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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Creación de empleo por la vía más difícil

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
jueves, 3 de diciembre de 2009, 04:23 h (CET)
WASHINGTON – Hay que estar aislado casi por completo del resto del mundo para no conocer a alguien que ha sido despedido, obligado a jubilarse anticipadamente o que – recién entrado al mercado laboral – no puede encontrar un empleo. La tasa de paro del 10,2% sigue estando por debajo del máximo post-Segunda Guerra Mundial del 10,8% a finales de 1982, pero a juzgar por los demás indicadores, la situación del empleo es la peor desde la Gran Depresión. Más de la tercera parte de los parados llevan sin trabajar más de seis meses, un récord de postguerra. Si se contabiliza a aquellos que en contra de su voluntad han aceptado un empleo a tiempo parcial y a aquellos a los que les gustaría tener empleo pero han dejado de buscar, la tasa “de desempleo” se sitúa en el 17,5%, otro máximo de posguerra.

La “reunión de empleo” convocada en la Casa Blanca esta semana va a intentar reactivar la creación de empleo, pero será un auténtico trago. La creación de puestos de trabajo es fundamentalmente un mecanismo del sector privado, y el sector privado de la economía está sufriendo un retroceso generalizado fruto del gasto impulsado por el crédito. Mark Zandi, de Moody's Economy.com, presenta esta sorprendente cifra: desde la pasada primavera, la cifra de tarjetas de crédito en circulación ha descendido bruscamente 100 millones, alrededor del 25%. Las entidades bancarias están endureciendo los requisitos para acceder a las tarjetas (en parte como reacción a la nueva legislación que regula la emisión de tarjetas nuevas diseñada para proteger a los prestatarios de las subidas de los tipos), y los consumidores están cancelando las tarjetas.

Mientras tanto, los edificios de oficinas vacíos, los comercios en las últimas y las fábricas produciendo a un rendimiento inferior al normal han deprimido los niveles de inversión empresarial. Durante el tercer trimestre, la inversión se dejó un 20% con respecto a su máximo de 2008. A pesar del monstruoso déficit presupuestario federal, la deuda total de la economía descendió durante la primera mitad del año; nunca ha habido constancia de esto desde que se empezaron a recoger estadísticas en 1952.

Las empresas contratan principalmente cuando perciben una mayor demanda de sus productos y están seguras de que la plantilla extra va a generar mayores beneficios. El mayor número de puestos de trabajo eleva entonces la confianza y la demanda. Pero por ahora, la lógica juega en contra. Con el fin de devolver la rentabilidad a su negocio, las empresas están despidiendo trabajadores y el pesimismo resultante erosiona la confianza y el consumo. Más allá de la pérdida de 12 billones de dólares en valor neto de los hogares, reflejo sobre todo de una Bolsa y de un patrimonio en horas bajas, los estadounidenses están ahorrando más con el fin de protegerse del desempleo, las horas extra perdidas o las bajadas salariales.

La buena noticia es que las malas noticias podrían estar tocando techo. El excedente de los inventarios está descendiendo; los nuevos pedidos estimularán la producción. Existe una demanda acumulada de automóviles y electrodomésticos. El arrasado mercado inmobiliario está mostrando signos de recuperación – hay más ventas y los precios son más estables. Las solicitudes iniciales de la prestación por desempleo han descendido, al igual que la pérdida mensual de empleos (desde los 700.000 mensuales a principios del año hasta alrededor de 200.000 hace poco). El beneficio corporativo se ha recuperado de los mínimos, aliviando la presión de los expedientes de regulación.

¿Absorberá rápidamente el crecimiento económico los 8 millones de empleos perdidos y los alrededor de 1,5 millones de trabajadores que se incorporan al mercado laboral cada año – o hace falta algo más? El Instituto de Legislación Económica, un laboratorio de ideas de izquierdas, propone un programa de ayudas a los gobiernos estatales y locales de 400.000 millones de dólares, ampliación de la prestación por desempleo, nuevos puestos de trabajo “de servicio público” y una deducción fiscal temporal destinada a las empresas que realicen contratos. La entidad afirma que su programa crearía por lo menos 4,6 millones de empleos en su primer año de implantación.

Hasta suponiendo que parte de estos empleos sean “empleos salvados” (expedientes de regulación que no llegan a abrirse), sigue pareciendo una cifra demasiado elevada. El primer paquete de estímulo Obama fue mayor y, aunque las estimaciones difieren, parece apuntalar una cifra más reducida de empleos. Zandi propone un programa de 230.000 millones de dólares – incluyendo también una deducción fiscal, la ampliación de la prestación y ayudas a los gobiernos estatales – que proyecta sumaría 1,7 millones de empleos hacia mediados de 2011. Aún así, la tasa de paro seguiría rondando el 10%, dice Zandi; la recuperación sería paulatina y muchos trabajadores desalentados volverían a acceder al mercado laboral.

A corto plazo, Zandi no se preocupa del impacto sobre el déficit presupuestario federal, porque el endeudamiento de los consumidores y las empresas es muy débil. Pero la percepción de que la administración va a tolerar, a pesar de la retórica en sentido contrario, la permanencia de enormes déficits podría acabar por poner nerviosos a los inversores y conducir a sustanciales subidas contraproducentes de los tipos de interés. Los programas públicos de creación de empleo demasiado agresivos revisten riesgos que sólo pueden ser contenidos mediante el endeudamiento o los impuestos.

Obama no puede ser culpado con justicia de la mayor parte de los despidos, que se derivan de una crisis anterior a su elección. Pero él ha contribuido a agravar una situación ciertamente pésima. Su reticencia a impulsar acuerdos comerciales (con Colombia y Corea del Sur principalmente) ha perjudicado a la exportación. La hostilidad a la prospección de petróleo y gas penaliza una de las fuentes de inversión nacional. Lo que es más importante, la decisión de impulsar el trámite de las propuestas polémicas (la sanidad, el cambio climático) estaba destinada a elevar la incertidumbre y socavar la confianza. Algunas empresas están posponiendo los proyectos de inversión "hasta que haya más seguridad", observa Zandi. Otras se ven disuadidas por la retórica anti-empresas.

El vigor de la recuperación determinará si el índice de paro desciende rápidamente o se resiste a abandonar valores altos, y el vigor de la recuperación depende fuertemente del sector privado. Obama se resiste a reconocer los conflictos entre sus objetivos. Se tomaron decisiones – y el empleo no siempre fue la principal prioridad.

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