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Sotanas no tan blancas

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 22 de noviembre de 2009, 07:51 h (CET)
En los últimos días del mes de Junio de hace tres años en muchos balcones valencianos, especialmente en los barrios con más poderío económico, comenzaron a aparecer banderas con los colores del Vaticano, por las calles céntricas se notaba una inusitada actividad reflejada en que la mayoría de comercios dedicados a la venta de recuerdos cambiaban el toro de Osborne y esas horribles paellas donde está escrito aquello de “recuerdo de Valencia” por banderines blancos y amarillos- los colores papales- y por santos, vírgenes y estampas con la foto del antiguo militante de las juventudes hitlerianas y hoy Papa con el nombre de Benedicto XVI. El Papa iba a visitar Valencia y las autoridades andaban revueltas ante la posibilidad de quedar fotografiados para la posteridad histórica junto al primer mandatario de la multinacional del rezo. Camps andaba como un poseso en busca de su mejor traje, Rita Barberá recién salida de la peluquería elegía bolso conjuntado con un vestido acorde con el protocolo vaticano y el entonces arzobispo de la diócesis valenciana García Gasco encargaba en alguna sastrería romana sus futuras sotanas cardenalicias.

Pero ya un año antes todas estas autoridades, además del presidente de la Diputación, se habían reunido para planificar la visita papal, nada se podía dejar a la improvisación, eran muchos los puntos a coordinar y bastantes los gastos a realizar para agasajar y recibir como su rango merece al jefe del Estado Vaticano y de la Iglesia Católica, una iglesia que predica, entre otras cosas, la pobreza pero cuyos ritos habituales navegan entre el boato y la ostentación. Había que gastar mucho dinero para recibir al Papa y las autoridades de la Generalitat, Ayuntamiento y Diputación, todas en manos del Partido Popular, junto con el Arzobispo pensaron que lo mejor para gestionar aquellos millones de euros era crear una fundación y así nació la “Fundación V Encuentro Mundial de la Familia” cuyo secretario era Víctor Campos del que les sonará el nombre ya que también fue uno de los imputados en el caso de los “trajes regalados” a los que salvó de la metafórica picota ese más que amigo de Francisco Camps que todavía preside el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana y que responde al nombre de Juan Luís de la Rua.

Y llegó el Papa para no estar en Valencia ni cuarenta y ocho horas. En el centro de la ciudad tanquetas de la Policía Nacional controlaban el orden público, los guardias municipales cortaban el tráfico por allá por donde el itinerario papel discurría, casi toda la ciudad cortada al tráfico rodado mientras por sus calles peregrinos, aunque no tantos como se había voceado que vendrían, hacían turismo esperando la hora del acto principal en el que verían más cercano que nunca a su líder espiritual. Sillas, más urinarios prefabricados que en cualquier día de fallas inundando las calles, jardines pisoteados que luego se repararon a cuenta de los impuestos de los valencianos y muchos gastos más que nunca dieron a conocer las autoridades responsables correspondientes. Durante tres largos años la oposición política y los ciudadanos valencianos pidieron el desglose de los gastos de la visita papal y nunca se obtuvo respuesta alguna desde ninguna de las administraciones públicas implicadas en el viaje y recibimiento al antes cardenal Ratzinger.

Ahora, transcurrido el tiempo y muy a pesar de los responsables, comienzan a aparecer indicios de que no todo fue tan limpio y claro en la preparación de aquel viaje y que la impoluta sotana blanca papal ha sido salpicada por algunos de sus adoradores. La Fundación creada ex profeso para la visita registra unos gastos de 12, 2 millones de euros sin que se justifique en qué, para qué y con quién se han gastado. La Televisión Autonómica, a quien se otorgó la exclusividad de servir la señal televisiva, subcontrató con una empresa de la trama Gürtel lo que, según informes policiales, supuso una entrada de un millón de euros en comisiones ilegales en la caja B de Correa, el principal cabecilla de la trama. Y todo esto sin contar con toda una serie de servicios que se alquilaron o cobraron y de los que, supuestamente, más de uno se habrá beneficiado. Ahora el juez Antonio Pedreira, instructor del caso Gürtel en el Tribunal Superior de la Comunidad de Madrid, ha comenzado a investigar tanto a Canal 9 como a la Fundación auspiciada por Camps, Rita Barberá y la Iglesia por si existe una posible relación de la misma con la trama corrupta gürteliana. Alguien, esperamos saber un día quién, no se ha contentado con desvalijar los cepillos eclesiales y con la excusa de un acto de exaltación católica ha metido mano en la caja de todos los valencianos, pero como debe ser un buen creyente al día siguiente de cometer pecado se confesó y ya ni tan siquiera tendrá que pagar el peaje del Purgatorio. Hice bien en no tirar la pancarta que colgué por aquellos días en mi balcón, debajo de una tiara tachada pone “Yo no te espero”, yo no esperaba al Papa pero algunos lo esperaban como agua de mayo para rentabilizar su visita, y bien que la rentabilizaron.

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