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Etiquetas:   Internacional   -   Sección:   Opinión

Hace ochenta y un años, en Baton Rouge

Mañana se cumplirán ochenta y un años del controversial atentado que costó la vida a Huey Long, cuya sombra se proyectó con fuerza sobre la actual carrera hacia la Casa Blanca
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
miércoles, 7 de septiembre de 2016, 08:45 h (CET)
El 2 de junio de 1934, el representante diplomático de Bolivia en Washington, Enrique Finot, se vio obligado a califcar un discurso del legendario Senador Huey Long como ofensivo, y una completa distorsión de la realidad.

De acuerdo al “Lewinston Daily Sun”, periódico que circulaba por el estado de Maine, Finot afirmaba que Lons se había envuelto en un argumento que no conocía, y lamentaba que su condición diplomática le imposibilite dar una respuesta más amplia.

Pocos días antes, el 30 de mayo del mismo año, Huey Long había conmocionado a la opinión pública sudamericana, sobre todo en Boliva y Paraguay, acusando a la poderosa empresa petrolera Standard Oil de haber encendido la chispa de la guerra del Chaco.

Lejos de arredrarse ante el poderoso establishment que enfrentaba y del cual Finot se había portavoz, , Long volvió a cargar sobre el tema en pleno Congreso de Washington, el 7 de Junio. En su primera alocución había ironizado sobre un embargo de armas que el Senado norteamericano aprobaría, en perjuicio del Paraguay, argumentando que Estados Unidos era un “país amante de la paz”.

Cuando el 15 de enero de 1935 la Sociedad de las Naciones decidió levantar el embargo de armas que pesaba sobre Bolivia, manteniendo el mismo sobre Paraguay, Huey Long declaró a la prensa: "Esta decisión de la Liga de las Naciones no es más que un mensaje dirigido al Paraguay y firmado por Rockefeller que dice: No toquen los lugares donde hemos localizado pozos del petróleo".

Ese mismo año, la sangre terminaría matando el piso de mármol.

El 8 de septiembre de 1935, habiendo abandonado el senador Long con sus guardaespaldas una sesión especial en el Capitolio Estatal de Baton Rouge, adonde había arribado desde Washington buscando zanjar en cuestiones locales de su estado, un desconocido se le acercó al amparo de la oscuridad y en ese momento se escuchó un disparo. La guardia de Long abrió fuego contra el sospechoso ocasionándole a su turno 51 heridas de bala antes de ser éste identificado como un joven y respetado médico, Carl Austin Weiss, proveniente de una familia de reconocida alcurnia en la sociedad local.

Posteriormente se insistiría por décadas, hasta el día de hoy, que Weiss había actuado como cabeza de turco y que las balas que impactaron en Long tenían otra procedencia.

Del cuerpo de Long se extrajeron balas calibres 45 y 38, que no correspondían con el arma que Weiss portaba el domingo 8 de septiembre de 1935 a las 21 y 30 de la noche, que era calibre 32.

Un gesto inusual de quienes compartían la tragedia familiar, décadas más tarde, revelan la dimensión de la polémica que el asesinato encenció. El hijo del Dr. Weisss, Carl Weiss Jr,, en esfuerzos por limpiar el nombre su padre, visitó al hijo de Long, el también senador Russell Long (fallecido en 2003), logrando que la investigación se reanudara...

La exhumación del cadáver de Weiss fue realizada en 1991, en el cementerio Roselawn por el Dr. James Starrs. Las dudas que motivaron la ceremonia aumentaron en lugar de disminuir con los resultados que se publicaron. El esqueleto de Weiss aún contenía dos balas que nunca fueron extraídas, de las 61 que recibió, debido a una incrustación profunda.

Las dudas aumentaron debido a que el Dr. Starss dictaminó que el Dr. Weiss se encontraba en posición defensiva al recibir estos disparos, además de los calibres dudosos. Una bala disparada por los guardaespaldas, se especuló, podría haber rebotado en las paredes de mármol del capitolio.

El Dr. Starss lo documentó en su libro "Una voz para los muertos", nombre bien propicio, pues a tantos años de aquella historia, sigue siendo considerada indigna de mención en Paraguay. Ello aunque su sombra se proyecte enorme en el presente.

Ardua tarea les espera a los falsificadores de la historia, pues, para intentar borrar lo que sucedió hace ochenta y un años, en Baton Rouge.
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