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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Una bomba presupuestaria en ciernes

David S. Broder
David S. Broder
jueves, 26 de noviembre de 2009, 05:32 h (CET)
El día después de que la Oficina Presupuestaria del Congreso diera sus avaladas bendiciones a la versión de reforma sanitaria alumbrada por el secretario de la mayoría en el Senado Harry Reid, un estudio de la Universidad de Quinnipiac realizado a partir de una muestra nacional de electores arrojaba sus conclusiones.

Esta encuesta puede no ser tan celebérrima como las demás, pero conozco de primera mano el mimo y la profesionalidad de la gente que la realiza, y una de las preguntas era de mi particular interés.

Decía: "El Presidente Obama ha prometido que la reforma de la sanidad no añadirá carga fiscal a nuestro déficit federal a lo largo de la próxima década. ¿Cree usted que el Presidente Obama podrá mantener su promesa, o piensa que cualquier plan de reforma sanitaria que apruebe el Congreso y que implante el Presidente Obama se sumará a nuestro déficit presupuestario federal?"

La respuesta: Menos de la quinta parte de los electores -- el 19% de la muestra -- pensaba que va a mantener su promesa. Nueve de cada 10 Republicanos y ocho de cada 10 independientes manifestaba que con independencia de lo que se apruebe, se sumará al chorro de números rojos. Por un margen de cuatro a tres, hasta los Demócratas convenían en que es probable.

Ese miedo contribuye directamente al hecho de que, por un margen de 16 puntos porcentuales, la mayoría de los encuestados decía oponerse a la legislación que está superando el trámite del Congreso.

Llevo meses diciendo que la prueba de fuego definitiva de esta iniciativa no se encuentra tanto en la publicitada lucha por la opción pública ni en el asunto de la cobertura del aborto como en la credibilidad de su afirmación de ser fiscalmente responsable.

Evidentemente esto se está manifestando. Mientras que la Oficina Presupuestaria del Congreso decía que tanto el proyecto aprobado por la Cámara como el redactado por Reid cumplen el examen de Obama de no sumarse a la carga presupuestaria, cada uno de los expertos independientes con los que he hablado dice que la opinión pública lo ha comprendido a la perfección. Estos proyectos, en su forma actual, son auténticas bombas presupuestarias.

Esto es, por ejemplo, lo que me decía Robert Bixby, director ejecutivo del grupo bipartidista de supervisión pública presupuestaria The Concord Coalition: "El proyecto del Senado es mejor que la versión de la Cámara, pero este proyecto de ley no contiene grandes reformas. Tal como está, es básicamente una enorme expansión del estado del bienestar con subidas de los impuestos."

He aquí la opinión de otro experto, la presidenta del colectivo bipartidista Comité para un Presupuesto Federal Responsable, Maya MacGuineas: "Mientras que este proyecto de ley se desenvuelve mejor que la versión de la Cámara en la reducción del déficit y el control del gasto, sigue sin ser suficiente. Teniendo en cuenta la alergia del sistema político a las subidas tributarias o los recortes del gasto público, me preocupa bastante el aspecto que tendrá el proyecto final."

Se trata de fuentes independientes, pero los expertos presupuestarios Republicanos como el ex director de la Oficina Presupuestaria Douglas Holtz-Eakin subrayan la idea con ejemplos concretos y un lenguaje mordaz. Holtz-Eakin cita una larga lista de "trucos contables" auspiciados por los Demócratas que posibilitaron que la Oficina calculase que el proyecto de Reid servirá para reducir el déficit federal en 130.000 millones de dólares hacia el año 2019.

El mayor de esos trucos pudo ser la decisión de Reid de posponer la entrada en vigor de los subsidios destinados a ayudar a que los que no tienen seguro contraten pólizas de mediados de 2013 a enero de 2014 -- mucho después de haberse empezado a imponer los impuestos y las multas promulgadas dentro del proyecto.

Hasta con ese cambio, hay más que de sobra en el informe de la Oficina Presupuestaria del Congreso para sugerir que los ahorros presupuestarios prometidos no van a materializarse. Si se lee con la suficiente atención, descubrirá que dentro del proyecto del Senado, "las partidas federales destinadas a la sanidad se elevarán a lo largo del período 2010-2019" -- no descenderán El considerable incremento rozará el billón de dólares -- 848.000 millones de dólares, siendo exactos, destinados sobre todo a conceder subsidios a los que no tienen seguro. El incremento neto será de 160.000 millones de dólares.

Pero esto depende de dos grandes jugadas. ¿Qué futuro Congreso impondrá realmente los 420.000 millones de dólares en recortes en Medicare, Medicaid y los demás programas federales? Nunca lo ha hecho.

Y, ¿este Congreso implantará el impuesto extraordinario a las pólizas de seguro más caras (las conocidas como planes Cadillac) contenido en el proyecto de Reid? Obama nunca les ha dado su visto bueno, y los Demócratas de la Cámara -- reaccionando a la presión sindical -- lo rechazaron en favor de una subida tributaria a las rentas más altas.

El desafío para el Congreso -- y para Obama -- sigue siendo el mismo: materializar los ahorros prometidos, y no seguir pasando a nuestros hijos y nietos programas sin financiación real.

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