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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Herejes e inquisición en la España de 2009

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 16 de noviembre de 2009, 04:51 h (CET)
España se ha señalado siempre por tratar con la máxima dureza a quienes se han salido del trillado camino señalado por la autoridad. En España siempre nos ha gustado defender con uñas y dientes las verdades oficiales, la Verdad. En siglos anteriores hemos destacado en la caza de falsos conversos y traidores al Imperio en general que no respondían a la doctrina señalada por los organismos encargados de velar por la pureza de nuestras costumbres. Cierto que no hemos sido los únicos, aunque seamos los que peor fama hemos cargado sobre nuestras espaldas. A la lista de víctimas que engrosan algunos españoles como Servet, el resto de Europa ha aportado igualmente sus victimarios. En España, aunque también, no se persiguió a las brujas como en Inglaterra, por poner un simple ejemplo.

Afortunadamente la Inquisición vuelve a España y vuelve con el acostumbrado rigor con que solía. Se trata como siempre de defender las grandes verdades colectivas que en España acostumbramos a mantener. Quizá ahora la Inquisición no emplee potros, uñas de gato ni hogueras, quizá nadie muera como efecto de la defensa de la nueva Fe, pero la Inquisición sigue haciendo su trabajo de manera efectiva, totalitaria y controladora. Naturalmente, han pasado los siglos, la Humanidad ha evolucionado y ahora debemos atenernos a la declaración de los Derechos Humanos, que desconocían en siglos pasados.

Pero los nuevos inquisidores se han organizado sabiamente y nadie escapa a sus garras, ¡se trata de defender la Verdad contra la España del atraso, la España mojigata, clerical y antiobrera! Para ello la Moderna Inquisición cuenta en la actualidad no sólo con los pregoneros que tradicionalmente se encargaban de anunciar la verdad al pueblo en plazas y corrillos, de señalar a los falsos conversos y de azuzar sobre ellos a las multitudes, sino que actualmente la Inquisición dispone de la Santa Hermandad del Laicismo Absoluto, del Aborto Generalizado y del Onanismo Juvenil, un ejército popular disciplinado, entregado y extremadamente fiel a los pontífices máximos del progreso dispuesto a echarse encima de quienes disientan de la verdad oficial, preparado para defender al pueblo de las herejías encabezadas por fachas, curas y otras gentes de mal vivir.

Las armas que empuñan estos leales colaboradores de la actual Inquisición no son cruentas, faltaría más en el siglo XXI, pero rotundamente efectivas, dolorosamente más letales: la maledicencia, la difamación, el apartamiento de los círculos sociales, la manipulación de las conciencias más débiles, la muerte social en definitiva. La batalla de la conciencia social es la clave, hay que convencer a los indecisos, y si no se dejan, apartarlos de la calle, apartarlos de la vida, mostrarlos públicamente como lo que son: caverna, atraso, reacción, incultura, caspa.

Claro que todo ello no sería posible sin la callada cooperación, sin el silencio culpable, sin el viciado encogimiento de hombros de la España tradicional que tolera avergonzada y temerosa la tan callada como organizada labor de las fuerzas inquisitoriales. Con la cabeza debajo del ala la España conservadora asiste, acongojada, miedica e irresoluta, a la decidida acción de sus rivales, sin atreverse a tomar las riendas de su futuro, a luchar democráticamente por sus ideas. Que se joda, pues, y se aguante. Y ustedes perdonen.

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