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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

De mal estudiante a buen aprendiz

Manuel Villena (Granada)
Redacción
sábado, 14 de noviembre de 2009, 18:32 h (CET)
En las vísperas de la fiesta del terror por antonomasia: Halloween, el Sr. Gabilondo, Ministro de Educación, anunció la propuesta de ampliar la educación obligatoria hasta los 18 años. Si esta propuesta era una manifestación horripilante propia de la fecha en cuestión sería merecedora de una razonable comprensión.

Si la propuesta es seria y firme el tema reviste mayor gravedad pues denota un supina ignorancia de lo que es una clase con adolescentes y jóvenes obligados a permanecer en las aulas contra su voluntad.

Recomendaría al Sr. Ministro mire en cualquier diccionario el significado de los términos: educación y reclusión. Al mismo tiempo puede consultar a cualquier asesor de los muchos que pululan por despachos y pasillos el significado e importancia del concepto: motivación.

Aprovecho la ocasión para exponer un esclarecedor caso que me relató un buen amigo, profesor de instituto, relativo al caso que nos ocupa. Los nombres son ficticios.

D. Eduardo fue tutor de Sánchez, un alumno que presentó a lo largo de su vida estudiantil graves problemas de disciplina y nulo aprovechamiento académico, al tiempo que privaba a algunos compañeros de su sagrado derecho a la educación.

Ante las reiteradas y graves faltas de respeto hacia compañeros y profesorado abundaban las sanciones de todo tipo y expulsiones varias.

Cierto día, mi amigo se presentó en un taller de mecánica, al que denominaremos "Pepe", donde tenía su vehículo pendiente de una reparación. Allí encontró a Sánchez trabajando de aprendiz. Su padre, con sabio criterio, lo puso a trabajar. A D. Eduardo le llamó poderosamente la atención la conducta de su exalumno, ahora educado, solícito y amable; en franca oposición al comportamiento observado en el instituto. Ante tal incongruencia, D. Eduardo, dirigiéndose a Sánchez le dijo: "Aquí veo que eres respetuoso con todo el mundo y obedeces las órdenes de tu jefe." A lo que el joven espetó: "Naturalmente, aquí se respeta a todos y al que más a mi maestro Pepe." Totalmente perplejo el profesor inquirió:¿Y por qué en el instituto no hacías lo mismo?" A lo que el aprendiz repuso: "Es que aquello es otra cosa muy distinta."

Esta es la descarnada y cruel realidad que a diario se encuentran los docentes de toda España. Lo prioritario es arreglar estas denigrantes situaciones; lo demás demagogia dispersante a la caza de votos incautos.

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