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La camioneta del amanecer

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 15 de noviembre de 2009, 06:24 h (CET)
Cuando alguien está sometido a fuertes presiones e incluso ve y escucha que los suyos, los que creía amigos, comienzan a abandonarle y dejar que se hunda su mente comienza a jugarle malas pasadas y tal vez esto es lo que le sucedió al President Camps esta semana cuando en una sesión de control del Parlament de la Comunitat Valenciana el socialdemócrata Luna le preguntaba por los cambios que recientemente había realizado en su Gobierno. El honorable Francisco Camps se puso nervioso y sacó a relucir su cara más verdadera, aquella que oculta bajo esa apacible mirada de chico recién confesado y comulgado, y dejo al descubierto la verdadera imagen que ha estado ocultando durante años, la del odio anidado en su corazón contra todos aquellos a los que más que como a antagonistas políticos considera acérrimos enemigos empeñados en descabalgarle del sillón presidencial.

El “curita” sacó a la luz la imagen del triste y amargo inquisidor que siempre ha llevado dentro espetando ante sus señorías el regüeldo lleno de odio y rabia que le ha producido la mala digestión de las evidencias comprobadas de todas sus mentiras anteriores manifestadas en aquella sede parlamentaria. La negativa a conocer a su “amiguito del alma” Álvaro Pérez, el pago de unos trajes que nunca pudo demostrar, la evidencia de que, momentáneamente, se ha salvado de la picota judicial gracias a Juan Luís de la Rua, otro de sus infinitos “amiguitos”, y, tal vez, la parte que él conoce, y nosotros todavía no, del sumario Gürtel le han ido amargando cada día las digestiones sin que los fármacos contra el ardor de estómago le alivien. Y estalló el eructo “le encantaría coger una furgoneta, venirse de madrugada a mi casa y por la mañana aparecer yo boca abajo en una cuneta” lanzó desde la tribuna a la cara del diputado Luna mientras era jaleado por sus conmilitones que, fieles y disciplinados, aplauden hasta las más desquiciadas salidas de tono de su, todavía, jefe de filas.

Camps en su locura ha llegado a creerse un personaje como aquel Calvo Sotelo bautizado como el “protomártir” en los libros de Formación del Espíritu Nacional que tuvimos que estudiar obligatoriamente los niños de la posguerra. Que a estas alturas un presidente de cualquier comunidad autónoma vuelva la vista atrás y saque a relucir las “camionetas de la madrugada” es una clara evidencia de enajenación mental y más cuando ha sido la izquierda la que más sábanas perdió en cada colada durante esa transición que algunos ponen como modélica y que supuso un punto y aparte, se suponía que para siempre, en la historia de España. Pero Camps ha leído pocos libros de historia, o tan sólo ha dado un vistazo a los que elogiaban el levantamiento franquista, en caso contrario sabría que en el que se supone su lado, el llamado nacional, también hubieron muchas “camionetas en la madrugada”, e incluso camiones como el que llevó a Federico García Lorca al barranco de Viznar para darle muerte, no se si por poeta o por homosexual, ya que ambas condiciones eran y son odiadas por esa extrema derecha que todavía sirve para que gentes como él ocupen el sillón presidencial en la calle Cavallers de València.

En el último piso de la calle Génova a Mariano Rajoy el exabrupto de Camps le sentó como un puñetazo en el estomago. Cuando parecía tener controladas a sus huestes Mariano veía cómo aquel por el que puso la mano en el fuego seguía en su huida hacía adelante ofendiendo con sus palabras la inteligencia de todos los españoles. Pero Rajoy no tiene las agallas suficientes para enfrentarse a Camps, es demasiado lo que ha apostado públicamente por él, y mandó a su segunda a pedir excusas a la ciudadanía mientras, seguramente, le mandaba un recadito al “señor de los trajes” para que se excusará por sus desdichadas palabras. Si con anterioridad a este triste episodio Francisco Camps había sido calificado como enfermo de “enajenación política” en estos momentos somos muchos los que estamos preocupados por la salud mental del President quien a estas horas ya debe andar buscando si entre los “gürtelianos” hay algún fabricante de camisas de fuerza pues a este paso pronto le veremos cambiar los lujosos trajes, las americanas de fantasía y los chalecos de visita vaticana por una de esas camisas de mangas largas atadas a la espalda que antaño hacían servir en los frenopáticos. En España, afortunadamente, ahora cuando alguien llama de madrugada a la puerta suele ser el lechero como decía Churchill, y no como en los tiempos añorados, quizás, por Camps y por muchos votantes y militantes del Partido Popular a los que tal vez les gustaría volver a ver en acción a los temidos miembros de la Brigada Político Social franquista.

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