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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El TC punto de mira de ZP y separatistas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 3 de diciembre de 2009, 04:12 h (CET)
Cuando el señor Rodríguez Zapatero se pone serio y pide prudencia es que el tema sobre aquel que se le pide su opinión, le resulta poco grato, incómodo o piensa que, de algún modo, puede repercutir en su credibilidad, autoridad, buena imagen o perspectivas electorales. Sin embargo, algo está sucediendo en la Moncloa que ha impulsado a nuestro Presidente a tomar una decisión que, para algunos, entre los que me cuento, pudiera parecer arriesgada, poco prudente y extraña, por no ser un comportamiento habitual en él. Sin duda, si es que no le conociéramos, podríamos pensar que entraña un cierto peligro para la percepción que el pueblo español tiene de su famoso “talante”. Una entrevista concedida a la Sexta no podemos considerarla algo anormal, puesto que de todos es sabido el control que el gobierno socialista ejerce sobre todas las cadenas de televisión y la pleitesía que los directivos de los medios le rinden al señor ZP, que se desenvuelve en ellas como Pedro por su casa; no obstante, en esta ocasión, deberemos reconocer que, el señor ZP, se ha tirado a la piscina, es decir se ha “mojado” en un tema que todos sabemos que es delicado cuando, como ha hecho el señor Zapatero, se toma decidido partido por alguna de las posiciones que se pueden dar en cuanto a si, el Estatut catalán, es o no, en todo o en parte, constitucional. Claro que es muy posible que ZP tenga fuentes de información de primera mano, de las que el resto de ciudadanos carecemos y conozca, de buena tinta, lo que se está cociendo, después de tres años de dormir el sueño de los justos los recursos presentados por el PP, el Defensor del Pueblo y algunas autonomías, en el seno mismo del Tribunal Constitucional a pocas fechas – esa es la sensación que se tiene sobre ello – de que, por fin, se de a conocer la tan ansiada sentencia sobre el Estatut.

Lo que si podemos asegurar es que han resultado poco oportunas, extemporáneas y claramente encaminadas a darles un tirón de orejas a los magistrados del Constitucional, por si es que alguno de ellos aún tuviera la menor duda sobre qué es lo que se quiere que salga de tan alto tribunal sobre tan espinoso asunto. En efecto, todo se podrá opinar de lo que el señor ZP ha dicho en la entrevista que le ha hecho la periodista Mamem Mendizábal, pero de lo que nadie podrá desmentir es que nuestro Presidente ha dejado bien claro lo que quiere que sea la comunidad catalana – “España necesita una Catalunya fuerte”– para la que, si nos atenemos a la defensa que ha hecho de la legalidad del Estatuto, admitiendo, incluso, que él había participado en su redacción, y la manera en que lo impulsó cuando parecía que los partidos catalanes flojeaban ante la reacción de la mayor parte de España, respecto a los excesivos privilegios y autogobierno que se les otorgaba a los nacionalistas catalanes; llamando a consultas al señor Mas de CIU para darle su apoyo y pedirle que no cejaran en su empeño de defender el nuevo Estatut. Evidentemente que el señor ZP ha puesto sobre la mesa un tema que no se había atrevido a afrontar, al menos, con tanta claridad: el hecho de que admite que Catalunya pueda asumir una postura de nación unida a España por lazos federales, algo parecido a lo que tenía proyectado para Euskadi, pero que, la excesiva ambición de la banda ETA, acabó por dar al traste con ello.

Si los miembros del Constitucional estaban sometidos a la presión de los partido políticos, si mantenían importantes discrepancias de puntos de vista dentro del mismo tribunal y si la presión nacionalista, mayoritariamente impulsada por la prensa catalana (convenientemente engrasada por el Gobern con una sustanciosa ayuda económica para el 2010); no les faltaba más que, para acabar con la poca cordura que quedara en las deliberaciones sobre la legalidad o ilegalidad de la ley Orgánica que definió el famoso Estatut, el señor Zapatero les diera la puntilla final, afirmando que es completamente constitucional y repitiendo, varias veces, que él esperaba “una gran sentencia del TC”; con lo cual sólo le faltaba apostillar que, aquel que no siguiera por la vía que él señalaba se preparase a asumir las consecuencias de sus actos. Si la señora vicepresidenta del gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega, ya amonestó, públicamente y sin ningún miramiento, a la presidenta del TC, señora Mª Emilia Casas, por su forma de llevar el tema y por haber consentido que fuera excluido de las deliberaciones al magistrado Gómez Tremp; no nos debería llamar la atención el que, el señor Zapatero, ante la remota posibilidad de que el TC se desmandara y tuviera la tentación de desobedecer al Gobierno, en una materia de tanta trascendencia política y que tanto nos preocupa a los españoles – especialmente a los españoles que vivimos en Catalunya, que nos vemos obligados a tragar quina al no poder comportarnos como tales, sin exponernos a ser tratados a baqueta por los extremistas nacionalistas, como si fuéramos extranjeros en tierra nacional –,haya querido dejar clara la postura de su Ejecutivo cuando ya se está perfilando un fin para tan laboriosa tarea del Alto tribunal.

En todo caso, señores, nos encontramos ante el mayor órdago del Gobierno de un país, supuestamente democrático, en contra de la independencia del poder judicial y del Estado de Derecho, en el que se pone en cuestión la propia supervivencia del Estado y el modelo de país que nos planteamos los españoles cuando votamos la C onstitución de 1978.La ley que ha aprobado el Estatuto catalán es la primera que intenta socavar la propia base de nuestro sistema jurídico y, a la vez, una bomba de relojería situada debajo de nuestro entramado constitucional. El hecho insólito de que el señor Rodríguez Zapatero se haya aliado con las fuerzas separatistas catalanas y, juntamente con el señor Montilla, se haya lanzado al monte de la desmembración de España, no tiene otra lectura que, lo que se propone el señor Zapatero, es llevarnos a un cambio radical de modelo de Estado, probablemente basado en alguno de los que parece ser que se están gestando al otro lado del Atlántico, basados en un el absolutismo a ultranza que nos hace recordar los regímenes totalitarios de otras épocas de infausta memoria, en los que muchos ciudadanos crédulos y bien intencionados pagaron con sus vidas haberse creído en las utopías que el comunismo stalinista les había prometido.

Causa repeluznos ver a un señor Montilla, un sujeto sin preparación académica alguna, irse a Madrid a dar una conferencia en defensa de la legalidad del Estatuto catalán, esgrimiendo argumentos de nula consistencia jurídica; empleando el lenguaje político para intentar desvirtuar preceptos legales y utilizando, para disimular la temeridad del necio, palabras y conceptos ampulosos con los que ha pretendido suplantar a los entendidos en la materia como si, quienes lo escucharan, no fueran capaces de distinguir a un monigote de un profesional bien documentado. Sólo un patán al que, su misma ignorancia, le permite creerse un personaje importante, podría tener la desfachatez de pretender camelar a los españoles con palabras vacuas, argumentos poco sólidos y tratando de un tema para el que está totalmente incapacitado, y es que conviene saber que este señor llegó al puesto que ocupa no por méritos propios, sino reptando por los mentideros del PSC de Cornellá con lo que ha conseguido enriquecerse y colocar a su esposa en los 14 cargos que desempeña en Catalunya. Ahora, para no perder la mamandurria, está dispuesto a entregar España en manos del separatismo catalán. ¡Ah!, y por si no tuviéramos bastante, hete aquí a nuestro inconmovible señor Rajoy, que no quiere enterase de nada; ya se olvidó de los 4 millones de firmas que consiguió para oponerse al Estatut, y ahora, prefiere no significarse no fuere que perdieraa algún voto en Catalunya ¡los hay ilusos!. Es algo nauseabundo, créanme.

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