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Estar en Cuba

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 28 de noviembre de 2009, 06:51 h (CET)
Siempre se ha dicho que una cosa es acercarte a un lugar como turista o como visitante-residente aunque sea de pocos días, que una cosa es visitar los lugares que los guías turísticos te recomiendan no sólo porque eso es lo políticamente correcto en países como Cuba, sino porque también vas a ver lo importante, lo realmente turístico que cada país te quiere o puede mostrar. Otra cosa es la idea particular que tú te traes de cada lugar, hayas ido de observadora o como mero testigo de un momento en un lugar determinado.

Realmente a veces es difícil averiguar todos los detalles que ese momento y ese lugar pueden darte, necesitarías mucho más tiempo para poder opinar, necesitarías más elementos de juicio para poder ser objetiva y hablar sobre lo que tus ojos ven y sobre todo, lo que tu corazón siente. Se corre el riesgo de organizarse un popurrí mental basado en prejuicios sociales, políticos y de todo tipo que tú misma quisieras tener en cuenta, antes de hacer cualquier comentario que puede incurrir en el error.

Estar en Cuba significa hacerlo antes de un modo virtual por diversos motivos, para saber y entender que no hay una sola Cuba y que habrá que descubrir por sí mismo ese país especial y querido.

Estar en Cuba es llegar a una isla que sobre todo es isla, ya que si no lo fuera otra Cuba sería. Ser Cuba una gran isla va a condicionar la vida de los que allí viven y por supuesto de los que llegan sean o no turistas y de los que un día se fueron para volver o no poder volver nunca más. Si Cuba no fuera isla, el tiempo transcurriría a un ritmo distinto, se notaría influencia de otros mundos, de otras gentes, ahora tan sólo los turistas con monedas y pesos convertibles modifican un poco su rutina de vida.

Estar en Cuba es sentir la cercanía de un lugar que antes era algo tuyo sin nostálgicos ni injustos colonialismos que valgan, porque algún legado dejamos los españoles allí aunque ahora rechacen todo lo vivido antes de la revolución por la que mueren y respiran, algo dejó España en toda Latinoamérica además de una lengua, algo supongo “bueno” entre tanta injusticia relativa a la falta de identidad de sus orígenes como nos acusan, tendría que ser como un toma y daca, algo así como ocurre ahora en los países que acogen a emigrantes y que por sus problemáticas nadie queda indiferente.

Estar en Cuba significa emocionarte al recordar viejas lecturas describiendo al malecón que sujeta las olas y a sus literatos. Descubrir esa luz especial de su mar y de sus calles con columnas esbeltas.

Estar en Cuba significa sorpresa al ver muy de cerca a los niños perfectamente aseados, peinados y uniformados con ese color rojo oscuro de pichis y pantalones, y preguntarte cómo es posible esa férrea disciplina en un medio escolar del siglo XXI, sobre todo con ese calor húmedo en las aulas que se mitiga a golpe de ventilador, obediencia y trabajo. Y no encontrar respuesta ya que los pocos libros y el escaso material de aula se suplen con jóvenes voluntarios que facilitan la labor educativa al tiempo que animan a los niños a seguir sus ejemplos.

Estar en Cuba es dejarte llevar por sus perezas climáticas, descubrir que aquello es otro mundo al que convendría visitar de vez en cuando.

Estar en Cuba es escuchar agrupaciones de música en directo. Música que te lleva años atrás a las tardes de radio con canciones dedicadas, o a sorprenderte con los vaivenes sensuales de bailarines y bailarinas con los mejores ritmos inimaginables y dejarte llevar por sonidos e imágenes.

Estar en Cuba es preocuparte seriamente por sus carencias, por sus bloqueos y embargos, o como quiera que los llamen, entender que existen de una manera cruel, y llegar a la conclusión de que los cubanos necesitan ya perder ese castigo, pero también todos los castigos que les da este mundo incivilizado, para hacerse libres sin perder esa esencia especial que les hace únicos en la aldea global que les tiene atrapados por todas partes, por arriba, por abajo y por los costados, y sin embargo aparentemente son felices en su destino, con el sol maravilloso que les da por todos lados y calienta sus ánimos.

Estar en Cuba es vivir en La Habana, epicentro de todo pero no olvidar Pinar del Río, Candelaria y las playas cercanas del Caribe con toda una gama de azules y verdes en ese mar que se deja tocar y escuchar como un mar diferente al que no estamos acostumbrados.

Es en definitiva hacer amigos a prueba de futuro, hacer con gusto fácil lo difícil y viceversa, hacer miles de fotos para traerte un trozo de una isla que es historia, sin olvidar a sus moradores, nunca más, aunque no estés en Cuba ni vayas a viajar jamás como una vez lo hiciste.

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