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Fernando Lugo y la maldición del Obispo Palacios

Luís Agüero Wagner
Redacción
sábado, 28 de noviembre de 2009, 06:56 h (CET)
Es un dichoso infortunio el no tener hijos. (Eurípides de Salamina)

Cuenta la historia del infortunado Paraguay que antes de ser fusilado el arzobispo de Asunción, Manuel Antonio Palacios, acusado de traidor en medio de la guerra de la Triple Alianza, maldijo a las futuras generaciones del país. El ajusticiamiento del obispo, en un paraje conocido como San Fernando, le valió la excomunión al Mariscal-presidente Francisco Solano López, y desató una polémica entre los nacionalistas paraguayos y la iglesia de Roma que perdura camuflada hasta el día de hoy.

Tal vez la maldición de Palacios, personaje de una obra de teatro del cordobés Manuel Galvez, acabó cumpliendose con la llegada al poder de Fernando Lugo, un clérigo jubilado que esta semana fue acusado por su propia familia de ser un depravado, y a quien sectores de la oposición no dudan en tildar de maldición para el Paraguay.

La sobrina de Fernando Lugo, Mirtha Maidana, ratificó ayer que Fátima Rojas es hija del Jefe de Estado: “Es la hija del presidente Fernando Lugo. La familia Lugo-Méndez siempre supo de esta niña. Sabíamos de toda la vida”. Incluso, contradijo las declaraciones de su madre, quien afirmó que su hija mentía. “Mi madre le tiene miedo al Presidente, es una lástima”, agregó. La noticia de la existencia de otra hija de Lugo, de 21 años, causó revuelo nacional e internacional.
Al escándalo se agregó la denuncia por nepotismo, dado que familiares de la hija e incluso su marido, fueron beneficiados con apetecibles negociados y puestos prebendarios por el presidente. La noticia saltó tras la boda a la que asistió el Mandatario, precipitando un nuevo escándalo que conmociona al pais.
Las reacciones desde la oposición no se hicieron esperar.
El diputado Carlos María Soler pidió que las autoridades de Yacyretá destituyan a Luis Paciello, supuesto yerno del presidente de la República, Fernando Lugo. Se sospecha que el esposo de Fátima Rojas, quien sería hija del mandatario, ingresó a la binacional por tráfico de influencia.
El senador colorado Juan Carlos Galaverna instó a la sociedad a que se levante y se movilice exigiendo que el Parlamento someta a juicio político al presidente Fernando Lugo.
“Existe una maldición instalada en el Palacio de López”, dijo y remarcó que “si no nos movilizamos como ciudadanos, si no nos levantamos como sociedad, la suerte estará sellada por la desgracia y el infortunio”. Pidió evitar que los ciudadanos se conviertan en presos a cadena perpetua y para eso planteó el enjuiciamiento del Presidente.
“El juicio político depende de los legisladores, ustedes nos dieron la representatividad, movilícense para exigirnos a superar nuestras vacilaciones, cobardías, porque la patria nos pide sacar de raíz esta maldición que se llama Fernando Lugo”, expresó el legislador.
Simultáneamente, la tercera demanda por paternidad irresponsable fue presentada en tribunales, generando una respuesta del clérigo-presidente que fue duramente criticada por la querellante, quien se considera herida en su honor y reputación.
A raíz de ello Hortensia Morán, la tercera mujer que demandó por filiación al presidente Fernando Lugo, convocó ayer a una conferencia de prensa, en el domicilio de su abogado, Rodrigo Aguilar.
Tras manifestar su indignación y reclamar a Lugo que se responsabilice, presentó el pasaporte de su ex marido, donde consta que estuvo en España del 2005 al 2008, cuando concibió a su hijo Juan Pablo.
Dijo que tuvo que demandar porque hace dos meses se cortó la comunicación con Lugo, y quedó sin garantías de que él asumiría su paternidad. Tanto ella como su abogado aseguraron que seguirán con el juicio, hasta que Lugo se realice la prueba de ADN.
Paralelamente, la crispación política y el deterioro económico van en aumento, en medio de las tensiones generadas por secuestros y otros crímenes, al punto que se ha vuelto frecuente recordar la frase de Augusto Roa Bastos, quien acostumbraba decir que el infortunio se enamoró del Paraguay.
Es que a 140 años de la conspiración de San Fernando, detrás del cuadro desolador, como una mueca del destino, todavía parece dibujarse la sonrisa burlona del obispo Palacios.

ESCÁNDALOS SIN FIN
El escándalo desatado por la sobrina de Lugo y la tercera demanda por filiación son apenas los último eslabón de una larga serie de escándalos que infligieron un profundo daño a la investidura presidencial paraguaya.
La temprana polémica desatada en torno a las mutuas acusaciones de realizar orgías, entre la oposición y el entorno del obispo Fernando Lugo, inauguró una larga serie de bochornos que penosamente ha venido sorteando el gobierno arzobispal de Paraguay, que encabeza este falso referente moral, hoy también acusado de propiciar el terrorismo.
"Benítez tuvo 60 años de orgías" repondió entonces en el diario La Nación La Nación el secretario de emergencias y favorito del clérigo-presidente Camilo Soares, al senador opositor Rogelio Benítez, quien lanzó las acusaciones de que el obispo Fernando Lugo preparaba una sede para sus orgías en una paradisíaca isla en Encarnación.
“Yo no sé qué es lo que le mueve a Rogelio Benítez, envidia o qué cosa es, pero bueno, Rogelio Benítez tuvo 60 años de orgía, él y su antepasados. Entonces, creo que es un goloso, con 60 años no se conforma” dijo Soares, un habitué de las discotecas gay que poco tiempo antes fue fotografiado en uno de estos lugares con el afamado travesti "Electra".
Las declaraciones del senador Benítez desataron la primera tormenta política en el seno del gobierno, hoy acosado por escándalos de corrupción y denuncias de favores a los amigos del entorno presidencial. "Yo le pediría que regule sus declaraciones en horario de protección al menor", dijo también el pudoroso amigo del travesti Electra Camilo Soares, según la prensa de entonces.

El siguiente escándalo que sacudió al gobierno de Fernando Lugo, y que lo consagró como un consumado mentiroso, e incapaz de cumplir con sus compromisos asumidos ante las instituciones (en ese caso, la iglesia católica), fue la revelación de que siendo obispo había dejado embarazada a la jovencita Viviana Carrillo. Posteriormente se supo que había iniciado la relación cuando ésta era menor de edad.

Poco después, una segunda mujer llamada Benigna Leguizamòn también reclamò judicialmente a Fernando Lugo que reconozca la paternidad de otro de sus hijos, acusándolo además de haberlo golpeado de manera miserable.

Una tercera mujer no tardó en aparecer, mientras distintas versiones que luego fueron silenciadas, hablaban de hijos del obispo en España, Ecuador, Italia y otros países donde había realizado sus “giras pastorales”. Luego de que el abogado del presidente dijera que no hubo contacto con ella, Damiana Morán, la tercera mujer que concibió un hijo con el obispo-presidente, emplazó al clérigo para que asuma el reconocimiento del niño; de lo contrario amenazó con accionar también ante la justicia. “Espero que eso cambie” comenzó diciendo Damiana Hortensia Morán en una entrevista que mantuvo con el periodista del canal de noticias argentino TN, Julio Bazán, en relación a la nueva negativa del clérigo-presidente de reconocer a su hijo Juan Pablo.

Poco después, y como guinda de la torta, los escándalos alcanzaron al cuerpo diplomático cuando el embajador de Fernando Lugo en Chile, el ex senador Armando Espínola, apareció en primera plana de diario Popular de la capital paraguaya, fotografiado en plena orgía.

Las fotos mostraban a un eufórico Espínola despojándose de sus ropas y siendo obligado a travestirse por varias mujeres que lo rodean, en medio de prácticas sadomasoquistas. La noticia dominó las primeras planas de los diarios, y estuvo a punto de opacar la reunión cumbre del MERCOSUR que por esos días se llevó a cabo en Asunción.

Por si todo esto fuera poco, unos días más tarde un cercano colaborador de Fernando Lugo durante su campaña proselitista, el hoy intendente de San Carlos Luís Anibal Schupp, acusó al abogado particular del obispo, Marcos Fariña, de traficar influencias aprovechando su proximidad al obispo y oficiar de proxeneta presidencial, abocándose a la tarea de proveer prostitutas para las orgías arzobispales.

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