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Etiquetas:   Análisis político   -   Sección:  

¿Para qué sirven la extrema-izquierda y la extrema-derecha?

Diego Urioste
Redacción
miércoles, 25 de noviembre de 2009, 05:29 h (CET)
El espectro político clásico y comúnmente aceptado ordena las ideologías en izquierda y derecha, en un plano horizontal plano donde se irían colocando las distintas corrientes según su extremismo, siendo el centro el “punto cero” o punto de inflexión, y los puntos extremos -correlativamente- la supuesta radicalización de las posturas y formas de cada variable, izquierda y derecha. Esta forma de clasificar las distintas ideologías es simplista y en muchos casos desacertada. Pero la cuestión a tratar no precisa un análisis etimológico de los espectros políticos, sino explicar para que sirven realmente las denominadas extrema-izquierda y extrema-derecha. Considero que este tipo de clasificación está históricamente superado, pero el objetivo de este breve análisis es centrarse en el papel social y político que juegan estas dos etiquetas -muchas veces asumidas por sus propios miembros, en la mayoría de los casos desideologizados- en la preservación del actual régimen y sistema político-económico.

Postmodernidad, el fin de las ideologías o el inicio de la tribalización
Posiblemente sea Ian Curtis -cofundador del grupo Joy Division- el representante pop de esa nueva generación del ultimo cuarto del siglo XX que aplicó de forma tan rotunda -y comercial- el idea postmodernista, la parcial desestructuracion del pensamiento tradicional en el arte de masas y, por lo tanto, consustancial a la corriente nihilista del siglo XX. Postmodernismo artístico que pretendía romper la relación entre símbolo y significado, aplicando una mecánica de sincretismo visual que posteriormente recogerían otras corrientes de la cultura urbana como el punk o bandas actuales como Rammstein. La idea de desnaturalizar los símbolos en el arte no ha sido bien entendida en la subpolitica de los extremos. Aun a día de hoy existe una gran controversia en este sentido, y es sintomático que un ejercicio tan simple de supuesta transgresión visual (otro de los pilares del arte postmoderno de masas) como la del cantante Sid Vicious con una camiseta con la esvástica nacionalsocialista cree en la nuevas generaciones tantos problemas e histerias.

Son esas nuevas generaciones de postmodernos pasivos e inconscientes las que nutren mayoritariamente las filas de la extrema-izquierda y la extrema-derecha. Existe una atracción primitiva respecto al símbolo, que lleva a muchos adolescentes a sumarse a movimientos que los exhiben constantemente como reclamo ideológico clásico. Sin embargo -es por ello que hablo de postmodernos pasivos e inconscientes- ese símbolo (sea la esvástica, sea la hoz y el martillo, la estrella roja, etc.) parece estar vacio y no tener ninguna carga de significado, mas allá de las inexactas y la mayoría de las veces intencionadamente equivocadas interpretaciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Una imagen importada de Hollywood y sustentada por los massmedia, que ha sido amplia y cómodamente aceptada por los autodenominados herederos de esas ideologías. Esas nuevas generaciones exhiben símbolos y fobias de ideologías actualmente falseadas, distorsionadas, creando movimientos supuestamente continuistas y autoproclamándose los únicos estandartes legítimos contra el sistema actual. Prueba de todo esto es la existencia del movimiento antifascista mas de medio siglo después del fin del fascismo, o del anticomunismo militante décadas después del fin del comunismo. Estas dos corrientes están ampliamente representadas en las exiguas -pero ruidosas- filas de la extrema-izquierda y la extrema-derecha.

Se trata de facto de una desideologizacion de la sociedad, o lo que se ha llamado “El fin de las ideologías”, tesis erróneamente adjudicada a Fukuyama[1], que ya fue formulada anterior y pormenorizadamente por Daniel Bell en los años 60[2]. La imposición y omnipresencia de un sistema demoliberal en Occidente pareciía -o pretendía- indicar que habíamos llegado a un nuevo paradigma sociológico, político y cultural, imposible de transformar o revertir. Así, las contestaciones “lógicas” y los mecanismos de oposición a ese sistema, en una sociedad postmodernista, vendrían precisamente de la desvirtuación de las ideologías anteriormente vencidas, pero asumidas, por parte de las nuevas generaciones. Los autoproclamados herederos de esos sistemas representan y reproducen la imagen tergiversada que los vencedores difundieron de esas ideologías, es decir una imagen construida por el aparato propagandistico de su enemigo natural. Por eso, generalizando, la extrema-izquierda y la extrema-derecha se han convertido en la imagen borde, distorsionada, esperpéntica e iracunda tanto de esas ideologías “ya vencidas” como de sus homólogas más “moderados”.

Las filas de estos dos “extremos políticos” se han nutrido generalmente de lo que había y hay en la sociedad occidental[3]: pequeñoburgueses alienados con ganas de vivir experiencias aparente y visualmente extremas o jóvenes con buenas intenciones pero desubicados (por la monopolizacion por parte de estos grupos de la materialización política antisistema). Siempre hay excepciones, pero estoy hablando de la generalidad para que se entienda mejor la dinámica de estos grupos que, pese a ser numéricamente pequeños, actúan en forma de masa[4].

Esos núcleos juveniles, hijos de su tiempo y participes del todo postmoderno-nihilista, asumían preideologicamente la estética y la imagen distorsionada de estos movimientos urbanos, aceptando la relación de tribu urbana con la ideología. Cuanto más aparentemente radical y extremo es el posicionamiento político, más radical y extrema -en la lógica tribal urbana- es la forma de vestir, la forma de comportarse, el estilo de vida. Es decir que, una vez roto el enlace tradicional entre figura y significado, lo único que queda es la lógica superficial y frívola de la imagen por la imagen, donde todo tiene sentido en el plano visual. Así, la lógica extrema se amplia erróneamente a todos los campos, soterrando cualquier verdad radical en pos de la realidad estética. Lo que en la práctica significa que una parte importante de la extrema-izquierda y de la extrema-derecha esté representada por el lumpen, por catervas disfrazadas de skinheads, punkys y demás estéticas asociadas a comportamientos antisociales, lo cual no tiene mucho sentido en el ambito político. Porque en la relación estética postmodernista, vestir y Ser es lo mismo, por eso un skinhead o un punky no es sólo una persona que sigue determinada moda (lo cual mas allá del buen o mal gusto, no supondría un problema social), sino que es además una persona que se comporta de determinada forma, igualando su mensaje estético a su actitud pública. En esa lógica, el que piensa de forma extrema, viste de forma extrema y, por lo tanto, su forma de proceder es extrema. En una sociedad nihilista, carente de valores, esa forma es la de la violencia marginal, inoperante, cobarde y mezquina.

A diferencia de la violencia de los movimientos ideológicos originales -discutible o no-, el subproducto pequeñoburgues de la extrema-izquierda y la extrema-derecha actual no busca el derrocamiento sincero y valiente de su principal enemigo (el sistema capitalista bajo la forma política demoliberal), sino que es una vía de escape individualista o grupal mas propia de grupos marginales y autoexcluidos de la sociedad que de auténticos revolucionarios en pos de un ideal superior.

Correlación fuerte y positiva; simbiosis y causalidad
Existe una relación directa entre ambos extremos, que se nutren, se sustentan y se afirman respecto al oponente. Pese a que en apariencia su lucha es contra el sistema dominante, su dialéctica deriva esa lucha a la de los extremos. Así, en vez de combatir directamente al capitalismo, la extrema-izquierda apunta al fascismo como enemigo principal. Según su falaz y maniquea argumentación, el fascismo no sería otra cosa que el brazo violento capitalismo[5], y por eso para acabar con el capitalismo deben primero derribar al neofascismo[6]. Así mismo, la extrema-derecha también ha heredado la ahora estéril disyuntiva de la II Guerra Mundial, viendo en la extrema-izquierda la representación de los males del sistema dominante y, por lo tanto, el enemigo a batir. Ambos sectores perpetúan un esquema sobrepasado de inquinas y odios, basándose en constantes ataques del contrario para justificar su modus operandi (y vivendi).

Resulta paradójico como la lucha de los extremos se basa y se sigue nutriendo de una dicotomía historicista que ya no es real, heredando enfrentamientos de una contienda bélica ya pasada: en Occidente y en un contexto historico donde solo existen estados demoliberales, sin estados fascistas o comunistas, resulta cuanto menos sorprendente. Las actuaciones de estos extremos son correlativas, pues su existencia y sus actividades varían en función de su extremo oponente, siempre en el mismo sentido, en una dialectica de defensa-ataque callejera que roza la esquizofrenia y es, en todo caso, estéril y contraproducente.

En esta realidad de histeria sistemática, las fuerzas de ambos extremos actúan en base a arrebatos, pasiones y un frenesí juvenil que nunca logran superar. Las organizaciones “adultas” de extrema-izquierda y extrema-derecha son igual e invariablemente antifascistas y anticomunistas. Este desorden irracional, incongruente y apocalíptico lleva a situaciones cuanto menos ridículas. El simple hecho de que una de las facciones apoye X causa, significa que automáticamente la facción contraria se oponga a esa causa. Esa relación causalistica es una prueba evidente de la incoherencia e insustancialidad de estos movimientos.

En las recientes manifestaciones anti-islámicas de Reino Unido, tanto en Birmingham como en Harrow o Luton, los manifestantes de extrema-derecha de la organización Stop Islamification of Europe o de la English Defense League se encontraron con contramanifestaciones del movimiento antifascista, organizadas por Unite Against Fascism, repletas de inmigrantes musulmanes. Ante la presencia de los musulmanes, algunos manifestantes anti-islámicos portaron y mostraron banderas del estado de Israel, en una respuesta “lógica” (según su dialéctica) anti-islámica.

Así mismo, a finales de mayo de este mismo año, la Lista Anti-sionista francesa se manifestaba en París. La extrema-izquierda realizó una contramanifestacion violenta, intentando agredir a los participantes de la marcha anti-sionista bajo la pretexto de ser “nazifascistas”, de extrema-derecha[7]. Hay que recordar que los componentes de la Lista Anti-sionista son franceses, musulmanes, judíos ortodoxos, etc. Por lo tanto, muy alejada de la vision maniquea de los anti-fascistas, que son capaces de manifestarse contra la extrema-derecha prosionista en Inglaterra y a la vez atacar violentamente en Francia a un partido anti-sionista.

En España, el delirio bipolar de los extremos lleva a situaciones aparentemente inverosímiles por parte de la extrema-izquierda y la extrema-derecha. La situación es tan grotesca que las luchas ya no se sitúan en el plano de los extremos equidistantes, sino entre los propios miembros de cada extremo.

La fecha del 20 de Noviembre es emblemática en España- concretamente en Madrid-, siendo un clásico del circo subpolitico del que hablamos. Pero este 20N ha sobrepasado todas las expectativas y los límites del ridículo. Por un lado la extrema-izquierda que se manifestaba contra el fascismo por las calles de Madrid, que concluyó en una manifestación fragmentada y enfrentada, consecuencia de anteriores enfrentamientos violentos entre miembros de la extrema-izquierda[8]. Según sus propias crónicas[9], la manifestación antifascista estaba dividida en tres grupos: el bloque de la Coordinadora Antifascista, el bloque del sindicato anarquista CNT, y el bloque autónomo; estos últimos enfrentados a la Coordinadora Antifascista a causa de los ataques a la CSO La Gotera, hasta el punto de dividir la manifestación y deshacer cualquier marcha unitarista. Por el otro lado la extrema-derecha, dividida por cuestiones tácticas y de liderazgo. Según varios medios de comunicación, un pequeño grupo de antiguos militantes del MPS[10] (Movimiento Patriota Socialista, anteriormente Combat España, ahora integrados en el Moviendo Social Republicano) intentó agredir y boicotear una conferencia organizada por Democracia Nacional, que tenia como invitado especial al ultraderechista Nick Griffin[11]. Así mismo, en la tradicional conmemoración dominical en la Plaza de Oriente, al día siguiente, varios militantes de Democracia Nacional fueron expulsados por los miembros de seguridad de la convocatoria “unitaria” de los “herederos del 18 de Julio”, del bando nacional de la Guerra Civil, convocado por la Confederación Nacional de Combatientes.

Todos estos enfrentamientos y toda esta violencia entre los grupos de extrema-izquierda y extrema-derecha ,y dentro de ellos también, no tiene otra explicación que la paranoia y demencia de una lucha irracional sin objetivos claros, sin enemigos determinados en base a la realidad actual.

La extrema-izquierda y la extrema-derecha como garantes involuntarios del régimen y del sistema
La realidad muestra que , pese a que tanto la extrema-izquierda como la extrema-derecha llamen a la lucha contra el sistema, no existen hechos sustanciosos que demuestren que lo combatan. Su mecánica parece funcionar sólo en los estertores de la política, en los ámbitos residuales propios de las subculturas urbanas en vez de en el campo propiamente político. Los hechos así lo testimonian.

Sin embargo tanto la ultraizquierda como la ultraderecha se atribuyen el monopolio de la lucha antisistema, hecho que el propio sistema no duda en difundir a través de sus medios de “comunicación”. La sociedad percibe que la única forma existente de enfrentarse al sistema (sistema que ha demostrado no funcionar tanto económicamente como políticamente, ya sea por las crisis cíclicas y permanentes capitalistas como por la falta de democracia de las “democracias liberales” corruptas y cleptocraticas) es perteneciendo a esos estercoleros políticos extremistas, por lo que cualquier critica al sistema es desprestigiada y deslegitimada de facto.

Esta falacia reduccionista funciona perfectamente y está socialmente aceptada y consensuada. Toda nueva alternativa que surge debe pasar el filtro “tribunal inquisidor político” ante la necesidad de situarlo a un lado u otro de la falsa dicotomía. Y en caso de no hacerlo de motu propio, se utiliza la reductio ad hitlerum o reductio ad stalinum, que no es otra cosa que decir que si esa nueva alternativa defiende X cosa, y esa cosa la defendió X persona/ideología en el pasado también, entonces esa nueva plataforma es heredera ideológica de uno de los extremos, y debe cargar con todos los pecados y crimenes que este cometió, adeudando todas sus culpas historicas. Y así, encasillada y sometida a su nueva categoría y etiquetacion, su potencial queda mermado y encajonado en el falso esquema político. La nueva alternativa queda automáticamente desactivada, el sistema sale reforzado.

Los cintegrantes de los extremos, lejos de intentar contrarrestar la imagen que la propaganda del sistema les adjudica, confirman con sus actitudes la peor de sus realidades, que es infinitamente peor que la más burda de las mentiras difundida por los massmedia. En esos extremos, cualquier buena idea -que las hay- queda ensombrecida, cualquier idea justa -que son muchas- queda emponzoñada, cualquier persona válida -que no son pocas- queda desautorizada para siempre.

Lo que han conseguido los supuestos extremos a lo largo de todos estos años es, involuntariamente, acotar el sistema tanto por la “izquierda” como por la “derecha”, parapetar el sistema y cerrar el arco parlamentario. Es decir, han sido -sin quererlo- los tontos útiles, los que han realizado de forma antiheroica el trabajo sucio, a veces como guardia del bate, otras como representación absurda de la oposición al sistema.

Los viejos esquemas políticos no valen nada en un mundo donde las fuerzas emergentes y los nuevos espacios de resistencia no siguen ninguno de los preceptos de la extrema-izquierda y la extrema-derecha. Los nuevos problemas exigen nuevas formas de lucha, nuevas formas de organización. Si los europeos quieren enfrentarse de verdad a los culpables de la actual situación cultural, política, economía y social, deberán desprenderse de antiguos esquemas, de los antiguos odios, de las antiguas manías, y comprometerse efectivamente por su futuro. Si persisten en el error, demostrarán que no son mejores que el sistema actual y, en muchos casos, que no son más que uno de sus productos de consumo. Un subproducto cutre, estúpido, ridículo e infantiloide de una sociedad decadente.

____________________

[1] Fukuyama, Francis, El fin de la historia y el ultimo hombre, 1992

[2] Bell, Daniel, The End of Ideology, Harvard University Press, 1960

[3] No hablo de forma gratuita, por suerte o por desgracia he conocido desde dentro ambos “movimientos”.

[4] En “Diagnostico de nuestro tiempo” el sociologo Karl Mannheim ampliaba la definición orteguiana de masa, exonerandola del número y reduciéndola a la cualidad propia de la mecánica supraindividual pero atomizada.

[5] En la VII Internacional Comunista, en 1935, basado en el informe Dimitrov, advertía que el fascismo donde consigue imponerse, no resuelve ningún problema, sino que agudiza al máximo todas las contradicciones y por ello se debe “combatir por medio de un amplio frente antifascista formado por los obreros, los campesinos y la pequeño burguesía, sobre la base de un frente único del proletariado y un partido comunista fuerte”.

[6] Expresión para calificar a los extremo-derechistas que se autocalifican como fascistas

[7] Vídeo del intento de agresión: http://leweb2zero.tv/video/booly_524a23ab776b20a

[8] “La gotera que colmo el vaso“, crónica del ataque sufrido en la CSO La Gotera por parte de autodenominados “antifascistas”.

[9] La verdad es revolucionaria: Crónica pormenorizada de la manifestación del 20N en Madrid, de Kaosenlared

[10] Existe otra versión que defiende que los boicoteadores no representaban a ningún partido en concreto, tal como se puede leer aquí: http://azorae.blogia.com/2009/112301-entrevista-a-uno-de-los-28-detenidos-en-los-aledanos-del-hotel-velazquez-el-21-n.php

[11] http://www.larazon.es/noticia/ultras-contra-ultras-en-un-hotel-de-madrid

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