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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Corregir nuestros modales

Kathleen Parker
Kathleen Parker
martes, 17 de noviembre de 2009, 05:24 h (CET)
WASHINGTON -- La creciente preocupación por la falta de modales es una de las tendencias más atractivas de América. Cada vez más personas e instituciones están buscando formas de difundir las normas más fundamentales de convivencia.

La inquietud no es nueva – el profesor P.M. Forni inició hace 12 años el Johns Hopkins Civility Project y en 2002 publicó la obra "Optar por los modales: Las 25 normas de la buena educación.”

El proyecto tiene hasta una página en Facebook llamada “The Civility Initiative” donde Forni y los visitantes intercambian ideas sobre el tema.

Pero los acontecimientos recientes y las tendencias – desde las ruidosas asambleas a las diatribas en televisión, pasando por las salidas de tono del Representante de Carolina del Sur Joe Wilson – han puesto de actualidad una vaga inquietud por el discurso público.

En el estado natal de Wilson, el rector de la Universidad de Carolina del Sur Harris Pastides ha convertido la educación en el punto de fuga de los objetivos de la institución. Y un ejecutivo de relaciones públicas de Atlanta, Mark DeMoss, ha organizado una coalición de conservadores e izquierdistas, religiosos y laicos, en su propio Civility Project orientado a promover una iniciativa de tipo voluntario destinada a renovar el compromiso con la buena educación.

Su página (www.civilityproject.org) insta a adoptar una promesa voluntaria de ser educado, y plantar cara a los malos modales.

El Presidente Barack Obama abordó el tema directamente en su discurso de apertura en Notre Dame a principios de este año, y recientemente decía “una de las cosas que estoy tratando de entender es cómo podemos asegurarnos de que los modales interesen.”

Es prueba más que concluyente para confirmar la existencia de una tendencia. Pero ¿quieren ser educados los americanos?

Nuestra nostalgia por los modales, dicen algunos, está desfasada o exagerada al menos por la ensoñación del pasado. Los estadounidenses no han sido nunca ejemplo de buenos modales en política. A menudo se citan a los anti-federalistas, a pesar de que los federalistas no eran en absoluto ejemplo. En un caso, cuando los legisladores federalistas necesitaron un acuerdo en una votación clave, sacaron a los antifederalistas de sus dependencias y los encerraron en la cámara legislativa.

Imagine la diversión que tendríamos si Harry Reid y Nancy Pelosi decidieran encerrar a sus moderados colegas en el Capitolio hasta que aprobaran la reforma sanitaria.

Durante las elecciones Andrew Jackson-John Quincy Adams de 1828, el ex General fue llamado asesino y caníbal; su esposa fue acusada de prostitución. Más cerca de los bajos instintos de Joe Wilson, la política siempre ha sido un deporte de sangre y la mayoría de sus iniciados se sienten orgullosos de ello. En las elecciones de 1832, la turba atacó a los candidatos. No es muy educado.

Sin embargo, algo ha cambiado - y lo que ha cambiado son los medios de comunicación. No me refiero a los medios de comunicación tradicionales, los llamados de referencia a los que a todo el mundo le encanta odiar en estos tiempos. De hecho, los medios consolidados tienen estándares estrictos de educación y lenguaje apropiado en la esfera pública. Tales preocupaciones evitaron que publicara hace poco una obscenidad pronunciada en la redacción del Washington Post que hizo que un editor agrediera a un redactor.

Más cruciales en el crecimiento viral de los malos modos son los nuevos medios de comunicación - Internet, la blogosfera y todas las redes sociales de Facebook a Twitter, y todo lo que haya podido inventarse desde que empezara a redactar esta columna.

Considerando que en épocas anteriores un intercambio fuera de tono podía confinarse a una habitación, un edificio o una plaza pública, los medios de comunicación de hoy significan que es capturado, amplificado, reproducido y distribuído - perpetuamente.

En la actualidad hay camisetas Joe Wilson “mientes” y pegatinas. Mientras tanto, una reciente encuesta USA Today/ Gallup concluye que las tres cuartas partes de los encuestados no se escandalizan con los comentarios de Wilson.

La mala educación puede ser mala costumbre, pero es buena política. Susan Herbst, profesora de legislación pública del Georgia Tech, está terminando un libro sobre los modales en la política en el que afirma que la cortesía y la descortesía son intemporales activos estratégicos retóricos. Algunas personas son más eficaces en el uso de ellos.

El verdadero desafío para los modales es que la descortesía es más emocionante. Los seres humanos se sienten atraídos por el espectáculo, como entendieron las taquillas del Coliseo de Roma. Glenn Beck es prueba de la constancia de la naturaleza humana.

Herbst insiste en que si realmente queremos que prevalezcan los modales, tenemos que encontrar una manera de hacerlos más emocionantes e interesantes para los jóvenes e insta a enseñar debate en la secundaria y la universidad.

“Nunca volveremos a ver la clase de debate civilizado y creativo que permite la buena legislación a menos que inspiremos a los adultos jóvenes de nuestro medio a practicarlo”, escribió recientemente para la publicación Inside Higher Ed.

Hacer guay el debate es un reto, sobre todo porque el pensamiento claro es un trabajo difícil que requiere habilidad y disciplina. Tal vez algunos famosos de Hollywood podrían ayudar a despejar el camino. Los modales, después de todo, no son sino una gran actuación.

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