Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   Artículo opinión  

Periodismo emocional

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
lunes, 30 de noviembre de 2009, 05:29 h (CET)
Dejarse llevar por el corazón o alguna otra víscera, en periodismo y en política, no ayuda al rigor ni al acierto. Si, además, se hace desde el prejuicio, incluso bien intencionado, se contribuye al confusionismo y se elienta la crispación. Es lo que ha ocurrido estos dias a propósito del discutido “editorial conjunto”, supuestamente a favor del Estatut y claramente en contra del Tribunal Constitucional, que ha de emitir sentencia sobre su constitucionalidad. Y ha ocurrido tanto en el lado de los favorables a este “editorial” como en el de los contrarios.

Corazón y prejucios son malos consejeros en periodismo y en política.Suelen cegar los ojos de la necesaria racionalidad.Una cosa es sensibilidad ante los problemas, otra es sensibleria o sentimentalismo. Una cosa es pluralidad de ideas y de planteamientos, y otra enroque en posturas partidistas o sectarias. En política estamos acostumbrados a esto; incluso, por su propia naturaleza, resulta dificil a veces distiguir entre política y partidismo.

Periodismo es otra cosa. La información busca la objetividad, la opinión se basa en el análisis desapasionado de los hechos. El periodismo emocional –dictado por los sentimientos o los prejuicios- es un falso periodismo. En el mejor de los casos es propaganda o política partidaria. Si se quiere defender una causa hay que hacerlo con rigor y honestidad, y si se quiere ir en contra también hay que proceder honestamente y rigurosamente.

Por mucho que se repita –aunque sea en varios diarios- que un Estatuto es constitucional lo sera más de lo que es. Y por mucho que se clame que no lo es, lo sera menos. Y por más que se intente desprestigiar y presionar o proteger y arropar al Alto Tribunal que está legitimado para derimir esta questión, su sentencia será legalmente menos inapelable –y acatable- aunque sea discutible. Sea lo que sea su decisión. Estas son las reglas de juego, aunque a algunos no nos gusten. La democracia no es questión de gustos, se concreta en el Estado de derecho. Y este ha de sustentarse en la racionalidad, no en las emociones y apriorismos.

Y las sentencias de los tribunales han de fundamentarse en los argumentos jurídicos, no en el número de periódicos que fotocopian una misma legítima tesis y en las adhesiones que reciban, ni en las discrepancias más o menos razonadas y el griterío de quienes estan en contra.

En torno a este “editorial conjunto”, que algunos medios y sectors estan capitalizando más que otros, y cuya inspiración y gestación seria bueno aclarar, se está produciendo mucho periodismo emocional; es decir, mal periodismo.

Noticias relacionadas

​Mariano Llano y la Guerra del Chaco que nos ocultaron

Acrobáticos esfuerzos se han hecho para negar la participación de intereses empresariales en una guerra sudamericana importada desde Wall Street

Cercanía, clave para la educación través del ejemplo

La educación a través del ejemplo es eminentemente ética

​Desocupación en la era del “Capitalismo irónico”

“Tenemos que visualizar que el capitalismo puede generar múltiples tipos de desocupados: los “latentes”, “los intermitentes” y los que el sistema ya ha consolidado como tales”

En el bienestar de los demás reside nuestra propia satisfacción

La placidez se alcanza a través de la certeza de ser yo en mi personal identidad y de no sentirse perdido

El chiste de Whatsapp

​Ocurre muchas veces que una misma gracia, más o menos acertada y casi siempre subida de tono, te llega por varios grupos de chat
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris