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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Del Estatut que está funcionando bajo la amenaza de un tribunal en estado de ruina inminente

Mario López
Mario López
viernes, 27 de noviembre de 2009, 05:44 h (CET)
El Tribunal Constitucional está completamente desprestigiado a causa de su absoluta incapacidad para llevar a cabo su nada irrelevante función de intérprete último de la Constitución. En la actualidad, mermado por el fallecimiento de Roberto García-Calvo y la recusación de Pablo Pérez Tremps, y atrapado en medio del contumaz enfrentamiento partidista protagonizado por PP y PSOE, se dispone a resolver nada menos que la constitucionalidad del Estatut de Catalunya, tres años después de su aprobación.

Y tiene que hacerlo para dar respuesta a un recurso presentado por el PP (partido casi residual en Catalunya y, para más INRI, autor de la recusación del magistrado Pérez Tremps) el 31 de julio de 2006, mes y medio después de que el Estatut fuera refrendado por la ciudadanía. Si el PP hubiera presentado ese recurso el 10 de junio de 2006 (día en que el Estatut fue aprobado por el Senado), habría evitado la convocatoria del referéndum y la consiguiente ratificación popular del Estatut y su posterior sanción por parte del Jefe del Estado. Pero, claro, lo que menos le importaba al PP era la suerte que pudiera correr el Estatut. Lo que realmente importaba era desgastar al Gobierno de Rodríguez Zapatero y provocar la tan, para ellos, anhelada convocatoria anticipada de elecciones generales. Ahora estamos en una situación paradójica como no se ha vivido nunca antes en nuestra historia democrática. Un Estatuto de Autonomía aprobado por las Cortes Generales españolas, con el refrendo popular de los ciudadanos catalanes y sancionado por el Jefe del Estado, con tres años de desarrollo legislativo puede ser ilegalizado por un recurso presentado fuera de tiempo y ante un Tribunal Constitucional en estado de ruina inminente. El editorial de los doce periódicos catalanes es una llamada a la cordura que no debería caer en saco roto. Hoy toca, por el bien de la democracia y de la unidad del Estado español, admitir la constitucionalidad del Estatut. Tiempo habrá para el que quiera modificarlo respetando los tiempos, los lugares y, fundamentalmente, las personas. Si el PP quiere ser protagonista de la política en Catalunya, lo primero que tiene que hacer es convencer a los catalanes de que es algo más que un simple partido residual, centralista y con un manifiesto tufo franquista. Y esa tarea no se puede abordar intentando, de entrada, contrariar la voluntad mayoritaria del pueblo catalán a base de artimañas de tan baja estofa como el recurso de inconstitucionalidad que ya está el PP tardando en retirar.

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