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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Protejamos la inocencia de los niños

Carmen Fernández Dapena
Redacción
martes, 1 de diciembre de 2009, 04:31 h (CET)
Esta tarde mi sobrina de 10 años ha llegado del colegio con una camiseta roja y una mochila llena de folletos y libretas. Se ha ido de excursión al Área de Salud Pública de la Comunidad Madrid.

Les han puesto una película de dibujos dónde un pequeño personaje alargado, sonriente y de color amarillo, les ha contado un montón de “hábitos” para cuidar la salud. Aparentemente nada preocupante si no fuera porque el protagonista de esta historia en cuestión era un preservativo, cuya figura estaba estampada en todos los regalos que les han hecho. Así se han paseado por la ciudad y por el colegio.

Me sorprenden los ojos limpios de los niños, cuando al preguntarles, después de la sesión, quien era ese curioso personaje que les ha dado consejos, llegan a la conclusión que era una PERA. Bendita inocencia que todavía se alberga en el corazón puro de los pequeños. Gracias a Dios no pueden ver la distorsión que nosotros hacemos de la sexualidad, porque ellos necesitan que se le hable de amor, no de sexo.

Esta es la realidad con la que nos encontramos cada día. Mientras, las cabeceras de los periódicos hablan de cómo la ministra de Sanidad, Trinidad Jimenez, dice que “quiere llevar la educación sexual a los colegios”, los niños acuden en horario escolar a las Áreas de “salud” de la Comunidad de Madrid.

Me pregunto qué tendrán en la cabeza nuestros políticos, ya sean del Gobierno o de la Oposición, me da igual. Las familias no pueden pagar las hipotecas mientras que el dinero público se emplea en pervertir las cabezas de unos niños indefensos. A veces pienso que la clase política ha perdido el sentido común y la capacidad para regir. No sé si se habrán enterado a estas altura de la película que vivimos en un estado de derecho, de supuesta democracia, donde nadie tiene derecho a imponer su concepto de educación sexual, totalitarismo fascista, grosero además de maleducado.

Quisiera pedir a todos, a los padres, a los profesores, a los abuelos, a las personas sensatas que, mientras la clase política está jugando a pasarse la pelota, los ciudadanos de la calle, nos despertemos de la pasividad, que debemos hacer algo. Podemos hacer mucho: Defender el derecho a enseñar a nuestros hijos la sexualidad, en privado, con cariño, con delicadeza, según su madurez. Y podemos apoyar a muchas instituciones que trabajan duro por defender al menor y a la familia. Nuestro esfuerzo importa. Cada niño importa.

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