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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

La resaca de Perejil

Pascual Mogica
Pascual Mogica
sábado, 28 de noviembre de 2009, 06:50 h (CET)
La verdad es que a uno se le ponen los pelos como escarpias cuando viendo cómo actúa el Partido Popular piensa en que hay una remota posibilidad, pero posibilidad al fin y al cabo, de que este partido pueda gobernar a los españoles con la gente que tiene actualmente.

Parece ser que aún les dura la borrachera de Perejil, ese peñasco que fue tomado al asalto “al alba del 17 de julio y con un viento de levante de 35 nudos” y en el cual no había más que un pequeño ganado de cabras, que no embistieron a nadie, y cuatro, cuatro, soldados marroquíes, el pastor se había largado, con la orden expresa de no hacer uso de sus armas y rendirse de inmediato a las “fuerzas atacantes”. En mi opinión y como español, me dolió que mandaran a unos militares, me dolió por ellos, a realizar, no una misión de guerra, sino un acto teatral. Los militares españoles no merecieron ver en peligro su bien ganado prestigio en tan histriónica actuación. Pero lo más injusto de todo esto es que al “jefe”, al entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, no le concedieron el ducado de Perejil, como tampoco la han concedido la baronía del Yak-42. Una injusticia. Mejor dicho dos.

El tiempo nos da la razón y todos aquellos que denunciamos que el PP estaba pidiendo con la boca pequeña el que se interviniera militarmente en el caso del “Alakrana”, la teníamos. El PP nadaba y guardaba la ropa. No tuvieron la valentía, traducida a cojones, de los que tanto suele alardear la derecha, recordemos lo del trasvase del Ebro, que Aznar dijo que se haría por cojones, para plantearlo abiertamente. Tiraban la piedra y escondían la mano. Cuando los familiares de los 36 marineros pedían que no se utilizara la fuerza y sí el camino de la negociación, desde el PP estaban pidiendo una acción militar.

Ahora que los 36 están en sus domicilios, con sus familias, reponiéndose de esos terroríficos 47 días, ahora el PP se ha destapado y su portavoz en el Congreso de los Diputados, Soraya Sáenz de Santamaría, ha dicho al Gobierno que “olvidan que a veces hay que usar desgraciadamente la fuerza para defender el derecho”. Efectivamente hubiera sido una gran desgracia el empleo de de la fuerza. Cuando la fuerza bruta, que no es lo mismo que la fuerza del diálogo y del raciocinio, se desata, hay “palos” para todos, para unos y para otros. Ya está bien de “machotadas” de una derecha que perdió los territorios que España ocupaba en África, sin pegar un solo tiro, cosa que celebro, después de que algunos, muchos, jóvenes españoles perdieran su vida en lo de Sidi Ifni y otros pasaron toda clase de calamidades en aquella tan desdichada como inútil guerra.

Estos son los que nos quieren gobernar, una panda de individuos descerebrados amantes de la violencia, del “caiga quien caiga”. Pero eso sí, siempre que ellos estén a salvo sentados en sus sillones de las Cortes. Que más les da a ellos si en vez de 36 marineros hubieran vuelto algunos menos. Lo lamentable, todo hay que decirlo, es que alguno de estos marineros no ha sido justo ni agradecido con quienes, haciéndole mejor o peor, les han regresado a sus hogares sanos y salvos. No quisiera pensar que pueden estar más próximos a quienes pedían el empleo de la fuerza. Sería algo inexplicable y muy difícil de comprender.

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