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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Cada abuelo es un mundo

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 5 de diciembre de 2009, 09:40 h (CET)
Esto de trabajar ya no es lo que era, tanto clama lo de más como lo de menos. Citando expresiones publicitarias, muy creativas, que nos afirman que ser padres o ser hijos es una tarea difícil, debo afirmar que ser abuelo o abuela tampoco es fácil.

Todo depende potencialmente de la salud que se tenga, que en esto de las enfermedades no es lo mismo lo de más como lo de menos. Puede haber mayores, así como les llaman cuando no les quieren llamar viejos, que gozan de una salud de hierro, que nunca han caído malos o que son asiduos del médico de cabecera y de la receta semanal aunque no sean ni abuelos o no hayan cumplido los cincuenta años.

También va a depender del trabajo que hayan desempeñado, de las empresas en las que hayan trabajado, de los ERES que hayan sufrido en su vida laboral, de las veces o de las oportunidades de empleo que hayan tenido a lo largo de los años, del paro en que hayan estado suscritos o incluso de la familia que le haya tocado en suerte a dicho abuelo o abuela.

Por que, vamos a ver, a la hora de levantarse por la mañana no es lo mismo para una señora que debe acudir corre que te corre a casa de la hija o hijo a atender a sus nietos, porque los padres de los niños deben entrar a trabajar también a la carrera, abusando de esa colaboración intergeneracional que les ahorra una cuidadora y les evita la escuela infantil durante unos meses o años, que levantarse e irse a yoga o a natación o a tomar un café con las amigas o trabajar incluso durante unas horas para colaborar en la economía familiar siempre tan necesitada.

En ocupaciones que requieren una exigencias especiales jubilan a partir de los cincuenta porque así interesa a favor de no sé qué circunstancias especiales. También a los profesores si así lo desean les ofrecen la posibilidad de acogerse a las prejubilaciones anticipadas y tal como está la enseñanza, entran a una ante la cómoda propuesta. Otros colectivos como el de los abuelos albañiles o agricultores entrarían con gusto en propuestas parecidas.

Sin embargo, si a lo que se tiende es a que en una vida haya algo más que una vida laboral; ya saben, trabajar para vivir y no vivir para trabajar, sorprende también encontrarse casos en los que el trabajo da también una vida adicional que para sí la querrían muchos de los trabajadores jubilados antes y con antes o de forma obligada al comprobar que estaban realmente activos mientras trabajaban y que al llegar a la edad de prejubilados o jubilados no celebraron precisamente muy jubilosos su nuevo estado.

Seguro que conocen como yo a alguna persona que siguió trabajando hasta los setenta años en alguna oficina como funcionario. O que han considerado la cantidad de autores y artistas lúcidos que crean obras culturales a edades avanzadas. Todas estas variedades en las posibilidades laborales nos hace pensar que así como se dice de los niños, cada niño es un mundo, se debería decir también de los abuelos, cada abuelo es un mundo, ¡porque a saber lo que el destino tenga reservado a partir de ahora a los abuelos si los gobernantes no se aclaran si seguir jubilando a gente de mediana edad o prolongar hasta los setenta, ochenta, incluso hasta los noventa años las posibilidades de trabajo!

Anda y que se lo cuenten a Leopoldo Abadía, ese abuelo orgulloso y simpático que en un blog se hace un experto en crisis y economía en Internet con sus comentarios o a Alberto Oliart quién se convierte en jefe de la televisión de un país y se presenta con una caterva de nietos y nietas de manera orgullosa en su nombramiento, incluso con exigencias de quien está de vuelta de todo, cuando más de uno podría pensar que con sus años ya debería tomarse sus sopitas y al rincón, para ver de forma pasiva esa televisión que tanto atonta a los mayores y a los que no lo son tanto y que ahora debe dirigir, cambiar y despabilar.

Cada abuelo y abuela es un mundo y además este mundo es muy diferente para ellos, dicho sea de paso con el mayor respeto también para los abuelos y abuelas que les llamamos así por edad, aún sin tienen nietos.

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