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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

El flanco débil de la Educación

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
domingo, 22 de noviembre de 2009, 07:48 h (CET)
Hay varios aspectos de la educación que es urgente mejorar. Y lo tenemos muy claro, como la necesidad de aumentar el gasto público en educación, el impulso que hay que dar a la formación profesional ante el fuerte desequilibrio que tiene con respecto a la universidad y la valoración del profesorado, hasta el punto de que es preciso reconocerle como "autoridad pública" en el ejercicio de su función.

Es muy fácil enrollarse de mala manera cuando se tocan aspectos educativos. Por eso lo centraremos en esos tres aspectos. Bastante rollo han sido los pedagogos-comisario del PSOE que 'parieron' la LOGSE y todas las vulgaridades que ésta ha traído a la sociedad, como para volver a recordarles aquí.

Vaya desde estas líneas nuestro desprecio a tanto desaprensivo como ha apoltronado el MEC y algunas comunidades autónomas durante años, así como el reconocimiento más sincero al profesorado que, en muchas ocasiones, ha sido el pagano y la víctima del abuso, la falta de planificación, las 'dentelladas' pedagógicas ocasionales y las 'chulerías' didácticas de mediocres encumbrados a lo desconocido.

En gasto público destinado a educación seguimos en el furgón de cola y no creemos que avancemos excesivamente en los próximos años. Estamos en el 4,3 % del PIB. En dos años, apenas hemos aumentado dos décimas y seguimos distanciados de la media que destinan los países de la OCDE que, dicho sea de paso, llega al 5,3 %.

No por dedicar más dinero a la educación aumenta la calidad de ésta. Pero no cabe duda que con un buen profesorado y con medios se llega a la excelencia con más facilidad; sobre todo si partimos de una base suficientemente reconocida como es que "el profesorado es el principal elemento sustentante del sistema educativo"; siendo meramente accesorio todo lo demás: medios, planificación política, inspección, control, asesoramiento,... La exigencia de los sindicatos docentes es tan miserable que solo aspiran a que el gasto público alcance el 6% del PIB. Da la sensación que, a partir de ese logro, se acabará el mundo educativo.

La formación profesional es la clave del arco abovedado y un factor reconocido para crear un colchón a la crisis laboral. En España tenemos más universitarios que la media de la OCDE; ganamos por un punto. Y a la UE le ganamos por cinco puntos porcentuales, casi seis. Lo curioso del caso es que en los países miembros de la OCDE tener mayor nivel estudios supone disponer de más oportunidades de trabajo y de más alto nivel salarial. ¿Y en España? Pues no, en España, no, está suficientemente demostrado en el informe de la OCDE conocido como "Panorama de la educación, 2009"

En España, el desequilibrio entre formación profesional y universidad es brutal. Sí, así, sin exagerar. Estamos hablando de casi un millón setecientos mil universitarios, frente a quinientos noventa mil de FP; es decir, los universitarios españoles son tres veces más que los estudiantes de ramas profesionales. Otra vez el desequilibrio productivo y económico.

El reconocimiento de la labor docente es cada vez mayor. Hay que estar muy ciegos para no advertirlo, pero sigue estando muy alejado del que existe en los demás países de la OCDE. Algo hemos avanzado, pero no demasiado ni lo suficiente.

Recientemente el PSOE se opuso a declarar al profesorado como "autoridad pública" en el ejercicio de su función. De nuevo defraudó a la sociedad y perdió su oportunidad, como la perdió con la aprobación de la LOGSE en el año noventa, fomentando la igualdad por abajo y la vulgaridad de la enseñanza comprensiva, hoy denostada en los sistemas educativos del mundo civilizado.

Ante la falta de medidas serias, en lo que al reconocimiento del profesorado se refiere, parece como si desde el Gobierno central estuvieran interesados en 'amarranar' cuanto abordan. Hace tiempo que el MEC se parece al perro del hortelano. Y, además, ni siquiera asume el liderazgo del sistema educativo.

De vez en cuando el Gobierno de Rodríguez Zapatero, y particularmente del Ministerio de Educación, deja entrever un indigno egoísmo y un radical fanatismo que entorpece el desarrollo de los valores que le son propios al sistema educativo. Solía recordar Secondat que “ningún otro ser humano es tan peligroso en política como el portavoz de ideas fijas. O sea, el fanático”.

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