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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La demagogia del alacrán

Ángel Morillo Triviño
Redacción
sábado, 28 de noviembre de 2009, 17:08 h (CET)
DIALOGO SOCIAL PARA ENMUDECER.

Con el mayor respeto posible para cualquier dialogo entre las fuerzas sociales que conforman este País y que, por supuesto, trate de ennoblecerlo y de hacerlo más progresista y más apto para el disfrute de sus ciudadanos, tengo que manifestar que el famoso “dialogo social” a tres bandas –patronal-gobierno y sindicatos-, para tratar de mejorar la economía (ahora frenar el desempleo y salir de la recesión como más prioritario), me parece que deja bastante que desear. Me da que pudiera ser una jácara más para que la ciudadanía se conforme y aguante el chaparrón que dura ya más que el diluvio universal…, casi desde que empezó esta democracia que se está convirtiendo –si no lo es ya- en una pantomima de régimen. Pues:

Los Poderes se entremezclan y confunden. Diecisiete gobiernos regionales cada uno endeudándose a su libre albedrío y con Presidentes (el de Cataluña, por ejemplo, y sin contar lo que “recoge” su Sra.) que en muchos casos ganan más que el Presidente del Gobierno Central y gozan de mayores privilegios (sólo hay que analizar los del Sr. Ibarra, aunque ya haya abdicado en el Sr. Fernández Vara), a la par que atiborrados de altos cargos, asesores y una legión de cargos de libre designación y un sin fin de trabajadores innecesarios para asegurarse el voto sumiso y no perder ninguna de las elecciones que se celebren, con Extremadura y Andalucía como dos claros ejemplos.

El Orden –su Orden- lo imponen los más fuertes. El matón atropellando y sin que nadie sea capaz de enfrentársele (la policía sólo tiene “jarabe de palos” para los indefensos o para algún pobre drogadicto o excluido social), o el político caciquil y déspota que persigue únicamente a los que considera indeseables por qué no acatan sus abusos y denuncian sus latrocinios, mientras hace la vista gorda con la gente importante que trafica con todo lo que se le viene a la mano impunemente.

La Justicia está atascada (sólo resuelve los casos de los más desfavorecidos y algunos puntuales que no queda más remedio y olvida y hace prescribir los de los ricos y poderosos) y, lo peor, ofuscada por la política trápala que se le ha metido en casa sin enterarse y, para colmo de su peregrina organización ¿por falta de medios?, no da abasto con los pleitos de los señoritos de la farándula y las incursiones de algún juez estrella en los asuntos de otros países (vamos…, como se suele decir: por si no éramos bastantes, parió la abuela). Aunque, eso sí, todavía quedan jueces con vergüenza. Pero pocos.

La Sanidad se deteriora por días, los médicos, generalmente mal pagados, recurren a la economía sumergida con las consultas en sus domicilios para escabullirse del Erario público, cuando no de irse a “otra parte” y dejar que sean los doctores de otros países –títulos sin convalidar en muchos casos- los que estén inundando los hospitales antaño famosos en todo el mundo y ahora venidos a menos, siendo “menos” un término eufemístico en este caso. Una pena, ya que, no hace mucho teníamos, quizás, uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo.

La Educación es rayana en la entropía y sólo trata, en vez de educar, de adoctrinar al precio que sea con un grado altísimo de behetría en su funcionamiento. Entre las peores del mundo civilizado. O, quizás, entre las de mayor “curtura” para los intereses de algunos.

La Hacienda, según parece, no cuenta con el número suficiente de funcionarios (paradójico con el doble de éstos que cualquier país desarrollado), Inspectores, Auditores e Interventores, especialmente, para evitar que trabajadores y pensionistas tributen más que los empresarios y que la diferencia se haya triplicado en los últimos 14 años, además de quedar claro que ni se controlan las empresas privadas (esas que exigen tanto con la ¿crisis?, y que son beneficiarias cada año de más de 8.000 millones de € por falta de inspección, insolvencia, prescripción o anulación por los tribunales) ni las CUENTAS PÚBLICAS.

Etc. Etc. Etc. O sea, bien parece que los pilares del Estado están todos “picados de la tarántula”.

En fin…, a lo que iba: El dialogo social entre Gobierno, Patronal y Sindicatos.

El Gobierno, y la política en general, lo que quiere es que no salga la gente a la calle por ningún concepto, menos aún por problemas de empleo. Es lo que llaman la paz social. Y para ello transige con patronal y sindicatos subvencionando a los primeros con innumerables ayudas por los conceptos más inverosímiles y por los motivos más inconcebibles (caso de las ayudas a la Banca o el Plan E-mbecil) que si la calle supiera de verdad a cuantos millones de euros ascienden no habría un segundo de esa paz; y a los segundos untándolos con cifras como, por ejemplo, las que reciben para impartir formación que rondan para cada sindicato mayoritario (UGT y CCOO) los ¡100 millones de euros! Curiosamente, dicho sea de paso, no hay dinero suficiente, no tiene dinero suficiente el Estado, para aplicar la ley de dependencia, ni para una medicina decente o una educación decorosa, ni para unas prestaciones sociales que eviten que más de quinientas mil familias estén al borde del precipicio o que ¡nueve millones! de españoles sean POBRES, ni para…, ni para que muchos ciudadanos de este País, mayores sobre todo, no tengan que arrastrar su orgullo y su dignidad entre las ratas.

La Patronal trata de que se lleve a buen término todo haciendo, claro está, lo que ellos proponen: Abaratar el despido y que no haya trabas jurídicas para, como dice El Roto, crear millones de puestos de asustados; que se les rebajen las cotizaciones sociales, a pesar de que su costo está en función del salario –que quieren recortar, por cierto- y éste es de los más bajos de la UE, por lo que los costos laborales de las empresas españolas son los más baratos de todos los países de nuestro entorno económico (media zona Euro, 3.496 €; media UE-27, todos los países de la Comunidad Europea, 2.951€ y media de España –Spa-, 2.283 €); bajar el impuesto de sociedades, aún a sabiendas de que por ese concepto pagan a la Hacienda pública cuatro perras después de descontar los renting y los leasing de los BMWs y demás artilugios necesarios para su “funcionamiento”; subir el IVA, sin tener en cuenta que es de estúpidos no pensar que se resentirá el consumo y por tanto sus ingresos, pero, aún así, lo que interesa es que el poder adquisitivo no aumente (ya se sabe: prosperidad y sumisión son polos que se repelen); que no se alarguen las prestaciones por desempleo para así tener la mano de obra dispuesta por lo que le den (neo-esclavismo) y alguna más que ¿para qué reseñar? El llamado “kurzarbeit” implantado en Alemania -y algunos otros países-, seguro, no les va a interesar. Para ellos lo mejor: los EREs y, cómo no, el despido…, libre, obviamente.

Y el Sindicalismo, en tan clara sinergia con los que mandan, que, al grito de ¡quietos los parados!, ofrece un silencio culpable. Como señala Pedro de Hoyos en un excelente artículo “la batalla de la conciencia social es la clave, hay que convencer a los indecisos, y si no se dejan, apartarlos de la calle, mostrarlos públicamente como lo que son: caverna, atraso, reacción, incultura, caspa”. ¿Tienen conciencia errónea estos sindicatos? Pudiera ser, pues el sindicalismo displicente borda la inepcia. No hay duda de que Gobierno y Sindicalismo rozan el paroxismo, emponzoñando el mundo del trabajo y refocilándose con ello mutuamente.

Así, efectivamente, tienen mucha culpa –la otra la tiene la política “democrática”- de que el 63%, es decir, 18,3 millones de personas entre asalariados y pensionistas perciban en este País menos de 1.100 €/brutos al mes. O sea, mucha gente en la parte del Este del muro salarial y ellos, políticos y sindicalistas, en la parte Oeste. Vamos… como en la ley del embudo: lo ancho para ellos y lo angosto para uno.

Cómo, también, la tienen: De que las pensiones sean de las más míseras de toda Europa; de esa ridiculez de salario mínimo interprofesional (SMI) solo por encima del de Portugal; de la explotación pública a que están sometidos tantos y tantos trabajadores en todas las Administraciones; de esa ley Beckham de que tanto se habla ahora; de la abolición del impuesto de patrimonio que era la única “arma” para cobrarles algo a los ricos y poderosos; de ese atraco, en Extremadura al menos, que se llama impuesto de transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados; de que nuestro poder adquisitivo sea igual que el de hace más de diez años y no el equivalente al de Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, etc., con lo que, como Éstos, estaríamos saliendo ya del saqueo bancario a los Erarios públicos que han dado en llamar crisis; de ese cerca de 30% del PIB de economía sumergida y de los desafueros laborales de Andalucía y Extremadura; de que existan y ¡no se las toque! esas famosas SICAVs (cuevas de… para guardar el botín); de que haya tantas Fundaciones (que son más bien Funda-Evasiones); de que la empresa reciba tantas ayudas públicas y, en cambio, se cuestionen tanto las pocas que reciben los trabajadores; de que no haya manera jurídica de luchar contra los abusivos e indescifrables recibos de Luz, agua, gas, etc. y de la piraterías de telefónica con la banda ancha de internet (la más lenta y cara de la UE); de…; de…; de…; de tantas injusticias sociales que no denuncian y de las muchas que son cómplices y más y más y más.

Por tanto, esto del Dialogo Social se me antoja como algo muy estudiado para fomentar el enmudecimiento cuando no para –como aquí en Extremadura con los Plan de Empleo y demás añadiduras puntuales de cada año- cobrar una pasta gansa por “firmar” y por asentir.

Así pues, sin entrar en que las Microempresas y los Autónomos no están representados –están ninguneados- a pesar de ser la gran mayoría del tejido empresarial del País (algo así como ¡el 96!%), para no alargarme más aún, el Dialogo Social lo único que hace es tratar de adormilar a los trabajadores con algo así como si se le aplicaran “endorfinas sociales” que, le aligerarán el dolor, pero no le van a curar la enfermedad: sus condiciones de trabajo y salarios seguirán siendo paupérrimas como ahora, lo mismo que su formación a cuenta de la empresa, su conciliación entre vida laboral y tiempo libre y su acceso a una vivienda digna. En definitiva, humillantes y con mucho entre las peores de la UE.

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