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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Honduras; fin de la crisis

Sergio Brosa
Sergio Brosa
miércoles, 2 de diciembre de 2009, 07:48 h (CET)
Se celebraron las elecciones generales en Honduras el pasado domingo y al decir de algún corresponsal de la prensa española que semanas anteriores prácticamente sólo tenía ojos y oídos para Zelaya en su encierro voluntario en la embajada de Brasil, los comicios se han celebrado más como si de Suiza se tratara que de Afganistán, como había pronosticado el depuesto Mel Zelaya.

Al parecer, la participación ciudadana en el proceso electoral, en contra de la abstención apremiada por Zelaya, ha sido superior a la de 2005 en la que salió elegido presidente el propio Zelaya. La cual cosa confirma el deseo de los hondureños de acabar con la crisis y dejar manifiesto que la inmensa mayoría está en contra de lo que tramó Zelaya para constituirse en presidente vitalicio, lo que le llevó a ser destituido por el Congreso Nacional, no en un acto de golpe de estado sino en aplicación de la Constitución que establece que ni el presidente de la república ni los diputados pueden optar a la reelección de sus cargos; menos aún ser vitalicios.

Se pregunta uno qué clase de golpe de estado es el que celebra las elecciones según el mandato del Tribunal Supremo Electoral, institución autónoma e independiente con jurisdicción y competencia en todo el país, encargado por la Constitución de acuerdo con su artículo 51 de todo lo relacionado con los actos y procedimientos electorales.

En efecto, en su Acuerdo Nº 013-2009 de 28 de mayo, publicado al día siguiente en La Gaceta, diario oficial de Honduras, el Tribunal Supremo Electoral, a tenor de lo que establece el artículo 169 de la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas, por el que las Elecciones Generales deben realizarse el último domingo de noviembre del año anterior a aquel en que finaliza el período constitucional, a los efectos el 29 de noviembre de 2009, las convoca.

Por lo que el Tribunal Supremo Electoral convocó el 28 de mayo de 2009 a la ciudadanía hondureña a las Elecciones Generales para elegir Presidente y 3 Designadas o Designados a la Presidencia de la República; 20 Diputadas Y Diputados Propietarios [titulares] al Parlamento Centroamericano y sus respectivos suplentes; 128 Diputadas y Diputados Propietarios y sus respectivos suplentes para integrar el Congreso Nacional y a los miembros de las 298 Corporaciones Municipales del país.

Manuel Zelaya, a la sazón Presidente electo de la República, se había empecinado en convocar un plebiscito para el 28 de junio, por el que se postulaba como presidente vitalicio a lo Hugo Chávez y con su soporte, contrariamente a lo que establece la Constitución; razón por la que finalmente fue destituido en esa fecha por el Congreso Nacional. Y de acuerdo con la misma Constitución, ocupó la Presidencia Roberto Micheletti Baín, entonces Presidente del Congreso, del propio partido de Zelaya, el Liberal (PLH) como explicamos en esta sección el pasado 31 de agosto.

Hasta la celebración de las elecciones el pasado domingo, todo el proceso electoral ha sido respetado escrupulosamente por el gobierno de facto.

Su actuación ha sido finalmente reconocida por los EEUU y la Casa Blanca ha hecho público que reconocerán los resultados electorales. Al igual que Francia y Alemania y otros en Europa. Como también Panamá, Costa Rica, Colombia y Perú.

No deja de sorprender el Presidente de Ecuador, Rafael Correa cuando afirma que “no puede validarse lo del pasado domingo en Honduras [las Elecciones Generales] porque sería un precedente funesto, porque mañana, cualquier aventurero daría un golpe de estado, en dos o tres meses llama a elecciones y no pasó absolutamente nada.” Desconociendo, queremos creer, que la convocatoria fue hecha en forma constitucional y muy anterior a la crisis del 28 de junio.

España sigue tocando el violón al son que marca Zapatero; tal vez porque no sabe que Obama reconoce el resultado. Decisión esta protestada por Mel Zelaya en carta de fecha 14 de noviembre con membrete de la Presidencia de la República, al propio Barack Obama, en la que le afea el cambio de decisión de los EEUU al respecto de la situación política en Honduras.

España tiene mucha mayor dependencia económica de Brasil y Venezuela que siguen prestando soporte al depuesto Manuel Zelaya.

En cualquier caso, Porfirio Lobo Sosa, líder del Partido Nacional, obtiene una amplia mayoría absoluta con un 56% de los votos emitidos. Su inmediato seguidor, Elvin Santos, del Partido Liberal, el de Zelaya y Micheletti, obtiene el 38% de los votos.

Supervisaron las elecciones 300 observadores internacionales; entre ellos, los ex presidentes Armando Calderón de El Salvador y Jorge Quiroga de Bolivia y el ex embajador de Estados Unidos en Honduras James Creagan.

Se habían acreditado además, 130 periodistas de todo el mundo.

Las hondureñas y los hondureños se han manifestado democráticamente en la fecha convocada con anterioridad y constitucionalmente y han dado su confianza al partido conservador, de la misma forma que en 2005 se la dieron al Liberal. Es la alternancia en el Gobierno que demuestra palpablemente y sin lugar a las dudas que nunca hubo un golpe de estado para derrocar a Zelaya y hacerse con el poder en Honduras, pues el pueblo se lo ha dado al partido opositor de Zelaya y Micheletti; el primero que quiso perpetuarse en la presidencia y el segundo que tuvo que hacerse con las riendas del gobierno al ser destituido Zelaya por el Congreso Nacional.

Lo que ahora toca es que la comunidad internacional deje de interferir en los asuntos internos de Honduras y se ocupe, en todo caso de cooperar con el país y ayudarle a olvidar cuanto antes la crisis provocada por un visionario que se creyó llamado a emular en Centroamérica a Fidel Castro y Hugo Chávez.

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