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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Colegios ruidosos

Francisco Arias
Redacción
lunes, 23 de noviembre de 2009, 03:12 h (CET)
Los niveles crecientes de ruido en el exterior han ido invadiendo núcleos de población, sin que existieran previsiones para limitar este deterioro. La ordenación del tráfico ha hecho que la circulación intensa en vez de reducirse a unas pocas calles se vea esparcida por toda la ciudad. De esta forma áreas considerables anteriormente tranquilas se han deteriorado en su medio ambiente exterior.

Por otro lado, muchos de los equipamientos docentes se han ido localizando de forma inadecuada cerca de grandes fuentes de ruido o bien éstas, como en el caso de las carreteras, pueden haber discurrido con trazados excesivamente cercanos a algunos centros docentes.

La protección de esta zona frente al ruido no se ha podido aplicar, en gran medida porque los criterios correspondientes a la protección para este tipo de contaminación no forman parte de la planificación urbana.

Desde hace años se conocen los efectos perjudiciales causados por el ruido. Los daños provocados a través de la vía auditiva son quizás los más conocidos, pero sobre todo a nivel de la calidad de la escucha y la inteligibilidad de las comunicaciones es donde se manifiesta con mayor claridad los efectos del ruido. Las investigaciones de las dos últimas décadas han destacado el impacto del ruido en el medio escolar.

La perturbación de la inteligibilidad de la comunicación oral es particularmente grave cuando se trata de la formación de los alumnos y el desarrollo mental de las jóvenes generaciones. El medio ambiente ruidoso afecta al desarrollo del lenguaje, así como la adquisición de la lectura en toda la pequeña infancia y en la escuela primaria que son los dos periodos capitales para el desarrollo intelectual. Los principales efectos son: la pérdida de significación del contenido de la enseñanza de los profesores, la fatiga vocal de éstos, la reducción de la atención de los alumnos, equivocaciones en la inteligibilidad de las palabras e incluso de frases enteras.

La comprensión de la palabra en un aula está en función del ruido de fondo. Por lo general, en los lugares de trabajo, el habla no queda distorsionada en tanto el nivel de ruido de fondo sea inferior en 10 dB (A) al nivel sonoro de la voz emitida.

El ruido ambiental máximo en un aula ocupada no debería rebasar los 55 dB (A), dado que para un nivel superior buena parte del mensaje pedagógico resulta inaudible.

Uno de los aspectos básicos de la panorámica actual respecto a este tipo de contaminación es la ausencia de normativa que limita específicamente el ruido exterior, sea cual sea cual sea su origen, en los distintos usos del suelo o como mínimo en los más sensibles desde el punto de vista acústico (hospitales, escuelas, etc.); normativa que serviría de base y criterio en la confección del planeamiento, actuando así a nivel preventivo.

La planificación urbana como instrumento para el uso racional de un recurso natural escaso como es el suelo urbano, es así mismo uno de los mejores instrumentos para prevenir los deterioros ambientales originados por el ruido.

Aunque el primer y principal método de lucha para prevenir la degradación sonora de los centros docentes es la de proceder a través de la zonificación urbanística para evitar utilizaciones incompatibles de suelo, existe, sin embargo, otro notable medio de reducción de la contaminación acústica, principalmente en los ambientes interiores (aulas) que es la derivada de la intervención en la concepción de los edificios. Finalmente, es necesario actuar sobre los centros construidos, realizando la rehabilitación sonora. Y es que, como dijo el poeta: “El viento trajo una voz / que venía de muy lejos. / Quise entender qué decía / pero no pude entenderlo”.

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