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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Resiliencia

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 29 de noviembre de 2009, 09:36 h (CET)
Como si no dispusiéramos de la riqueza de matices de nuestro idioma, olvidando la amplitud del diccionario de la RAE, con sus muchos sinónimos y acepciones; en más de una ocasión vamos a remolque de anglicismos y neologismos acuñados en otros ambientes. En cualquier área de publicaciones foráneas, física, biología, medicina, psicología, cuántica; reina con profusión la RESILIENCIA que tratamos hoy. Es fácil de castellanizar el original “resilience”. Bien recibida será entre las vicisitudes que nos afligen y lo mal que nos tratamos; si viene a propulsar esa buena disposición al fortalecimiento de la personalidad y la resistencia de cara a los embates del azar y de los azarosos que nos azuzan de manera inclemente.

Ante las múltiples fuerzas foráneas, de características e intensidades de amplio espectro, casi infinito; la respuesta que generemos será meramente física en algunas ocasiones; con la capacidad representada en las propiedades de un muelle. Achicarnos, si vienen las muy potentes, o alargarnos con ínfulas de poderío, a tenor del enemigo. Como se trasluce en este ejemplo, es una cuestión de ELASTICIDAD. Repliegue o distensión, adecuadas a las fuerzas oponentes. Siendo importante esta propiedad, conviene que sepamos detectar la intensidad de lo que nos viene encima, para no desbarrar en la respuesta. No sería bueno que la confundiéramos con una resignación mal enfocada. Como personas, dicho efecto en resorte elástico, no es despreciable; aunque tampoco representa una de las mejores cualidades. Se nos suponen otros mimbres como seres pensantes. Cada uno podrá examinar en que momentos actuamos exclusivamente como resortes mecánicos.

Si atendiéramos en exclusiva a la fuerza, no pasaríamos de meros elementos físicos, materiales. La confrontación apechuga con otras circunstancias, afines o discordantes; introductoras de variaciones inacabables, con las cuales, la simpleza del resorte queda obsoleta. Interviene también el estado de ánimo, la voluntad, las emociones; así como el grado de información, el entrenamiento previo y la sensibilidad de cada sujeto, entre otras muchas cualidades. Se trata por lo tanto, de una respuesta amplia; requiere de toda una ADAPTACIÓN matizada, precisamente para hacerse fuerte, resiliente, con fundamentos y motivaciones apropiados. Los recursos disponibles han de ceñirse a cada caso; de lo contrario, añadiríamos otros forzamientos. Aunque se pregone la homogeneidad global, cada individuo arrastra consigo una infinidad de teclas; y estas, con sus peculiaridades.

Según el tempo con el cual nos alcancen los estímulos de fuera, según la cantidad de ellos simultáneos; precisaremos de un cierto reposo para adoptar las estrategias convenientes. El discernimiento y la obligada preparación de los recursos, plantean en primer lugar una ASIMILACIÓN de lo que nos sobreviene. No todo el mundo dispone de idéntica capacidad para afrontar los eventos. Se originan trastornos que no conseguimos asimilar en toda una vida. Por fortuna, en la mayoría, los detalles se digieren con prontitud y las respuestas son factibles. No basta con una simple recogida de datos o captación de impactos, hemos de relacionarlos con las características propias. Con el bagaje resultante de tales conexiones, intentaremos neutralizar las posibles amenazas, y trataremos de urdir proyectos ilusionantes.

En busca de los mejores horizontes de cara al futuro, se precisa una buena prevención, y agrupar las mejores condiciones para una buena preparación. Por lo tanto, un modo de plantear la resiliencia, en castellano, será la consecución de una buena CONSOLIDACIÓN propia; con una buena trama psicológica, con el aprendizaje de los métodos pertinentes. Persiguiendo primero los niveles de subsistencia, para continuar con aspiraciones menos menesterosas y encaminadas a logros afines a las áreas de la felicidad. Suele olvidarse esa necesidad de las labores previas, de estudios, de adiestramietnos. Pese a ese olvido, si carecemos de esa consolidación, se pondrá de relieve su importancia cuando nos vengan mal dadas. La resistencia exige la búsqueda y el trabajo previos. ¿En busca de qué posiciones? ¿Qué consideramos defendible?

Una buena resiliencia se compone por lo tanto de una serie de factores complementarios entre sí. Cómo resistirá uno en condiciones si no reúne una buena parte de ellos. ¿Es suficiente con tenerlos almacenados? ¿Cómo hacerlo? No es suficiente, ni hablar; si estas cualidades las mantenemos estáticas, quietas, no iremos hacia metas relevantes. En el ejercicio diario se requiere de la puesta en acción de cada componente. Se plantea una tenaz iniciativa creadora, que va entrelazada con el más representativo carácter EMPRENDEDOR. Si uno sólo capta, asimila y se resigna, sin pasar de ahí; poco trecho habremos recorrido. Sin esa reacción activa, se reirán y abusarán de nosotros, por la impresentable pasividad. Acaso no sucede así con los desbarajustes políticos, con las éticas desprovistas de lo más esencial como personas; mientras nos escondemos detrás del ruido y las parafernalias más bochornosas. Abortos, mentiras, sandeces, en listas de numerosos contenidos.

Cuando uno tropieza con las penosas realidades, no hay quien evite las situaciones depresivas prolongadas, debacles económicas sin salida aparente, prolongación de la angustia del parado, rencillas y serios disgustos familiares, desengaños emocionales, frustraciones laborales; caen con todo su peso sobre los afectados. Se ha producido un sobresalto con determinadas repercusiones; el daño sucedió. Cobra relevancia entonces la energía restante a disposición de los sufridores, para su RECUPERACIÓN. Constituye uno más de los matices relacionados con el concepto comentado hoy. Esa fuerza utilizará recursos del propio sujeto y de la sociedad; por ese motivo resultaba crucial la prevención y el acopio de cualidades citadas. Si bien, es necesaria a la vez, una fuerte dosis de anhelos, talante de brega, e incluso un tono genético que no deacaiga ante los primeros embates.

Los componentes de dicha fortaleza constituyen su definición; todos contribuyen a una consistencia mayor. Añadamos otra faceta casi imprescindible para la subsistencia en los tiempos actuales. Se trata de la suficiente perspicacia, rozando la intuición detectivesca, para darnos cuenta a tiempo, de donde están situados los TIMADORES, esa especie tan extendida. Quizá no sirva de nada detectarlos si no los evitamos; se conocen todas las tretas, sus tramas son poderosas y tienen la mente centrada en sus maquinaciones. Nos engañan con los precios injustificables, a base de impuestos desproporcionados, o bien con las trapisondas que se tragan enormes porciones de un patrimonio que debiera ser común.

En sí, el concepto de RESILIENCIA es relativamente sencillo, la buena resistencia frente a los avatares de diversa intensidad que nos afligen. Su puesta en práctica se complica y exige una fina atención, si pretendemos alcanzar buenos niveles. También permite la ambición sana de una defensa noble de los puntos esenciales. Cómo no, la vida en primer lugar, cosa no tan evidente hoy en día. La dignidad de los criterios personales. El respeto y la cortesía en el trato, evitando los atropellos desmesurados a que nos someten. No tengo tan claro si estamos ante una resistencia activa.

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