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Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

El limbo de los curas

Mario López
Mario López
domingo, 15 de noviembre de 2009, 06:21 h (CET)
De un tiempo a esta parte creo que el limbo existe. Exactamente, en el lugar en donde viven los sacerdotes (a excepción del cura Paco y alguno más de su honda). Hoy mismo un arzobispo ha comparado la masturbación con “fabricar un cohete”. No niego la brillantez del símil, siempre que se restrinja a la masturbación masculina.

Efectivamente, cuando nos tocamos conseguimos convertir un triste colgajo de carne fláccida en un poderoso príapo que bien se puede comparar con un cohete. Máxime si se trata de un cohete de pólvora, como parece indicar el arzobispo cuando afirma que la campaña El placer está en tus manos es una tontería como “enseñarle al niño a fabricar cohetes sin enseñarle antes todos los riesgos que lleva consigo el uso de la pólvora", pues este tipo de cohetes, al igual que un buen pene erecto, no suele sobrepasar los 25 cms de longitud. Pero yo creo que el arzobispo se queda corto. Porque la masturbación no termina en la creación del cohete, sino que prosigue con el frotamiento continuado del mismo hasta alcanzar el orgasmo, siendo su culminación la eyaculación. Por otra parte, la masturbación no tiene más riesgo que el de manchar las sábanas de la cama. Y eso únicamente cuando te masturbas en la cama porque ¿acaso no te puedes masturbar en el baño, entre arbustos o, qué se yo, en la garita mientras te aburres haciendo una guardia? Si los sacerdotes ven pólvora en la masturbación, ¿qué no verán en la cópula? Y es que viven en el limbo. Otro alto prelado de la Conferencia Episcopal, después de comer copiosamente en su plaza preferente de un avión de Iberia, echó la mano hacia una bandeja cubierta por un paño que ocultaba unos exquisitos sándwiches de una famosísima pastelería madrileña. La azafata -fuente solvente-, sorprendida sin duda por la voracidad del cura, le interpeló: “¿Aún tiene apetito?”. A lo que el eclesiástico replicó: “Esto del celibato da mucha hambre”. Si es que ya se ha dicho en multitud de ocasiones que “donde tengas la olla no metas la polla”.

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