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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

De secuestros, alianza de civilizaciones y otras zarandajas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 4 de diciembre de 2009, 06:07 h (CET)
A muchos nos gustaría que el señor Rodríguez Zapatero nos explicara con detalle en lo que consiste esta extraña obsesión, que viene arrastrando desde hace años, por esto que se le ha dado en llamar “Alianza de Civilizaciones”. Lo cierto es que, desde que se le ocurrió esta idea no ha cejado de querer venderla, no sólo en España, donde la ciudadanía siempre la ha mirado como algo utópico y remoto, sino también en el resto de foros mundiales donde ha encontrado a alguien dispuesto a escucharle. Lo que sucede es que, como en todas aquellas aventuras en las que se ha metido nuestro Presidente, pone más interés y empeño que acierto; busca la complicidad de los demás pero han sido pocos los que, de verdad, se han involucrado en el proyecto y es que hay que tener más moral que el Alcoyano para meterse en una cruzada que la mayoría de países de nuestro entorno consideran poco realista, sin base alguna en la que apoyarse para llevarla a término con éxito y, evidentemente, carente del mínimo apoyo por parte de las otras “civilizaciones”, a las que nuestro ZP intenta llevar al redil de la concordia y hermandad con países de los que están separados, aparte de por la Historia, plagada de enfrentamiento y desencuentros, sino también por la religión ( cristianismo versus islam) y por culturas y costumbres diametralmente distintas, cuando no opuestas, de las de una Europa de las 27 naciones, alejada siglos en cuanto al progreso y forma de vida respecto al mundo musulmán. Claro que, tampoco queda claro si estas civilizaciones a las que ZP quiere acercarnos se limitan a los países árabes o si también se refiere a los asiáticos como China, La India o las dos Coreas, por ejemplo.

En todo caso, a la vista de los recientes acontecimientos que, con rara regularidad, se están produciendo en estos países exóticos como Somalia y, ahora, la misma Mauritania; donde ciudadanos españoles son sujetos de secuestros en los que sus vidas están en peligro, sus voluntades sometidas a las de sus captores y sus rescates dependiendo de un gobierno al que estos conflictos le vienen grandes, no dispone de un ministro de asuntos exteriores verdaderamente eficaz, a no ser que la eficacia se mida por acceder a todos los requerimientos que se le hacen por los secuestradores; pagar con presteza cuando fijan el precio y permitir que los delincuentes se vayan de rositas, aún cuando se disponga de un ejército bien entrenado para acabar de un plumazo con ellos. Apenas hemos salido del susto del Alakrana, secuestro que, por su tardanza en resolverlo, en el bien entendido de que, puestos a pagar, mejor hubiera sido hacerlo pronto antes de obligar a los marineros del barco a pasar por el via crucis de 47 días siendo sometidos a vejaciones y amenazas de muerte; cuando, vean ustedes por donde, volvemos a estar metidos en otro berenjenal semejante, esta vez, para variar de escenario, en las áridas tierras de Mauritania donde han padecido el tropiezo tres miembros de una ONG catalana que llevaban ayuda humanitaria a la región.

Debemos decir que estas caravanas humanitaria, si bien se les debe reconocer su espíritu solidario y aventurero; harían bien, antes de emprender una aventura tan peligrosa, en hacer caso de las advertencias del ministerio del Interior que, en un informe elaborado recientemente, deja constancia de que España es un objetivo preferente de los terroristas de Al Qaeda en tierras del Magreb islámico. También, como ya comentábamos en otro artículo, lo son los buques españoles por parte de los piratas que infestan las aguas somalíes. Lo impactante es que, fuere porque, a pesar del sigilo y la “prudencia” que el señor Zapatero nos pide a todos, para que los secuestradores no se enteren de sus “eficaces” medidas para “deshacer el entuerto”; no hemos conseguido todavía que alguien nos explique su tardanza en solucionar los raptos por parte de nuestro Ejecutivo que, sí nos pide que permanezcamos mudos para no interferir; nosotros también nos preguntamos cuánto tiempo tendremos que callar si los conflictos se eternizan, sólo por el despiste; la falta de reacción; la nula sincronización de los elementos encargados de solucionarlo; la incompetencia de los gestores y el pánico de quienes tienen que negociar, al ver que pasan los días y no consiguen avanzar en sus negociaciones. A todo ello deberíamos añadir la absoluta carencia de valor político, a la hora de adoptar soluciones que, pueden ser arriesgadas y peligrosas, pero que, en un contexto en el que está en juego el prestigio de la nación y la eficacia de nuestras fuerzas armadas, hay un momento en que el permanecer parados y maniatados ante aquellos que pretenden humillarnos y nos chantajean es, sin duda, la peor solución para una nación que pretende tener la consideración de país influyente en el ámbito de la CE.

El Playa de Bakio, el Alakrana y ahora los tres catalanes secuestrados en Mauritania, todo ello en unos pocos meses, nos pueden inducir a pensar que la evidente debilidad de nuestro Gobierno; el nerviosismo que en estos casos se apodera del Ejecutivo; la nula reacción de nuestros cuerpos de seguridad de élite y la impunidad que se les concede a los secuestradores para que puedan huir ( tanto en el caso del Playa de Bakio como en el del Alacrán se dieron órdenes estrictas a nuestro ejército que no actuara cuando los piratas huían) sin que se los detenga o se les siga a sus cubiles para capturarlos; es algo sobre lo que, los ciudadanos, aún que pretendan amordazarnos, no podemos tolerar. Todavía no sabemos de dónde se sacaron los millones para el rescate del Alakrana y, por supuesto, no nos vamos a creer, después de que se nos haya engañado tan a menudo, lo que la señora vicepresidenta De la Vega nos ha querido vender o sea “que España no ha pagado a los piratas ni un solo euro”, pues quién será si no.

Ya es hora que se dejen de monsergas, que reconozcan que no atinan cuando se ven en apuros, como no han atinado en tomar las medidas adecuadas para sacarnos de la crisis y no han atinado en temas de tanta enjundia para el pueblo español como es el órdago de Catalunya al TC en el tema del Estatut catalán. Van dando bandazos y cuando no meten la pata en un tema lo hacen en otro, dejando abiertos frentes de confrontación por todas partes, mientras España va de mal en peor. Veamos, si no, lo que está sucediendo con el paro que continúa en alza, habiendo ya alcanzado la cota del 19’3% a pesar de los millones despilfarrados por el Gobierno para intentar disimularlo. Lo peor es que, si se confirma que el secuestro de los cooperantes es cosa de los terroristas de Al Qaeda, ya entramos en un terreno distinto, en el que el dinero no interviene y, las contraprestaciones que se le pueden exigir al Gobierno español, pueden tener la virtud de enfrentarlo al Estado de Derecho, si es que los secuestradores piensan pedir un canje de rehenes por prisioneros mahometanos que cumplan condenas por delitos de terrorismo en cárceles españolas.

Ahora se trata de unos secuestrados, mañana será otra vez el tema del aborto y pasado mañana hablaremos, seguramente, de la eutanasia o del Estatut catalán; y mientras nos perdemos en temas marginales, por importantes y dramáticos que puedan parecer, seguimos a la cola de Europa y ZP continúa confiando en que se produzca un milagro, laico eso sí, que saque a España del pozo en el que él mismo y su equipo de peloteros la han metido. No quieren centrase en sacar a España de la recesión y ¡así estamos!

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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