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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

No dejemos que el aborto destruya la reforma sanitaria

E. J. Dionne
E. J. Dionne
viernes, 13 de noviembre de 2009, 03:17 h (CET)
WASHINGTON -- Durante algunos años, los Demócratas han denunciado los chistes que presentan a su partido totalmente cercano a la opinión de aquellos que se oponen al aborto. El pasado fin de semana los Demócratas demostraron de manera concluyente que son, de verdad, una gran familia -- y que muchos de sus miembros están furiosos.

A juzgar por los escandalizados comentarios del movimiento del derecho al aborto, cabría pensar que la enmienda del Representante Bart Stupak a la versión de reforma sanitaria de la Cámara anula el veredicto del caso Roe vs. Wade que abrió la puerta al aborto.

No es así. La medida del Demócrata de Michigan -- aprobada por 240 a 194 votos, con 64 Demócratas votando a favor -- prohíbe la cobertura sanitaria del aborto dentro del plan público de sanidad y prohíbe que se destine cualquier subsidio federal a un seguro que contratado en el nuevo mercado de seguros de supervisión pública incluya el aborto.

Stupak argumenta que el gobierno federal se viene manteniendo al margen del asunto de la financiación pública del aborto desde la aprobación de la Enmienda Hyde en 1976, y que ninguna de las pólizas que se facilitan a través del Programa de Prestación Sanitaria a Funcionarios Federales cubre la interrupción voluntaria del embarazo. Las estructuras que crea la reforma, dice, deberían tener impuestas las mismas restricciones, que no se aplican en los casos de violación o de incesto o cuando la vida de la madre corre peligro.

Los partidarios del derecho al aborto replican que, como poco, los particulares que abonan parte del coste de sus pólizas deben tener autorizada la opción de la cobertura del aborto.

Al margen de quien tenga razón, es improbable que la enmienda de Stupak tenga algún impacto significativo sobre la disponibilidad del aborto, puesto que la mayor parte de los abortos no se pagan a través de la sanidad. El Guttmacher Institute, por ejemplo, informaba que apenas el 13% de los abortos practicados en el año 2001 fueron cargados directamente por los profesionales a las aseguradoras -- aunque la institución advierte que esta cifra no incluye a "las mujeres que reciben la devolución de su pago a través de las propias aseguradoras."

Lo raro es que todo el mundo dentro de esta lucha insiste en que el único objetivo es mantener el estatus quo en el asunto del aborto. Pero definir el estatus quo viene siendo una pesadilla legislativa y negociadora.

Los líderes Demócratas pensaron una vez haber descubierto el camino intermedio con la enmienda ofrecida por la Representante de California Lois Capps. Ella proponía segregar el dinero que se abona en concepto de seguro médico. La cobertura del aborto se podría adquirir con las primas pagadas por los particulares, pero no con dinero público.

Los detractores del aborto argumentaban que esta separación de los fondos será artificial, y que todo el dinero abonado al plan público es, por definición, público. De manera que el Representante Brad Ellsworth, un Demócrata de Indiana contrario al aborto, sugería una alternativa que pasó a conocerse como "Capps en bruto." Reforzaba de manera sustancial la barrera entre dinero público y dinero privado, particularmente dentro del plan público.

Pero un influyente grupo de Demócratas partidario del resto del proyecto de la Cámara (más o menos 10 es lo máximo que he podido contar) seguía sin estar satisfecho, en parte porque los obispos católicos romanos no estaban satisfechos. Estos Demócratas acabaron siendo esenciales para la aprobación de un proyecto que finalmente fue aprobado por un margen de cinco votos.

La noche del pasado viernes, Stupak propuso un compromiso de formas a la presidenta de la Cámara Nancy Pelosi que prohibiría taxativamente la cobertura del aborto dentro del plan público pero que permitiría una votación anual de la prohibición del aborto en los planes privados. Los Demócratas partidarios del aborto rechazaron esto, y la versión más cargada de la propuesta de Stupak fue entonces aprobada.

¿En qué acaba todo esto? Los partidarios Demócratas del derecho al aborto tienen que aceptar que su mayoría en la Cámara depende directamente del apoyo de una gran cantidad de sus colegas antiabortistas. Pueden denunciar esa realidad, o pueden aprender a convivir con ella.

También existe un desafío para los enemigos del aborto, sobre todo los obispos católicos con un largo historial de apoyar la cobertura universal pero que han dedicado la mayor parte de sus energías recientes a la batalla contra el aborto. ¿Cuánta influencia van a dedicar ahora los obispos a la iniciativa generalizada encaminada a aprobar la reforma sanitaria? Su credibilidad como defensores de la justicia social pende de un hilo.

Y si el Senado fuerza un cambio en la formulación de Stupak, un enfoque evidente implicará la prohibición del aborto dentro del plan público -- si es que esa opción llega a sobrevivir -- y la aplicación de las normas de Ellsworth a las pólizas privadas que se contraten dentro del mercado de seguros supervisado por el gobierno. La alternativa sería el compromiso original que Stupak ofreció a Pelosi. No les quedan muchas más opciones.

La verdad es que hasta con las restricciones de Stupak, la reforma sanitaria va a proteger mucho mejor a millones de estadounidenses más -- incluyendo a millones de mujeres. No puede tolerarse que este enfrentamiento a cuenta del aborto destruya la oportunidad de ampliar la cobertura a 35 millones de estadounidenses. Tumbar la reforma sanitaria sería malo para los partidarios del aborto y muy malo para sus detractores.

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