno de los mejores instrumentos para el abordaje de los conflictos sociales. No se hace mcho caso de esta aseveración, parece que nos va la marcha de las ideas y expresiones rimbombantes. Éticas, Religiones, Ideologías, Ciencias, Patrias …; acaparadoras intratables de la realidad. De tal modo y maneras, sobrevienen los arrinconamientos de las personas concretas, marginaciones y frustraciones; abusos y violencias diversas. Nos vendría bien la vuelta a la buena consideración de los unos hacia los otros, el nuevo descubrimiento de esos tratos, el invento del RESPETO mutuo. Es uno de los conceptos en desuso, quizá ya no se sepa en qué consiste, ni quiénes son merecedores del mismo. ¡Nos han mezclado con tantas mascaradas! Cada persona lleva dentro su misterio. La solución no radica en eliminarlos, la razón debiera servir para dar cabida a todos, en armónica tolerancia. En esa simple convivencia se basaría el invento, adaptado a cada tiempo, pero imprescindible. Empieza por los próximos, pero su alcance es progresivo. Cuando se imponen las estructuras, no será posible el reinvento de este humilde procedimiento. En cambio, a partir del mismo, son factibles los criterios más amplios. Sin esa consideración, ¿En qué confiaremos?

Es raro que un razonamiento sea muy simple, blanco o negro. Los planteamientos suelen presentar varias facetas, suelen ser complejos; blanquinegros, predominio de unos matices sobre otros y novedades momentáneas. En cada diálogo se representan un cúmulo variopinto de circunstancias. No basta una frase bien argumentada como garantía de verdad. Oimos hasta la saciedad frases bonitas, detrás de las cuales desaparece la honestidad de los hablantes. Por mucho que se proclame el bien común, comprobamos la búsqueda de los menos comunes. De lo cual se deduce la conveniencia de uno de los descubrimientos que invoco hoy, la COHERENCIA. Esa hilación nacida en el pensamiento, expresada en palabras; pero finalizada en unas actuaciones consecuentes. Que hiciera desaparecer los ocultamientos en plena democracia, por parte de concejales y regidores de otras instituciones; plasmando, de una vez, la transparencia tan cacareada. Hablamos de una coherencia compartida, porque si nos referimos sólo a los intereses acordados por los truhanes y aprovechados, nos van saliendo al paso grandes delincuentes y asesinos de la peor ralea. Coherencia ciudadana por lo tanto.

Si somos coherentes y nos respetamos unos a otros, no esperaremos un único invento salvador que aporte la solución. De grandes salvadores y soluciones exclusivas, estuvimos y estamos saciados; hastiados diríamos con más propiedad. Precisamente, en busca de los inventos adecuados, lo serán aquellos que hagan posible la PARTICIPACIÓN de cada sujeto, en la medida de sus ansias y características propias. Al servicio de esos participantes, en un ensamblaje persuasivo y convincente. Sin embargo, llama la atención como proliferan las tendencias contrarias, con imposiciones, desprecios, censuras y abusos con todas las maldades; con abrir los ojos se muestra un amplio muestrario de inconveniencias. Nos solemos acordar del viejo dicho, la vida es un invento constante para afrontar las vicisitudes de cada día. En nuestra mano quedan las respuestas. Apoyo de los mejores inventos, o resignación al rebufo de los que son improcedentes. ¿Satisfechos con un seguidismo ramplón? Urge una decisión al respecto.

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