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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Revista-arte

"Quiero expresar todo lo que vivo. Es una necesidad. Si no lo hago, siento malestar"

Ouka Leele, fotógrafa
Redacción
martes, 17 de noviembre de 2009, 04:47 h (CET)
Ouka Leele, fotógrafa española nacida en Madrid en 1957. Su verdadero nombre es Bárbara Allende Gil de Biedma. Es una de los protagonistas principales de la Movida madrileña de comienzos de los 80. De formación autodidacta, destacan sus características fotografías en blanco y negro coloreadas y sus grabados. Mezcla las tradiciones españolas con un gran colorido típico de esta artista. Su prestigiosa obra se ha expuesto en ciudades como París, Londres, Tokio, Sao Paulo o Nueva York. En 2005, le fue concedido el Premio Nacional de Fotografía.




José Ángel Mañas.


Paloma Fernández Fidalgo / MAGAZINE SIGLO XXI

Acabas de publicar dos libros de poesía. ¿Están recién escritos?

Uno sí y otro no: De la embriaguez desnuda es una recopilación de poemas hechos en el 2000. Pero Este libro arde entro entre mis manos es un único poema largo que sí acabo de hacer.

Así que ahora tenemos entre manos tu literatura, a estas alturas de tu consolidadísima carrera en las Artes Plásticas. Además, te gustaría experimentar en el cine. ¿Por qué te mueves en tantas disciplinas y las mezclas?

Porque quiero expresar mucho, todo lo que vivo. Es una necesidad: Si no lo hago, siento malestar. Me ocurría sobre todo cuando era jovencita. Entonces fundamentalmente pintaba, a todas horas y en todas partes, no podía estar en una reunión sin un lápiz y un papel dibujando, era mi manera de sobrevivir en este mundo. La fotografía aún no era mi objetivo, pero sí utilizaba ya la palabra escrita. Escribir es muy inmediato, cuando en un día no he podido hacer nada artístico, es muy frecuente que escriba por la noche y a menudo ocurre un sortilegio.

Hablemos de esos comienzos tuyos: ¿Ya podías intuir que llegarías a obtener el reconocimiento público que tienes hoy?

Era mi sueño, pero nunca se sabe qué va a ocurrir. Soñaba con exponer en el Museo del Prado, pero pensaba que sólo lo conseguían artistas como Velázquez o Goya. Y ya ves, lo he conseguido. Cuando inauguramos aquella exposición, las demás artistas no parecían tan nerviosas como yo, que estaba a punto de caer desmayada.

Querías entrar en la escuela de Bellas Artes, pero no lo hiciste y eres en gran medida autodidacta. ¿Importa la formación académica en las Artes Plásticas?

Mucho. Lo malo es que a veces la formación que te ofrecen no es la que más te conviene. En mi caso, quería entrar en Bellas Artes porque me interesaba conocer las técnicas, pero lo que encontré allí me pareció anquilosado. Y no tenía paciencia para soportarlo, tenía prisa. Así que opté por asistir a clases en academias y por hacer cosas que nunca hubiera aprendido en ninguna parte.

¿Una creatividad y un talento como los tuyos no pueden suplir la formación?

No creo. El desconocimiento te lleva a aprender. Yo puedo soñar con una imagen, pero si no sé cómo materializarla, no pasa de ser una pasión. La imaginación es una dirección, algo que mueve, pero para darle forma hay que tener técnica, recurrir a ella y si no aprender en libros, ir a una escuela, preguntar a quien sepa cómo conseguir lo que se quiere.

Tus primeros pasos como artista los diste en medio de la movida madrileña. ¿Hay algún elemento común en todos los artistas que os presentasteis con ella, ya sea en las Artes Plásticas (como tú o como García Alix), en el Cine (como Almodóvar) o en la Música (como Nacha Pop)?

Tres cosas: La pasión por el arte, la libertad y la originalidad. Pero en la movida no hay un estilo, hay individualidades que se unen por cosas afines, y cada una tiene su propia obra.

¿Te parece que en la generación actual de artistas también hay elementos comunes o todo es ecléctico?

Quizá las corrientes de ahora se gestaran a partir de nuestras individualidades, y se mantiene aquella variedad. Lo que existe siempre en una generación es una comunicación de los artistas entre sí, porque así lo requiere la creación: la creatividad es algo que se contagia.

Durante la movida, en apariencia los artistas fueron muy dependientes de las drogas. ¿Cómo relacionas creatividad y drogas?

He vivido muy de cerca las drogas, y no me gustan nada. En aquella etapa no encontraba a nadie que no se drogara. Se vivía el todo vale, pero en ese terreno había una gran ignorancia. Mis recuerdos me hacen asociarlas sobre todo a sufrimiento y muerte, ha muerto mucha gente... Siempre me he preguntado: ¿de verdad la creación merece la pena así? Creo que la creación es mucho mejor con la consciencia. Las drogas pueden ser un atajo, pero falso, porque en vez de abrir la creatividad, acaban cerrándola. Y creo que a los artistas de la movida las drogas no los han forjado, lo son a pesar de ellas.

Empezar no fue fácil: La primera vez que expusiste colgaste como reclamo unos carteles que exageraban. Decían: “OUKA LEELE, por fin en Madrid”, pero aún eras desconocida. ¿Crees que la falta de medios materiales es un impedimento para hacer Arte y vivir de él?

Yo tuve que vivir la experiencia de empezar desde cero sin un duro, a pesar de venir de una familia a la que no le faltaba nada, me echaron de casa, me lo creí… y eso ha formado parte de mi formación como artista, he aprendido a sacarlo todo de la nada, a hacer lo máximo con lo mínimo.

Es una escena muy romántica.
Pero fue duro. A veces tuve que elegir entre comer o comprar papel fotosensible, y prefería comprar papel, porque si comía, sería lo único que podría hacer después –e iba gratis al comedor de los Hare Krishna-. Así que no hay que buscar excusas, hay que crear apasionadamente y trabajar con los medios que tienes a tu alcance y soñar ya que algún día esos sueños llegan. Por ejemplo, Alberto García Alix y Ceesepe se hacían un fancine ellos mismos con fotocopias que vendían luego en el rastro.

¿Y crees que hoy la extensión de las tecnologías de las comunicación facilita a los artistas promocionar su obra?

Pasan dos cosas algo contradictorias: Por un lado, cuando yo era joven había sólo dos canales de televisión y muy pocos periódicos, y al recoger lo que hacías, toda España oía hablar de ti; hoy la comunicación está más diversificada y ese pleno no es posible. Pero por otro lado, Internet y las redes como Facebook permiten que uno se monte su propio medio. Yo al principio era reacia a ellas, pero ahora las uso.

Y te permiten ver la opinión del público de forma inmediata e individualizada.
Sí, y es una experiencia muy rica. Me gusta especialmente porque siempre he querido implicar a la gente en mi obra, incluso a los alumnos de los cursos que imparto. Recibo muchas sugerencias.


Dices que lo digital tardó en seducirte. ¿También la cámara digital?

Me parece que la gente se lanzó a los procesos digitales antes de que de verdad fueran una alternativa. A mí no me parecían garantía de calidad. He estado casi toda la vida con las mismas cámaras analógicas, con sólo un objetivo, el que creo que ofrece la visión más parecida al ojo humano, la que yo busco. Pero llegó un momento en que tuve que adaptarme. Sobre todo a raíz de recibir el Premio Nacional de Fotografía, pues estuve un año trabajando digitalmente en la preparación de las copias que quedaron estupendas. Creo que ahora la fotografía digital ha alcanzado una gran calidad.

¿El paso definitivo para consagrarte artísticamente fue recibir ese premio que mencionas?

En aquella época yo pensaba que la fotografía era una etapa acabada de mi vida. Era el momento de la crisis digital, y yo no quería estar ahí. Temía que sólo podría hacer fotos mientras hubiera película, y en poco tiempo ésta podría desaparecer. Fue muy duro, pensé que mi oficio se iba a ir al garete después de treinta años. Así que me concentré en la pintura, que también era mi sueño. Desde Murcia me encargaron un mural de trescientos metros cuadrados y lo interpreté como una confirmación de las musas para dedicarme a la pintura. Pero ya de vuelta en Madrid, cuando estábamos comiendo lentejas, mi hija me pasó una llamada del Bellas Artes. Antes de contestar, ya tuve la premonición de que se refería al premio. Entendí que tenía que volver a la fotografía... ¡No era el Premio de Artes Plásticas! Creo que mi fotografía merece todo lo que ha tenido, pero la dirección de mi carrera se desvió de mis intenciones. Y es que toda mi vida está basada en que yo no quiero hacer fotos pero la fotografía me quiere a mí.

Incluso has dicho que no te identificas como fotógrafa.

Sí, tengo una visión más amplia del arte y la técnica está al servicio del artista.

Decía Marañón que el conocimiento se transmite por dos vías: la Ciencia y la Cultura. ¿Estás de acuerdo con que el Arte tiene esta función social?

Sí, siempre he creído que el artista tiene que estar por delante. Tiene que divertir y hablar de los temas universales y atemporales (la belleza o el amor), y despertar la conciencia. Pero rompiendo esquemas, porque no puede repetir la manera como ya se ha hablado, tiene que renovar el leguaje para contextualizarlo a su tiempo.

Seguías ese espíritu cuando el alcalde Barranco te aceptó un proyecto didáctico en relación con La Cibeles. ¿Te parece que las Administraciones Públicas apoyan lo suficiente a los artistas para velar por esa función social del Arte? Y al revés, ¿te parece que los artistas tienen iniciativas significativas en ese sentido o se mueven por otras motivaciones menos relacionadas con lo común?

Existe apoyo, pero no es muy frecuente. Yo hablé con Barranco en el momento adecuado, movida por la pasión, no era un proyecto didáctico, era un proyecto absolutamente artístico. Aquel montaje fue increíble, nunca he visto nada igual. No creo que se pudiera hacer ahora. Fue un proyecto poético para difundir el origen de los leones de La Cibeles, que eran dos amantes en la mitología griega. Pararon el tráfico y participaron muchos ciudadanos. Pasamos horas maquillándonos en la calle. Era como si estuviéramos en el Olimpo.

No querías firmar tus primeras obras para que prevaleciese esa misión comunicativa sobre la identidad de la autora.

Ouka Leele era un especie de máscara o de marca. Mi idea primaria era no revelar nunca quién era yo. A una de mis primeras conferencias me acompañaron unas siete personas, y todas estábamos ocultas bajo figuras geométricas de papel, conos, cubos… La gente preguntaba quién era Ouka Lele, pero no lo revelábamos.

He llegado a escuchar que mi obra era de un japonés.

Es una forma muy bonita y humilde de entender el Arte. Pero tuviste que interrumpir el plan...

La gente empezó a identificarme cuando iba a hacer fotos, en algunas entrevistas revelaron mi nombre y empezaron a pedirme con frecuencia que diera charlas. Me hubiera gustado mantenerlo, hubiera dado mucha fuerza a la obra. Hubiera sido como el Guerrero Enmascarado o Superman mejor dicho, Wonder woman.

Y hubiera sido un reto para algunos críticos, que supeditan el análisis de una obra a la firma.

Sí, de hecho a mí me interesaba que no se supiera absolutamente nada de mi identidad: ni mi nombre, ni mi clase social ni siquiera mi sexo. Quería que vieran mi arte de forma totalmente pura.

¿Cómo llamas tú a la mezcla de foto y pintura que sueles hacer? ¿Hay algún denominador común en esas obras o cada una es de su padre y de su madre?

Las llamo imágenes, y cada una es de su padre y de su madre, mis hijas. Puede haber series temáticas o de ambiente, pero quizá por mi amor al teatro y al cine y debido a que al principio no tenía dinero para montar mis obras. Para mí son pequeños espectáculos, pequeños teatros. Cada una cuenta una historia diferente.

¿Lo que más te gusta hacer son retratos?

Yo no los llamaría retratos. Son personas contando historias. Como esa mujer sonriente que aparece recién salida de un anuncio de pasta de dientes y que saca de una caja vacía un filete que para mí es la muerte, representada a través de la carne muerta. Saca de su caja una sorpresa y menuda sorpresa, esta palabra es la que me gusta para la muerte, la veo como una auténtica sorpresa.

De ahí se deduce que en tu obra hay simbología. ¿Dirías que sólo cabe una única interpretación?

No. Una cosa es el sentido que yo le haya querido dar a la escena y otra que a un espectador le pueda sugerir otras ideas. Por ejemplo, yo no sé qué ves tú en esa foto mía que se titula el beso, pues yo quería representar dos calaveras besándose por eso del amor y la muerte… No sabía cómo hacer esto y pensé que cuando muestras los dientes y las encias así, se ve más la calavera. Por otra parte, es una foto muy alegre de color y de composición .

Y especialmente te gustan los retratos desnudos. ¿Por qué?

Porque las personas desnudas se muestran tal como son. Me provocan mucho respeto, yo no me desnudaría para una foto, por vergüenza. Me parece que el desnudo cambia la actitud, se crea una magia y la persona está más vulnerable, y necesito transmitirle mi respeto.

Te parece una clave para la fotogenia que exista complicidad entre fotógrafo y fotografiado. ¿Esto equivale a decir que tienen que conocerse previamente? Tú has hecho fotos tanto a seres cercanos como a desconocidos.

Da igual si se conocen o no. La confianza se crea en el momento de fotografiar. Yo siento amor por las personas. Me enamoro de las formas, de cómo le da una luz a alguien, y esa pasión se la transmito a ese alguien y le hago sacar su belleza.

¿Y qué efecto suelen tener tus imágenes sobre esas personas que las protagonizan?

Suelen gustarse, pero normalmente no los primeros días; se asombran en un primer momento, se están viendo tal como son. Otras personas sólo quieren tener algo mío y desde el principio se entusiasman. Y a otras las ayudo a valorarse mejor: por ejemplo, a una mujer le saqué los pies, que la acomplejaban, y a partir de entonces creyó en ellos. Pero hace tiempo que me empezó a dar miedo hacer retratos debido a cosas que me han pasado: las imágenes resultaron ser visiones, premoniciones o provocaciones. Por ejemplo, la chica del filete se murió, y fue una gran sorpresa por su juventud. Otra vez retraté a un hombre pegándose un tiro, y sobre ella superpuse a otro que se suicidó un tiempo después. Así que ahora no quiero tocar nada. Casi preferiría pintar sólo flores.

Aún te haces muchos autorretratos. ¿Por qué?

Porque quiero expresar algo que pienso, que está en mí. Pienso que quién mejor que yo para representar algo que está en mí, o mejor dicho que viene del mundo de las ideas a través de mí, aunque ahora me cuesta más aceptarme físicamente, me he dulcificado.

Te gusta utilizar tonos estridentes. ¿Estás influida por el expresionismo?

Sí, mamé mucho de los expresionistas. Aunque también en el Renacimiento usaban colores muy vivos. Hay un carnaval en Venecia donde sacan unas góndolas del Renacimiento preciosas, y que son un festival de color.

Muchos de los colores de los cuadros renacentistas son mezclas.

Yo también mezclo, sólo utilizo tres colores: rojo, amarillo y azul. Así tengo mil combinaciones, no sé qué posibilidades cromáticas serán, pero quizá sean infinitas. Para pintar fotos uso unas acuarelas líquidas de la marca Vallejo. Y tengo un asesor -algo que creo fundamental para cualquier artista, porque saben más que cualquier profesor y no cobran- que me ayuda con los materiales, hace pruebas... me enseña. Creo que estos asesores merecen más reconocimiento del que tienen. Realmente, al mío debería hacerle un buen regalo.

¿Utilizas tus imágenes como regalo?

Para mí el arte es un regalo. Siempre digo que yo soy una persona regalada, como los místicos, personas a quien Dios viene a ver. Y por sentirme así, tengo que hacer regalos. Cuando era joven, mi forma de expresión era regalar lo que hacía. Y al empezar a vender no me gustaba nada despegarme de las cosas. Siento que lo regalado me sigue perteneciendo de alguna forma.

¿Crees que existe una excesiva comercialización del arte?

Sí. Es más frecuente escuchar que una obra se valora por el precio al que está tasada que por las emociones que transmite. Me encantan los coleccionistas apasionados, esos que se enamoran de una obra y no duermen bien hasta que no se la compran y por supuesto no piensan sólo en la inversión o el consejo de un galerista, si no en esa necesidad de adquirir esa obra y de además ayudar al artista a seguir creando cosas necesarias para alimentar el espíritu humano.

¿Tú eres coleccionista?

No mucho. Bastante tengo con guardar todo lo mío...

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