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Etiquetas:   La linterna de diógenes   -   Sección:   Opinión

¿Cambio climático?

Luis del Palacio
Luis del Palacio
martes, 1 de diciembre de 2009, 03:26 h (CET)
Mucho se habla y se escribe últimamente sobre las posibles causas del llamado “cambio climático” y de sus consecuencias nefastas para el planeta a medio y largo plazo. Hay quienes, como reacción a esa especie de credo que tratan de imponernos los ecologistas, lo niegan y buscan argumentos para ridiculizar a aquellos que lo defienden. La verdad es que resulta muy difícil distinguir el grano de la paja entre tanta declaración en uno y otro sentido: para ello no sólo habría que ser científico, sino además estar especializado en esa materia en concreto. Todo lo demás es huera especulación.

En esencia las tesis de los defensores y detractores de la ominosa teoría pueden resumirse así:

Los primeros afirman que el ser humano es capaz, a través de una emisión descontrolada de CO2, producto de sus actividades industriales, de elevar la temperatura del planeta, hecho que contribuye a crear el llamado “efecto invernadero”. Se provoca así una reacción en cadena que a la larga desembocará, según ellos, en una situación de inevitable cataclismo. La teoría parece contar con unas bases científicas bastante sólidas –análisis del espectro de gases y verificación del debilitamiento de la capa de ozono, comprobación del aumento de ciertos metales pesados en la atmósfera y de la reducción paulatina de los casquetes polares y de los glaciares etc.- aunque hasta el momento, y por mucho que se empeñen ciertos políticos, no haya superado el campo de la mera especulación científica.

El argumento –casi el único- que esgrimen los que se muestran reacios a admitir la teoría del cambio climático, se fundamenta en una cuestión estadística: no parece haber datos suficientes para afirmarla, ya que la comprobación sistemática y relativamente fiable de la temperatura y otros parámetros medioambientales en determinadas zonas del planeta se realiza desde hace no mucho más de cien años y, por lo tanto, no puede excluirse que en otras épocas la naturaleza se haya comportado de forma análoga, sin que ello condujera a una catástrofe ecológica.

Cada cual es libre de apuntarse a cualquiera de las tesis; aunque a este columnista le convenzan más los argumentos de los más pesimistas. El sentido común sugiere que toda la basura que arrojamos a la naturaleza ha aumentado en progresión geométrica desde la revolución industrial, y es muy dudoso que tenga capacidad para absorberla.

En este ambiente de cumbres y conferencias que no sirven para nada se encuadra la que próximamente va celebrarse en Copenhague. En la de Kyoto (1997) se establecieron acuerdos y protocolos que algunos países se negaron a firmar (EEUU) y muchos otros (como España) incumplieron. A la vista del escaso compromiso con la causa del presidente Obama, quien ha declarado que su país, uno de los que más contaminan, sólo reducirá un ridículo 17% de las emisiones de CO2 en un plazo de diez años (!), ya podemos intuir lo que dará de sí esta nueva ceremonia de la hipocresía.

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