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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Corrupción y poder

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
miércoles, 18 de noviembre de 2009, 04:05 h (CET)
Si bien es cierto que la corrupción moral se puede encontrar en todas partes, en todas las clases sociales y en todas las personas, sin excluir las más religiosas; no es menos cierto, que donde se instala con más arraigo, es donde está el poder.

Los poderosos de este mundo tienden a endiosarse, se creen superiores a los demás, e inmunes a las debilidades de la condición humana, inclinada a la corrupción.

Se ha dicho que la vida del hombre es una lenta marcha a la corrupción física y moral. De la primera nadie se libra. De la segunda, son contados los íntegros, ante los ojos de Dios y de los hombres.”Gran decepción sufrí, escribe una escritora actual, al darme cuenta que ciertos hombres, capaces de ir a la cárcel por sus convicciones, eran mezquinos y corruptos en su vida privada”.

Parece una obviedad, afirmar que el poder corrompe siempre y que suele tranquilizar las conciencias. No es de recibo esa salida cínica de quienes dicen que si el poder corrompe, la carencia de poder corrompe absolutamente. Tal proceder es inadmisible en democracia. La oposición, si ejerce como tal, debe cumplir su primer deber, que es el de controlar al Gobierno en sus 3 vertientes de poder ejecutivo, legislativo y judicial. No vale la réplica infantil del “Tú mucho más”. Siempre será cierta la máxima latina: ”Corruptio optimi, pésima” que adaptada al vulgo sería: “La corrupción del de arriba es la peor”.

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