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De las Ondas y las plumas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 15 de noviembre de 2009, 06:23 h (CET)
Recuerdo que, hace años, el Premio Ondas era, en España, un galardón de prestigio que se solía otorgar a aquellos profesionales que habían desarrollado una actividad continuada merecedora del reconocimiento del público; basada, generalmente, en programas en los que se ponía a prueba la capacidad para el arte de los concursantes, si de ello se trataba, o sus conocimientos en determinadas materias o en temas globales, en los que se enfrentaban con otras personas de notables conocimientos; también a programas de divulgación científica; literarios; tema de actualidad; musicales o de divertimento para niños. Entonces, en los albores de la TV, los medios eran muy limitados, pero el buen hacer de los presentadores, su entrega y su procedencia, en general, de la radio; suplían de sobra las dificultades propias de un medio que se estaba empezando a dar a conocer.

Los tiempos han cambiado. Hoy en día determinadas limitaciones, llámenlas censuras si lo prefieren, han desaparecido; no existen autocontroles que eliminen ciertos programas poco apropiados para ser vistos por los niños y, lo que todavía resulta menos comprensible; estamos hartos de ver como espacios donde se prima la violencia, se explicita, innecesariamente, el sexo y se propagan ideas que incitan a la rebeldía de la juventud contra sus mayores, contra todo tipo de frenos morales o contra las limitaciones a determinados comportamientos al uso, como pudiera ser drogarse, el famoso botellón, la promiscuidad, la práctica del sexo sin freno alguno; en fin, la franquicia más absoluta para olvidarse de cualquier tope moral o ético que pudiera evitar que, la juventud, se constituya en un semillero de holgazanes, drogadictos, indisciplinados, adictos indiscriminados al sexo, tanto homosexual como heterosexual, cuando no de ambos a la vez, y, por supuesto, completamente irresponsables y despreocupados respecto a un futuro que no valoran, inmersos en su única realidad que es “el hoy”, el famoso carpe diem de la filosofía epicúrea.

Como no podría ocurrir de otra manera, todas estas tendencias han tenido pronto acomodo en los estudios de la TV que, más preocupados por la competencia entre las distintas cadenas y los ratios de audiencia de sus programas, han prescindido de cualquier autocensura en las materias que ofrecen a su público mayoritario, en busca del mayor beneficio que les proporcionan los llamados “programas basuras”; debido al atractivo que tienen para la publicidad comercial. Así, nuestras televisiones, con muy limitadas excepciones, que, por supuesto, no se dan en las principales cadenas privadas; se han buscado a presentadores sin escrúpulos morales, muy al día en las preferencias de la juventud, dispuestos a dar a sus programas el morbo que saben que atrae a las audiencias y sin que les importe un ardite el que, los contenidos del programa que dirigen, puedan ser un mal ejemplo para la juventud, constituyan un medio de exaltación de determinados vicios y contribuyan a crear un tipo de moral y ética, oportunista y desenfadada, que sirva para que los tele espectadores poco formados ( que, por desgracia para esta España en decadencia, cada día son más) se inclinen por dejarse influenciar y opten por el camino trillado que es el desentenderse de sus responsabilidades para entregarse a la vida fácil, la ley del mínimo esfuerzo y el máximo goce; como si, la realidad, la dura e implacable realidad, no nos mostrara que estos caminos utópicos siempre acaban, en un 99%, conduciendo al fracaso y, muy probablemente, a la enfermedad y la pobreza. Pero, claro, esto no importa porque se trata de ganar la mayor cantidad de dinero posible, en el menor tiempo.

Será coincidencia o no. Pero los presentadores que, actualmente, cortan el bacalao, como vulgarmente se dice, en estas lides de “entretener” a la audiencia con toda clase de chismorreos, horteradas, baladronadas, expresiones soeces, escenas de mal gusto, explotación interesada de la ignorancia de las personas, recreación en los vicios humanos, humillación de los invitados y, lo que todavía resulta más repugnante, la imposibilidad de las víctimas de defenderse ante al agobio, el griterío, la sordidez y la prepotencia de quienes quieren acallarla, para que no pueda exponer sus propios argumentos en contra de los de la mayoría que le acosan; son, precisamente, tres conocidos homosexuales que, por supuesto, no lo ocultan, antes al contrario, presumen de llevar más plumas que un pavo real. Seguramente los dirigentes de las cadenas televisivas que los han contratado, han pensado que en este tipo de personas, un tanto equívocas, se dan las cualidades para dirigir un programa de estas características, para los que se precisa carecer de escrúpulos ante las situaciones más conflictivas, vergonzantes, irreverentes y, por supuesto, temas relacionados con cualquier tipo de sexualidad al uso, en cuyo tratamiento se encuentran como pez en el agua.

Pero, si todo este estercolero televisivo no fuera ya, de por sí, lo suficientemente reprobable –no, por supuesto para los que, ni por asomo, los vemos; sino por la mala influencia que pueden tener en la juventud que, por la natural curiosidad de esta edad, tienden a querer ver todo aquello que les pueda parecer que rompe los esquemas morales y éticos de la sociedad – nos encontramos que, entre los premiados, algunos de ellos con méritos suficientes para recibir los premios que se les han otorgado, se han “colado”, de matute, una serie de sujetos cuyos únicos méritos han consistido en abastecer a la cadena a la que pertenecen de cientos de miles de euros, pero que el trabajo por el que “han merecido” el galardón no deja de ser la expresión más abyecta, chabacana, barriobajera y desagradable de un medio para atraer a la audiencia a base de cultivar todos aquellas lacras sociales, vicios, recursos sentimentaloides, argucias torticeras y temas deleznables; con el sólo objeto de conseguir crear un climax en el estudio que facilite que, toda la audiencia, se sienta imbuida y atraída por el morbo enfermizo, valga la redundancia, más propio de un tugurio arrabalero que de un programa serio, como debiera ser el de una TV que sabe que, a según que horas, una audiencia inmadura la puede estar viendo

Lo curioso es que, uno de los galardonados, ha felicitado al jurado del evento por “la valentía demostrada al concederle el premio”. Me temo que, a lo que se refiere el sujeto en cuestión, es a su homosexualidad; no obstante, a mi, esta faceta no me parece ser la que justifica que se tache de valiente a los que le dieron el premio; porque, esta cualidad no se les debe atribuir por haberlo concedido a un homosexual, que también, sino por haber entregado un galardón a un programa que por decencia, no debiera de estar en la TV. Esta ha sido, sin duda, la gran errata de los del jurado, aceptar que un espectáculo basura, conducido por alguien que se siente a gusto y se refocila en él, sea merecedor de un premio, hasta ahora, de gran prestigio. Es evidente que, a partir de esta ocasión, el famoso premio ha quedado reducido a un simple ejercicio de endogamia, probablemente dirigido aposta para promocionar a estos elementos que se creen que, por haber sido reconocidos por una ley de los socialistas, ya han adquirido automáticamente los méritos precisos para estar a la altura de los verdaderos profesionales del medio. Allá ellos.

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