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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

‘Planeta Extra’, la simbiosis entre Bradbury, Dick y el genuino imaginario de Agrimbau e Ippóliti

Herme Cerezo
Herme Cerezo
lunes, 23 de noviembre de 2009, 02:29 h (CET)
‘Planeta Extra’ de Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti es el título de la obra con la que, hace unos meses, estos dos autores argentinos se proclamaron vencedores en el I Concurso de cómics convocado por la editorial Planeta DeAgostini. Ambientado en alguna ciudad argentina, por sus dimensiones probablemente Buenos Aires, el mismo escenario donde Agrimbau ubicó las represivas correrías de Zabaletta, su muertero, el álbum es una lograda simbiosis entre la fantasía de Ray Bradbury y de Philip K. Dick, tamizada por el guión de Agrimbau, salpimentada con algún toque "negro" y puesta en imágenes por el lápiz de Ippóliti.




Portada del cómic.


El argumento es atractivo pero no es nuevo: la población de la Tierra quiere marcharse a otro planeta, a Luna Europa, una de las lunas del planeta Júpiter, un destino que se augura definitivo, fácil, una auténtica tierra de promisión. Pero no todos los terrícolas pueden partir hacia allí. El viaje en transbordador dura dos años, cuesta dinero y los únicos que pueden permitírselo son los que poseen un cierto poder adquisitivo (el fiscal Narciso Lanus Iturralde, por ejemplo, uno de los personajes del cómic). Hay revueltas, tumultos, manifestaciones por conseguir boleto para alguno de los vuelos. El protagonista es Quique Tetamanti, un transportista especializado en trasladar familias hasta el cosmopuerto, lugar de donde parten las naves. Tetamanti no tiene el menor interés en abandonar la Tierra. Sin embargo, el regreso de su hija Brenda con su prometido, Pilo, el sorprendente y corrupto Pilo, propio de cualquier novela (o cómic) de género negro, va a modificar el orden de las cosas. Precisamente un negocio turbio y subterráneo promovido por Pilo, contrabando de animales auténticos hacia Luna Europa, va a desencadenar los acontecimientos que mueven la obra.

Decía antes que el argumento de ‘Planeta Extra’ no era nuevo. En ‘Crónicas marcianas’ (1946), la preclara novela del citado Bradbury, todo un clásico, ya podemos encontrar algo parecido: "Quería ir a Marte en el cohete. Bajó a la pista en las primeras horas de la mañana y a través de los alambres les dijo a gritos a los hombres uniformados que quería ir a Marte. Les dijo que pagaba impuestos, que se llamaba Pritchard y que tenía el derecho a ir a Marte". La presencia de P. K. Dick también se hace patente. Además de en la existencia de vehículos antigravitatorios, que circulan por el aire, lo podemos encontrar en otros aspectos, por ejemplo, en la profesión de Brenda, cibertenaria, esto es, veterinaria de animales artificiales, uno de los temas que el escritor norteamericano trató en su archifamosa obra ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’, otro clásico, más conocida como ‘Blade runner’. Por ello, tal vez no resulte atrevido decir que, aunque ‘Planeta Extra’ está dirigido a cualquier tipo de público - el lector se maneja rápidamente en la atmósfera construida por Agrimbau e Ippóliti -, quizá quienes vayan a disfrutar más con su lectura sean los aficionados a la Ciencia Ficción. Entre ellos va a encontrar su segmento más adecuado este álbum.

Gráficamente, ‘Planeta Extra’ es un trabajo de cuidadosa factura. Las imágenes de Buenos Aires, vista la ciudad desde el cielo, por cuya atmósfera etérea discurren los vehículos, son lo primero que nos llama la atención como lectores. Si en cualquier novela, la primera frase o la primera página son absolutamente indispensables para atrapar al lector, algo parecido podemos decir de la primera viñeta dibujada por Ippóliti. La singular, a la vez que magnífica, imagen de un camión de mudanzas, anclado en el aire, enfrentado a la ventana de uno de los últimos pisos de una finca desde la que se lleva a cabo la mudanza, es un perfecto resumen del contenido del álbum. A ello hay que sumarle todo lo que llegará después: funcionarios corruptos, chantajistas con camiseta de tirantes, la red de traficantes, los turbios (e intolerables) tejemanejes de un millonario, persecuciones policiales, interrogatorios con pacto, quilombos ilegales...

Ippóliti ha ideado un imaginario muy vivo, superior, a mi juicio al de sus últimos trabajos conjuntos con Agrimbau (‘La burbuja de Bertold’). Los trazos son mucho más concretos, más delimitados, igual que los relieves, generosamente definidos por tonalidades oscuras que dan a los personajes el volumen preciso. Ippóliti se maneja bien en todos los ambientes, muy dispares además, desde los muelles portuarios hasta las azoteas de los edificios, pasando por escenas de interior y algunas oficinas con cierto lujo. En los vehículos policiales y los desnudos, se puede apreciar algún rasgo de Bilal sin llegar a la dureza cromática que, en ocasiones, alcanza el dibujante de Belgrado. Ippóliti, además, introduce en sus dibujos un innegable aire caricaturesco en los rostros que le otorga un sello propio.

‘Planeta Extra’ es un magnífico estreno para el Primer Concurso de Cómic Planeta DeAgostini, al que concurrieron 170 autores. Esperemos que los resultados de la segunda edición sean tan buenos como los de esta primera y que se rompa ese maldito aforismo que reza que nunca segundas partes fueron tan buenas. A por ello.

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‘Planeta Extra’, de Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti. Ed. Planeta DeAgostini, 2009. Color, tapa dura, 80 páginas, 13,95 euros.

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