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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Del extraordinario valor del silencio

Mario López
Mario López
sábado, 14 de noviembre de 2009, 04:53 h (CET)
Por un hijo se puede llegar a hacer cualquier cosa. Por eso es aconsejable delegar ciertos asuntos relacionados con él en una tercera persona. Ante la disyuntiva de ceder la plaza de Tarifa o sacrificar a su hijo cautivo del infante don Juan, de los meriníes y nazaritas, Alonso Pérez de Guzmán decidió lo último (pobre hombre, si levantara la cabeza y viera en qué se ha convertido hoy aquello por lo que entregó al ser que más quería).

José Moscardó Ituarte perdió a su hijo Luís en parecidas circunstancias, defendiendo el Alcázar de Toledo también para la cristiandad. Del filial sacrificio, don Alonso ganó el Señorío de Sanlúcar (Sanlúcar de Barrameda, Rota, Chipiona y Trebujena) y don José, la jefatura de la Casa Militar del Jefe del Estado, la jefatura de las milicias de Falange Española Tradicionalistas y de las JONS, la capitanía de la II y IV regiones militares y, en su retiro, la presidencia del Comité Olímpico Español. Grandes distinciones, honores y premios los recibidos, pero insignificantes si se les compara con un hijo. Estoy seguro de que Guzmán el Bueno y el general Moscardó hubieran dado su vida por no haber tenido que pasar por la prueba más cruel a la que un hombre puede someterse: decidir la muerte de su hijo. Conozco a uno de los mejores cirujanos de nuestro país que se negó a operar a su hijo. Delegó en un miembro de su equipo la sanación de su retoño tras confesar que no podía arriesgarse a que le temblara el pulso durante la operación y estaba seguro de que con su hijo iba a ser con la única persona con la que tal cosa le podría llegar a suceder. La operación fue un éxito. Después de la última entrevista que mantuvieron con el presidente del Gobierno, los familiares de la tripulación del Alakrana han decidido guardar silencio. Se lo agradecemos todos. Los secuestrados porque con su silencio el Gobierno podrá maniobrar de la forma más conveniente para la mejor resolución del secuestro. Y la ciudadanía en general porque con el silencio de los familiares desaparece la crispación de la calle.

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