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Dos caminos que se cruzan
Álvaro Calleja
En 2006, allá por el mes de julio, un extrovertido gallego se ganó los corazones de los aficionados que contemplaron la hazaña de un luchador, de aquel ciclista que sin tanta calidad se llevó por coraje la carrera más importante. El Tour de Francia fue escenario de algo insólito. Óscar Pereiro se alzó con una victoria extraña. Perdió una minutada en la primera etapa de montaña y la recuperó al ser protagonista de una de las escapadas históricas de la ronda gala. No sólo la recuperó y se vistió de amarillo, sino que aguantó esa prenda con uñas y dientes hasta la última crono. La crono en la que Landis le arrebató un liderato que, haciendo justicia a la limpieza, volvería a sus manos un año después.
Pero poco antes de que volviera, un chico de Pinto llamado Alberto Contador irrumpió por las carreteras del país vecino y termino de enganchar a esas personas que comenzaron a retomar su afición por el ciclismo gracias a Óscar. Alberto, del que ya se olía su clase tras brillar en la París-Niza, hizo vibrar al mundo con sus constantes ataques a Rasmussen, quien sería expulsado por su equipo de la carrera a falta de cuatro etapas para el final.
Dos ediciones con dos protagonistas. Dos vencedores que escribieron con letras de oro su nombre en la historia del ciclismo en un espacio muy breve de tiempo por diferentes circunstancias. Ahora, dos años y varios meses más tarde de su proclamación como ganadores de la Grande Boucle, la vida ha querido cruzar sus caminos. Pereiro y Contador, leyendas vivas de este deporte, compartirán colores la próxima temporada. Suerte.
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