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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

El voluntariado como cátedra de amor

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
jueves, 3 de diciembre de 2009, 04:21 h (CET)
Me gustan las gentes que de manera silenciosa, por decisión propia y libre, toman como actitud de vida acciones de solidaridad y la opción valiente de injertar un rostro humano ante el huracán de rastros deshumanizadores. “Voluntarios por nuestro planeta” son los últimos quijotes en un mundo creciente de inseguridades. Ante ellos uno se quita el sombrero. Hablo de aquellos que, desinteresadamente, salen al encuentro de todo ser humano, con la única intención de acoger y acompañar a los desvalidos, movidos por una cultura inclusiva, tremendamente respetuosa con las diferencias. Tal y como está el patio en el que nos movemos, pienso que es urgente aumentar las plantaciones de mano tendida frente a tanta mano excluyente. Lo de poner de moda el cultivo del corazón no es baladí, en un planeta descorazonado. Está más que justificado, pues, intervenir en la liberación ciudadana presa de tantos poderes corruptos.

Todos los ciudadanos del mundo deben abrirse a la humanidad del mundo, a las necesidades de toda persona. El altruismo al poder. La solidaridad como deber. La calidad de vida hay que sostenerla como calidad humana. El espíritu de servicio como misión de todos para con todos. Somos tan precisos como necesarios. Y es de justicia esperar unos a otros para avanzar unidos. No olvidemos que hasta en el universo la unidad es ley que todo lo mueve y conmueve. Así el amor es la unidad que da fuego a todos los hielos que nos circundan, medicina que nos cambia por dentro y por fuera. No en vano, el voluntario, que lo es de corazón y vida, siente un gozo indescriptible, que va más allá de la donación de sí a los demás.

La cátedra del voluntariado hay que extenderla, ya no sólo porque representa un factor de crecimiento y civilización, sino también por lo que es, una escuela de humanidad. Nosotros mismos a veces somos nuestro peor enemigo. El amor al prójimo no se puede delegar en nadie, requiere siempre un compromiso de la persona con la otra persona, con el mundo entero. Desde luego, si queremos darle un sentido solidario a esta vida, demos consistencia al abecedario global de la dignidad humana. Sin duda, más vale estar un minuto de pie que toda una existencia de rodillas. Sólo la colaboración activa y voluntaria de personas puede hacer realidad nuestra lealtad y obligación de cuidado y protección para con las especies y el planeta. A todos nos conviene, por consiguiente, romper el silencio y rehacer vínculos humanos.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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