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Zapatero sigue buceando en la utopía

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 12 de noviembre de 2009, 08:14 h (CET)
El señor Zapatero acudió a la reunión del G20 para hablar de algo de lo que no entiende ni sabe, pero que ha decidido enarbolar como bandera de su futura presidencia del Parlamento de la UE, ya que no tiene otras cosas que le puedan acreditar para que el resto de naciones tomen ejemplo de su peregrinaje al mando del gobierno de España. Cambio climático, economía sostenible y energías renovables; a estos tres temas señores se reduce el haber de nuestro Presidente para intentar epatar al resto de socios de la unión europea que, a diferencia de lo que sucede en nuestro país, están más implicados en sacar a sus naciones de la recesión, en reforzar los primeros síntomas de una posible recuperación y en apuntalar sus industrias para que salgan reforzadas de esta larga crisis, que en empezar a dilapidar dinero en unos proyectos que todavía están muy verdes, sobre los cuales la comunidad de naciones no han logrado ponerse de acuerdo ( veamos el fracaso sonado de la última reunión de Barcelona) y que, por supuesto, no constituyen su prioridad principal porque todos son conscientes de que antes de que se puedan implantar las nuevas técnicas “ecológicas” será necesario primero estabilizar las economías nacionales con los medios industriales de que se dispone en la actualidad, entre los cuales es evidente que el petróleo, las energías nucleares y los recursos hidráulicos son las estrellas. Pretender que, de hoy para mañana, todas las estructuras industriales del mundo se transformen y, en virtud de ello, se comiencen a fabricar productos ecológicos o menos contaminantes o que los coches eléctricos pasen a sustituir a los convencionales que a miles de millones circulan por todas las carreteras de los cinco continentes, a mí me da la sensación que es tan absurdo como que la población de la Tierra se traslade a vivir, en masa, a Marte para evitar el inevitable fin de nuestro planeta cuando el Sol se colapse.

Sin duda que las previsiones aconsejan un cambio paulatino del empleo de las materias primas para la producción de energía. No sólo desde el aspecto climático, sino desde el punto de vista de la evidencia de que, tanto las minas de carbón como las fuentes de petróleo tienen una fecha de caducidad que es probable que no esté demasiado lejana. Sin embargo, no está tan claro que, en un corto o medio plazo, ni la energía eólica, ni la derivada de la biotecnología, ni la energía solar estén en un estadío de desarrollo como para permitir que se practiquen políticas, como la que nuestro señor Rodríguez Zapatero está empeñado en imponer a los españoles; por las que, por motivaciones estrictamente de índole política, sin tomar en consideración las recomendaciones de los científicos y con evidente perjuicio para la economía española; se pretenda prescindir de centrales nucleares, como la de Santoña, que, curiosamente, es capaz de producir un suministro eléctrico de atienda, en un 17%, las necesidades energéticas españolas. A sensu contrario, en una muestra evidente de la hipocresía de nuestros gobernantes, no se ha tenido empacho alguno en comprar energía a Francia, procedente de centrales nucleares ubicadas en territorio galo, con cuya posición parece que los perjuicios de las izquierdas españolas, con respeto a la energía atómica, se circunscribe a la que se produce en nuestro país importándoles un bledo la salud de nuestros vecinos los franceses.

No es de recibo que el señor ZP insista en que, con las famosas energías alternativas, se vayan a crear nuevos puestos de trabajo. En primer término, si es que piensa que va a solucionar el empleo de los 4.200.000 ciudadanos que, en la actualidad, están en paro en España; con la implantación de los molinos de viento, mucho nos tememos que los puestos que, nuestro Presidente, va a crear no van a ser suficientes ni para contratar a unos pocos miles de desocupados y, por supuesto, no van a ser una solución práctica para resolver, de forma inmediata, nuestro problema económico. Por si fuera poco, existe otra circunstancia a la que parece que no se quiere referir cuando habla de crear nuevos puestos de trabajo y es que existen estudios en los que se afirma que, por cada puesto que se cree por medio de las nuevas formas de producción de energía, se van a perder otros cinco a costa de los sistemas actuales.

No se puede obviar el factor del coste. Según los referidos estudios cada puesto de trabajo creado por las energías alternativas nos costará, a los españoles, la friolera de unos 50.000 euros. Parece que, en su empeño por promocionar el famoso cambio que está empeñado en llevar a cabo –en su delirio por sustituir el sistema económico actual por otro más progresista o, en su desvarío por cargarse el régimen “capitalista” o sea ,el de libertad de mercados, para que regulen por sí mismos por medio de la oferta y demanda, sin intervención de los estados, que puedan distorsionar su natural discurrir –; el señor ZP piensa, bueno, digamos que intenta pensar, en modo keynesiano; encantado de que el Estado intervenga en la economía del país, sustituyendo la iniciativa privada empresarial por la burocracia de los funcionarios que, según parece, intenta implantar, para mediatizar la libertad de las industrias y los créditos de las entidades financieras hacia ramas de la producción que, el Estado, considere que deban promocionarse para reconducir la economía española hacia otros ejes que se distancien del sector de la construcción; como si, con este intervencionismo estatal, se pudieran atajar las especulaciones y los cambalacheos que han sido, sin duda alguna, el origen del fracaso del sector del ladrillo. Una experiencia que ya ha sido ensayada en los países de la órbita comunista de los países del Este, con resultados de todos conocidos y que culminó con la caída de los regímenes socialistas de allende el famoso Muro de Berlín.

Debería el señor ZP observar lo que está ocurriendo en los EE.UU del señor Obama, donde, a pesar de lanzar las campanas al vuelo anunciando la salida de la crisis existen algunos factores que parecen desmentir tanto optimismo, entre los cuales la quiebra de otra importante entidad bancaria, CIT a la que parece van a seguir otras, y la pérdida de otros 203.000 puestos de trabajo durante el pasado octubre, lo que colocan el desempleo en un 10’2% poniendo en peligro , según los economistas, la incipiente recuperación que ha experimentado el país. Como en España, el endeudamiento americano sigue poniendo a prueba a la FED y parece que ha obligado al Tesoro de los EE.UU a una emisión record de 81.000 millones de dólares en bonos, destinados a refinanciar 38.500 millones de euros en títulos del Tesoro que se hallan próximos a su vencimiento. A diferencia de lo que ocurre en el país americano, en España se nos ocultan sistemáticamente los problemas de endeudamiento, a pesar de que el Estado, en su huída hacia delante, no deja de engrosar nuestra Deuda Exterior y aumentar el Déficit Publico, consecuencia de los excesivos gastos públicos y la disminución de los ingresos a consecuencia de la caída de la recaudación tributaria.

Mal va a conseguir el señor Zapatero llevar a buen puerto a la UE si, en España, donde gobierna, se ha demostrado incapaz de planificar, de forma coherente, un sistema racional de ayudas estatales capaz de reforzar la liquidez de algunos sectores de la producción rentables; apoyar con créditos a las pequeñas y medianas empresas y a los autónomos y, en lugar de aumentar los impuestos, rebajar aquellos que especialmente gravan la producción y venta de los productos. Ni esto ni fomentar las inversiones en las empresas, con medidas especiales de desgravaciones tributarias, para fomentar la competitividad de las misma y la creación de puestos de trabajo. Nada de nada.

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