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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

La descomposición de un régimen que se resiste a morir

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 16 de noviembre de 2009, 04:54 h (CET)
Fracasada, acaso por la resistencia cívica contra el proceso de blanqueamiento de la extrema izquierda que representa la ETA, la Segunda Transición que Rodríguez Zapatero quiso la legislatura pasada imponer a la sociedad española, si queremos vivir en una sociedad abierta estamos abocados a abrir un proceso constituyente limpio y transparente, que puede, y debe, poner en duda incluso a una Monarquía cada día más desprestigiada y hoy en día sostenida por la progresía del régimen. La España del engañoso y tiránico consenso se verá obligada, no sólo por cuestiones políticas cada día más evidentes, sino también económicas, a replantearse toda su estructura. El sistema partitocrático o Estado de los partidos así como el incoherente e improvisado sistema de autonomías resultan inviables por caros. La alternativa a la apertura de dicho proceso sería, en el mejor de los casos, la “venezolinización” de una España disgregada y cada día más empobrecida. No descarten que la población se decida por dicho camino. Afortunadamente, y pese a la LOGSE (verdadera madre del cordero), cada vez más ciudadanos comienzan a despertar y ver que el emperador va desnudo.

En cuanto a la unidad de España, no es menos cierto que la ciudadanía catalana –a diferencia de la mitad de la vasca o la práctica totalidad de la gallega- hace tiempo que decidió, por acción u omisión, de boquilla o con conciencia de las consecuencias, no querer pertenecer a España. Yéndose a la playa o siguiendo las consignas lanzadas por el régimen la sociedad catalana aceptó la aprobación de una constitución de corte totalitario. María Emilia Casas, la polémica presidenta del Tribunal Constitucional es la encargada de obtener la ratificación legal (que no justa) del Estatuto. O lo es que lo mismo, otorgar acta de defunción sin que se proclame el fallecimiento o se celebre entierro alguno, no sea que algún asistente pregunte quién ha sido el asesino y halla que señalar hacia la corrupta casta política en general y La Moncloa en particular, de la Constitución surgida durante la denominada “transición”. Desvergüenza de los que hablan, cual Honecker o Ceaucescu, desde una atalaya de superioridad moral y se permiten el lujo de proclamarse, con ocasión o sin ella, demócratas –democracia, la palabra más sobada, manoseada y pervertida por los totalitarios de izquierdas y derechas-.

La socialdemócrata y fracasada Constitución de 1978 que favoreció la aparición de la casta parasitaria que fagocita a los trabajadores, por otra parte consecuencia lógica del franquismo y la mentalidad estatista que lo sostenía –el Estado en España aparece realmente, como todo su andamiaje institucional, con Franco-, ha dejado de estar en vigor de facto. En España ya no hay Ley, sólo despojo legal. Por mucho que en el PP, cada día más antiliberal pero tal vez aún el último partido que pueda denominándose, con la excepción de su sucursal catalana, como español, se empeñen en seguir cantando vivas a un muerto e ignorando que lo que sucede en 2009 en todos los ámbitos no es más que la consecuencia lógica del desarrollo de la carta otorgada que ellos contra viento y marea dicen defender.

Sin embargo y pese a la dominación absoluta de la educación, la cultura y los medios de comunicación por los liberticidas, empieza a vislumbrarse una tímida reacción de la sociedad civil. Demasiados años sin separación de poderes y Justicia –lo de la inmediatez de la Justicia en España es un chiste-. Demasiados años consintiendo de corrupción generalizada y silenciada. Demasiados años engordando las ineficaces administraciones públicas. Demasiado hartazgo entre una población que ve cómo mientras ella se mata a trabajar la casta política, intelectual, mediática y social se dedica a malgastar y planificar cómo, envuelto en bellas palabras y supuestas mejores intenciones, expoliar aún más dinero del contribuyente.

Al final, lo construido sobre una mentira en forma de utopía, podría deshacerse como se deshace el azucarillo en el café. Cualquier asunto podría ser el detonante. Veremos.

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