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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Periodismo emocional

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
lunes, 30 de noviembre de 2009, 05:29 h (CET)
Dejarse llevar por el corazón o alguna otra víscera, en periodismo y en política, no ayuda al rigor ni al acierto. Si, además, se hace desde el prejuicio, incluso bien intencionado, se contribuye al confusionismo y se elienta la crispación. Es lo que ha ocurrido estos dias a propósito del discutido “editorial conjunto”, supuestamente a favor del Estatut y claramente en contra del Tribunal Constitucional, que ha de emitir sentencia sobre su constitucionalidad. Y ha ocurrido tanto en el lado de los favorables a este “editorial” como en el de los contrarios.

Corazón y prejucios son malos consejeros en periodismo y en política.Suelen cegar los ojos de la necesaria racionalidad.Una cosa es sensibilidad ante los problemas, otra es sensibleria o sentimentalismo. Una cosa es pluralidad de ideas y de planteamientos, y otra enroque en posturas partidistas o sectarias. En política estamos acostumbrados a esto; incluso, por su propia naturaleza, resulta dificil a veces distiguir entre política y partidismo.

Periodismo es otra cosa. La información busca la objetividad, la opinión se basa en el análisis desapasionado de los hechos. El periodismo emocional –dictado por los sentimientos o los prejuicios- es un falso periodismo. En el mejor de los casos es propaganda o política partidaria. Si se quiere defender una causa hay que hacerlo con rigor y honestidad, y si se quiere ir en contra también hay que proceder honestamente y rigurosamente.

Por mucho que se repita –aunque sea en varios diarios- que un Estatuto es constitucional lo sera más de lo que es. Y por mucho que se clame que no lo es, lo sera menos. Y por más que se intente desprestigiar y presionar o proteger y arropar al Alto Tribunal que está legitimado para derimir esta questión, su sentencia será legalmente menos inapelable –y acatable- aunque sea discutible. Sea lo que sea su decisión. Estas son las reglas de juego, aunque a algunos no nos gusten. La democracia no es questión de gustos, se concreta en el Estado de derecho. Y este ha de sustentarse en la racionalidad, no en las emociones y apriorismos.

Y las sentencias de los tribunales han de fundamentarse en los argumentos jurídicos, no en el número de periódicos que fotocopian una misma legítima tesis y en las adhesiones que reciban, ni en las discrepancias más o menos razonadas y el griterío de quienes estan en contra.

En torno a este “editorial conjunto”, que algunos medios y sectors estan capitalizando más que otros, y cuya inspiración y gestación seria bueno aclarar, se está produciendo mucho periodismo emocional; es decir, mal periodismo.

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