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Etiquetas:   Carta al director  

El fenómeno de las deportaciones de EEUU a México

Alberto Vázquez Loaiza (México)
Redacción
martes, 1 de diciembre de 2009, 04:29 h (CET)
En los últimos años de la administración Bush las redadas para atrapar migrantes indocumentados y deportarlos hacia su país de origen aumentaron tanto en número como en variedad de estrategias. A partir de entonces, los trabajadores migrantes no sólo corrían el riesgo de ser sorprendidos por la policía migratoria en sus lugares de trabajo, también debían cuidarse al caminar por calles, centros comerciales o al llevar a sus hijos a la parada del autobús escolar pues los oficiales encargados de llevar a cabo las redadas habían encontrado puntos y horas clave para el tránsito de ilegales y atacaban en momentos precisos para maximizar el número de capturados.

A principios de este año, con la llegada de Barack Obama a la presidencia estadounidense, se esperaba un cambio por lo menos en las políticas de deportaciones, sin embargo tal cambio – como muchos otros prometidos por el nuevo mandatario – sigue sin suceder.

Las deportaciones resultan un doble discurso político bastante efectivo que por una lado demuestra a los sectores conservadores de Estados Unidos que su gobierno está luchando contra la así llamad migración ilegal y por otro lado permite que el número necesario de trabajadores indocumentados permanezca en el país y mantenga estable la economía estadounidense.

Lo realmente preocupante en este juego político es que comienza a separar familias y a dejar menores de edad desprotegidos en ambos lados de la frontera. La increíble cantidad de migrantes que ingresan diariamente a Estados Unidos es más que conocida ya; lo que pocas veces se dice es que entre estos hay una considerable cantidad de menores que cruzan la frontera en compañía de alguno de sus padres o incluso completamente solos. El primer abuso a estos menores sucede cuando las autoridades fronterizas atrapan a familias enteras pero deciden separar a padres e hijos y deportarlos a distintas ciudades de México para dificultar que vuelvan a reunirse e intenten cruzar la frontera nuevamente.

El menor separado de su familia y a punto de ser deportado queda abandonado por las autoridades mexicanas y estadounidenses quienes dicen encargarse de dar un trato digno a los migrantes deportados, a pesar de las pruebas que indican la enorme cantidad de derechos humanos que se violan al enviar y recibir de regreso a un indocumentado. Los riesgos de salud y seguridad que el menor enfrenta al ser deportado son enormes y las dificultades para que este se encuentre con su familia en un futuro cercano son terriblemente remotas.

Por otro lado, el número de menores abandonados en Estados Unidos porque los padres son capturados en redadas y deportados sin que se les permita tener contacto con sus familias es cada vez más preocupante. Se calcula que en Estados Unidos viven cerca de tres millones de menores hijos de migrantes indocumentados; dos millones están ahí ilegalmente y un millón nació en territorio estadounidense y es considerado ya ciudadano americano. Todos estos niños están expuestos a perder de un día para otro a sus padres y quedar desprotegidos en un país que se niega a respetar sus lazos familiares.

¿Cómo crecerá un hijo de migrantes deportados que quedó completamente abandonado en Estados Unidos? Dejando a un lado los factores necesarios para la supervivencia como conseguir comida, servicios básicos y atención médica necesaria para su desarrollo físico, imaginemos el daño que se provocará en esta generación de infantes que crecerá sin figuras paternas y/o maternas, sin concepto alguno de familia y sin siquiera la guía adecuada para un desarrollo íntegro como personas. ¿Qué futuro pueden esperar estos niños?

Todas estas preguntas – y muchas otras que deberán surgir sobre estos casos – son completamente ignoradas por los gobiernos mexicanos y estadounidenses quienes parecen preferir los juegos políticos y el bienestar económico al bienestar y la integridad de sus ciudadanos.

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