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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Violencia y juventud

Mario López
Mario López
jueves, 12 de noviembre de 2009, 08:13 h (CET)
La guerra civil española la protagonizaron los adolescentes. Sin ir más lejos, Manuel Tagüeña Lacorte dirigió todo un cuerpo del Ejército republicano con apenas 23 años de edad y sus lugartenientes Gullón, Parga y Nava eran bachilleres que se incorporaron al Batallón Octubre 11 con tan solo 16 años.

En los años previos, cuando los líderes socialistas y republicanos esperaban derrocar al monarca por medio de un golpe militar, movilizaron a los universitarios y a los jóvenes obreros como principal fuerza de choque. Las milicias socialistas y los grupos falangistas estaban integrados por adolescentes. Y ahora nos preocupamos por la violencia de nuestros jóvenes, como si fuera algo insólito jamás visto en nuestro país. Lo gracioso es que muchos de los padres actuales saben de sobra lo que es romper papeleras durante una manifestación. La violencia es consuetudinaria a la adolescencia y es la sociedad adulta la que debe procurar los canales adecuados para reconducirla en sus formas más civilizadas. La gran mayoría de nuestros adolescentes vive en una especie de limbo al que les ha llevado lo que se ha dado en llamar “sociedad del bienestar” y en el que los porros y el alcohol presiden la mayoría de sus actos sociales; su violencia es muda y puramente autodestructiva. Por otro lado, grupos como los neonazis, los antifascistas, los trinitarios, los maras o los DDP, van emergiendo poco a poco en nuestra sociedad, haciéndose más visibles cada día a través de reyertas extraordinariamente violentas, semejantes a la protagonizadas por los jóvenes socialistas y falangistas en los años previos a la Guerra Civil. El 17% de los menores internos en centros de la Comunidad de Madrid pertenece a bandas juveniles violentas. No sé yo si la corrupción política, el desempleo, el subempleo y el culto al dinero componen el mejor caldo de cultivo para nuestra juventud. Me temo que no. Pero habrá que esperar a conocer la última pieza del dominó que caiga para saber de qué muro estamos hablando.

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