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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Cuando los votantes irrumpen en las protestas fiscales

E. J. Dionne
E. J. Dionne
miércoles, 11 de noviembre de 2009, 01:34 h (CET)
WASHINGTON – He aquí una noticia que se le puede haber escapado por ir en contra de la triste opinión generalizada: Cuando los defensores de los programas públicos confrontan directamente a la derecha y el colectivo anti-gobierno, los detractores del gobierno pierden.

Esto es lo que sucedió en dos referendos estatales celebrados la semana pasada que quedaron sepultados bajo toda la atención prestada a las carreras por las gobernaciones de Virginia y Nueva Jersey. En Maine, los votantes rechazaron una medida legislativa de limitación fiscal por un imponente margen del 60 al 40%. En el estado de Washington, una medida similar fue tumbada, 57-43.

Perdieron en parte porque los detractores de la denominada Declaración de Derechos del Contribuyente (conocida como TABOR) hicieron algo que sucede muy pocas veces al debate nacional: Defender lo que hace el gobierno, el motivo de que sea importante, y de que los recortes a los servicios públicos puedan ser perjudiciales tanto para los ciudadanos particulares como para el bien común.

La idea de que la mayoría de los electores odia al gobierno tiene una influencia desproporcionada sobre el pensamiento de ambos partidos. Los Republicanos tratan de explotar este sentir; los Demócratas tratan de darle la vuelta.

Pocas veces aquellos que creen en el gobierno activo confrontan los argumentos e insisten en que muchas de las cosas que hace el gobierno son necesarias y, sí, (BEG ITAL)buenas(END ITAL). Los medios de comunicación casi nunca hablan de lo que significaría en la práctica el radical desmantelamiento de los servicios públicos inherente a la retórica del movimiento anti gobierno. Es mucho más fácil reproducir las imágenes de las protestas fiscales una y otra vez, y debatir ciertos "ánimos" difusos en el electorado.

Sin embargo, en Maine y Washington, los votantes sabían que no podían permitirse el lujo de expresar un estado de ánimo. Se enfrentaban a la forma en que la limitación de la recaudación fiscal afectaría a las cosas se esperaban del gobierno. Y los detractores de las medidas TABOR han expuesto su idea en términos sencillos.

En Maine, un anuncio mostraba a varios contribuyentes advirtiendo de lo que significaría en la práctica un gobierno más pequeño: "Nuestros presupuestos escolares ya han sido recortados. Esto significaría menos dinero para nuestras aulas. ... Los centros de salud podrían verse mermados. La gente confía en ellos, especialmente ahora". Un hombre de aspecto afable aparecía a continuación en la pantalla para añadir: "Mi mujer depende de la atención a domicilio. ¿Qué vamos a hacer? "

La campaña anti-TABOR tampoco se limitaba a lo que el ciudadano obtiene del gobierno. Otro anuncio destacaba el mayor impacto social y económico de la educación pública. "Sin escuelas públicas fuertes, nuestros hijos no estarán preparados para los buenos puestos de trabajo," decía el narrador. "El futuro de Maine, podría estar en el aire."

En el estado de Washington -- en donde las limitaciones fiscales se encontraron con la oposición de importantes Republicanos moderados, incluyendo al ex Gobernador Dan Evans y el ex Senador Slade Gorton -- la campaña por el no lanzaba un mensaje intergeneracional, centrándose en los recortes tanto del presupuesto escolar como de la atención médica a la tercera edad.

La oposición a estas medidas fue mucho más allá de las filas de los progres ideológicos. Recuerde que el mismo día en que Maine rechazaba la TABOR, también rechazaba el matrimonio homosexual. En Lewiston, una ciudad social conservadora de clase obrera, el 59% votó contra el matrimonio homosexual -- pero el 58% también se opuso a la TABOR.

Es cierto que Washington y Maine han sido Demócratas en las presidenciales recientes. Pero éste es precisamente el motivo de que la derrota de estas medidas anti-impuestos sea tan importante. Los cruzados anti-gobierno se preparaban para argumentar que si las medidas TABOR se podían aprobar en estados Demócratas, entonces la suya era la tendencia del futuro.

"Creo que la Carta de Derechos del Contribuyente de Maine se extenderá a los demás estados," decía a los electores Grover Norquist, importante agitador anti-impuestos del país, durante una visita a South Portland en octubre. "Me dirijo a los activistas contribuyentes y a los colectivos ciudadanos, todos los cuales esperan ver si Maine, un estado moderado del Noreste, dice ‘Sí, vamos a echar un vistazo a esto’, y entonces es más fácil de vender en Arizona y Washington y Oregón y Florida."

Según esa lógica, ahora será más difícil de vender. Ese es el motivo de que los conservadores esperan que nadie preste atención a las noticias de Maine y Washington, donde los electores decidieron no formar parte de un experimento impuesto por la derecha de Washington.

Pero, ¿aprenderán la lección el presidente Obama y su partido, pasando a la ofensiva contra los fanáticos simples anti-gobierno que ahora tienen tanta ventaja?

Obama hizo un amago de hacerlo durante su discurso de la reforma sanitaria de septiembre. Señalaba que sus predecesores "entendieron que el peligro de un gobierno demasiado grande se corresponde con el riesgo de que haya muy poco; que sin la mano de una política sabia, los mercados pueden quebrar, los monopolios pueden asfixiar la competencia, el vulnerable puede ser explotado". ¿Por qué no estamos escuchando más de esto?

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