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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Un autismo fascinante

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 24 de noviembre de 2009, 05:34 h (CET)
Dicen en Argentina que cuando el loco agarra la vereda la sigue con tal fascinación que la vereda se termina, pero el loco sigue. Algo así ha de pasar por fuerza con nuestra clase dirigente, que está el país que se cae a pedazos como si tuviera la lepra, no dan una ni por aproximación probabilística, pero se dedican en cuerpo y alma al grandilocuente “Había una vez…” Un circo, sí, porque esto no puede ser otra cosa. Dudo, por bien pensado, que además de todo el PSOE se esté riendo de nosotros, que hunda los dedos en la llaga sangrante y los revuelva con saña. No, no; prefiero pensar que de veras se creen las chorradas que dicen, que se ven como salvadores o como gentes inteligentes, al modo y manera como la anoréxica se ve como una vaca bien cebada cuando su esqueleto apenas está cubierto por unas tirillas de piel enjuta…, pero que muy enjuta. Prefiero pensar esto, que tienen perturbadas sus capacidades naturales y que ven lo que quieren ver, lo que su deseo o su delirio les empuja a ver.

A veces, procuro comprender el mundo que me rodea, pero casi siempre con muy poco éxito. Miro hacia atrás, trato de averiguar a qué se debe este brujuleo que nos ha llevado de la razón al desquicio y de la meseta al precipicio, y no logro inteligir qué desvaríos nos enajenaron para que nos demos por satisfechos con este estrepitoso fracaso que ha conducido a nuestra sociedad al borde de la extenuación natural, moral y política. La naturaleza está contra las cuerdas, el Sistema ha encumbrado a la práctica totalidad de los necios, procurándoles puestos de la máxima relevancia social, y el cambio climático (y lo que se viene encima –literalmente- que se hará público en unos meses más) ya es un asunto prioritario de las Defensas Nacionales, y aquí, los autistas del PSOE, con casi diez millones de españoles instalados en la pobreza y más de cuatro en la solemne pobreza, que es algo así como no comer pero con estilo, echan las campanas al vuelo en un desvarío americanoide propio de la Disney, apropiándose arteramente de que llovió en el otoño, hizo calorcito en el verano y el mundo, por su intersección, es redondo. Personalmente no me parece mal, porque creo que es bueno para la población un poquitín de entretenimiento y aun de humor negro, pero eché en falta en estos actos al memorable y malogrado Fofó, a Miliki o siquiera sea a Charly Rivel. Una pena, en fin, que, aunque trataran de remediarlo el señor Zapatero y la señora Leire Chup-chup, además de esos presentadores que tanto tienen de vendedores ambulantes de aire, propios de tiempos ya vencidos, no se llegó a la carcajada. Una pena.

En la fascinante relación que hizo el Presidente de sus enormes y gloriosos logros desde que el terrible Felipe Gonzalez nos sumiera en esto que hemos dado, se le olvidó incluir algunos pequeños éxitos incuestionablemente socialistas, tales como la Guerra Sucia (crímenes de Estado), la Institucionalización de la Corrupción (hoy por hoy sin ministerio propio todavía, lamentablemente), el mete-manos de las bolsas de basura con los dineros extorsionados a empresarios y profesionales, los Filesas, Times-Sport, BOEs, Kios, Lockheeds y ese infinito etcétera que nos transmutó como sociedad de una economía productiva a otra especulativo-mafiosa, gracias a la cual se han hecho multimillonarios todo tipo de excrecencias sociales, traficantes de carne humana, delincuentes en general y los desalmados más execrables del género, para quienes España se ha convertido en un santuario veraniego desde el que ejercer con la mayor seguridad y relajo sus criminales trapicheos mundiales.

Pero es que, además, de lo otro, de lo del futuro y lo de la Economía Sostenible con que se llenaba la boca el Presidente (qué no hará que no hay traje que le siente medio bien), este fascinante autista no se han enterado todavía que estamos echando el telón del acto final, que no es posible lo que propone con fanfarrias y tambores no porque sea una estupidez, que lo es, sino porque el tirano del clima no lo permitirá, porque el Puchero social ya está en un loco hervor y porque el Sistema mismo está a punto de tocar fondo, y, cuando lo haga, será un crujir de huesos el que sustituya a esas trompeterías de fantasía animada. La crisis no pasará, simplemente porque nunca fue verdad y sólo se empuñó su siniestro nombre para saquear todos los erarios de todo el mundo con luz y con taquígrafos. Los motivos por los que ese atraco se llevó a efecto colegiadamente, siguiendo las instrucciones de El Club, muy prontito, en unos meses más, puede que un año como mucho, comenzarán a ser públicos, y, entonces, nos daremos cuenta de qué se halla verdaderamente detrás de estos circos ambulantes con que los poderes entretienen a Juan Pueblo, haciéndole mirar al suelo para evitar que mire a lo alto.

En la fascinante locura que nos embarga, articulada y orquestada desde las tinieblas de El Club, muchos se sienten hipnotizados para seguir a los flautistas al precipicio, y lo hacen enarbolando banderitas de colores vivos y sonando matasuegras y trompetillas de cartón con orillos de viruta. Sobre sus cabezas llevan risibles gorros que semejan los de los magos antiguos o émulos de jipijapas o calañeses, sus narices las cubren con pompones de payasos amigables y a sus espíritus los fuerzan a una narcótica diversión tan plástica como desarboladamente falsa; pero allá en lo hondo sienten con inefable la amargura la tristeza sublime del payaso: saben que están mintiendo y que están disfrazando de risa una verdad que impide a los hombres enfrentarse a su destino. Su poder, el poder, no debiera valer tanto.

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