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El polvorín americano

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 19 de noviembre de 2009, 04:45 h (CET)
No nos causa la menor extrañeza, porque era algo que se estaba viendo venir. Es posible que uno de los primeros errores del señor Obama fuera el no apreciar, en su verdadera dimensión,el problema del señor Hugo Chávez y del nuevo frente anti EE.UU que el mandatario venezolano, con el apoyo de la Cuba de los Castro y el beneplácito de Rusia, interesada en tener otro punto de apoyo en América desde donde pueda inquietar a la nación regida por el señor Barak Obama; lleva proyectando desde su ubida al poder. El apresuramiento –normal en el caso del señor Zapatero debido a su fobia a todo que pudiera impedir la propagación del izquierdismo reivindicativo y totalitario – del presidente norteamericano en oponerse al seudo golpe de estado que se produjo en Honduras, para echar del gobierno de la nación al señor Zelaya –que había pretendido hacer de mangas capirotes con todas las instituciones del país, con la evidente intención de imitar a los señores Hugo Sánchez, Correa, Evo Morales y el señor Daniel Ortega de Nicaragua – que pretendía hacerse elegir, a perpetuidad, para regir los destinos del país; es una más de estas boutades consistentes en valerse de una supuesta democracia para legitimar lo que, de hecho, no es más que una dictadura totalitaria, donde las libertades de los ciudadanos quedan cercenadas y la penuria económica sentenciada, tal y como ha quedado demostrado cada vez que una nación ha caído bajo las zarpas de uno de estos “salvadores de la patria” al estilo de don José Stalin. Sin duda fue un error del que seguramente ahora se muestre arrepentido. Los hechos han demostrado que la razón estaba de parte de los mal llamados golpistas, porque la expulsión del señor Zelaya fue decretada por las instituciones del país y ejecutada por el ejército, debido a la mala praxis del presidente destituido, utilizada para chantajear, amenazar e imponer su voluntad, tanto al Congreso como a la Corte Superior de Justicia, que no se dejaron amedrentar por las balandronadas del Presidente.

La manera de tergiversar las causas de lo sucedido en Caracas por el señor Hugo Chávez, constituido de inmediato en asesor y mentor del defenestrado Zelaya, ya nos da la medida de quien es el que maneja los hilos de esta trama y la diligencia mostrada por la Organización de Estados Americanos y los miembros de la Alianza Bolivariana para las Américas y otros corpúsculos de estos que tanto proliferan en aquellas latitudes, para condenar la expulsión de Zelaya y amenazar al nuevo gobierno de Caracas con toda suerte de represalias y castigos si no reponía en el acto a aquel en su puesto en la presidencia del gobierno hondureño; no han hecho más que avalar la influencia del grupo de presión de Chávez y sus aliados para forzar al nuevo gobierno hondureño. Claro que, pronto ha quedado evidenciada la falta de predisposición del señor Zelaya, posiblemente aconsejado por Hugo Chávez, para negociar y para aceptar las consecuencias del preacuerdo firmado el 29 de octubre, por el que se sometía a la decisión del Congreso Nacional, que estaba pendiente de un informe de la Corte Suprema de Justicia para decidir. Es evidente que algo ha cambiado en la zona y resulta elemental que la maniobra de los EE.UU de instalar bases militares en Colombia para colaborar con el ejército colombiano en la erradicación del narcotráfico, ha trastocado toda la táctica del Gorila Rojo de Venezuela, encaminada a crear una zona de influencia no sólo económica sino también militar formada por los países sobre los que extiende su influencia..

Los ataques furibundos de Daniel Ortega contra los EE.UU.; las amenazas de Hugo Chávez al pueblo colombiano y a su dirigente, el señor Uribe, soliviantando al pueblo venezolano y animándolo a estar preparado para una “invasión americana”; no hay duda de que contienen una doble finalidad, la primera, el levantar ampollas en todos los países que han adoptado su forma de gobierno, es decir, las nuevas democracias comunistas, si es que así se las puede definir, señalándoles el enemigo común al que enfrentarse y, la segunda, aprovechar la situación que se le presenta para distraer a los venezolanos de los graves problemas internos que están padeciendo, a pesar de ser uno de los países más ricos de Hispanoamérica por sus inmensas reservas de petróleo y por su abundancia de minerales. Es difícil saber lo que le ha impulsado a Obama a renunciar a su primer acercamiento, tímido acercamiento, con la ramita de olivo en la mano, al dictador venezolano. Puede que fuera un cálculo equivocado y que pretendiese que, el incontrolable Chávez, se sintiera halagado por el hecho y se lanzara en sus brazos (una presunción harto optimista) o, puede que sólo pretendiera calibrar sus reacciones ante una movida de pieza del Imperio del Norte. Fuere cual fuere su primera estrategia, es evidente que el hecho de reforzar a Colombia con bases americanas es muy posible que signifique un cambio radical de la política de los EE.UU respeto a Honduras y que, lo que fueron condenas contra el llamado “golpe de Estado”, se vayan suavizando y, quien sabe, si acaben por un reconocimiento del nuevo gobierno que surja de las elecciones del 29 de Noviembre en Honduras; aunque, tiempo atrás, se negaran a admitirlas. Y es que el placet del señor Obama a las elecciones próximas a celebrar entre los hondureños, puede significar un revés importante en contra de las aspiraciones de Hugo Chávez de crear un frente “anti imperialista” en la zona que, de paso, pudiera constituir una barrera contra la influencia económica norteamericana en Hispanoamérica que, como todos sabemos, siempre ha sido masiva.

Un polvorín que, en manos de personajes tan peligrosos y temperamentales como un Hugo Chávez, un Daniel Ortega (antiguo guerrillero) o de iluminados, como el señor Fernando Lugo del Paraguay (sacerdote suspendido “a divinis”) o Evo Morales de Bolivia, un indígena ganado para la causa de H. Chávez. Por si faltara tensión en la zona surge un conflicto entre Perú y Chile por un oscuro caso de espionaje y entra en acción la incipiente estrategia de Rusia enviando armamento a Venezuela y firmando tratados de cooperación mutua; así como, el paulatino acercamiento del grupo liderado por Chávez a las naciones asiáticas, especialmente en ámbitos económicos y de suministro de armas, suponemos que a cambio de petróleo o para coordinar estrategias comunes; tal y como se pudo comprobar en la visita de Chávez a Irán para entrevistarse con el señor Ahmanideyad, en lo que fue un encuentro “fratenal” para tratar de coordinación en su política petrolera. En fin, una parte en efervescencia muy cercana, quizá demasiado, a la gran República Americana que, con toda seguridad, no puede contemplar indiferente como, en el mismo continente, se van instaurando peligrosos focos en los que se están reverdeciendo amenazas que ya parecían definitivamente desechadas con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética.

No hay duda de que, a los EE.UU, le sería fácil destruir de un plumazo toda esta serie de molestas garrapatas que le han salido, pero estamos en el siglo XXI y las repercusiones de lo que ocurre en América se hacen sentir en todo el resto de la humanidad lo que, sin duda, va a obligar al señor Barak Obama y a su gobierno, a actuar con suma prudencia y a evitar cualquier iniciativa que pudiera poner en peligro la paz en aquella región, en la que la inestabilidad política es un mal endémico. Habrá que estar atentos a lo que ocurra en los próximos meses porque, lo que sí es cierto, es que el Mundo ha entrado en una deriva muy peligrosa, de la que van surgiendo nuevos brotes revolucionarios que van a intentar de nuevo desequilibrar el orden mundial.

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