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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Cambio Climático: Nuevo fracaso

Sergio Brosa
Sergio Brosa
lunes, 9 de noviembre de 2009, 09:07 h (CET)
La ronda negociadora de Barcelona para conseguir un acuerdo mundial en diciembre en Copenhagen ha sido decepcionante, según Juan López de Uralde, director ejecutivo de Greenpeace. Vamos que ha sido un fracaso. Y de acuerdo con las reiteradas declaraciones del representante de EE.UU., Jonathan Persing, su país no ha aprobado nada en relación a la disminución de las emisiones de gases a la atmósfera. Y el resto de países dicen que ninguno quiere ser el primero en dar el paso y que si los EE.UU. no lo hacen, por qué han de hacerlo ellos.

Seguimos en lo mismo: el Protocolo de Kioto ha sido un fracaso y la próxima reunión de Copenhagen lo será también, al decir de los resultados obtenidos en la finalizada reunión de Barcelona, preparatoria de la de Dinamarca. Pero aún nos queda México a finales de 2010, se dicen los que viven del cambio climático.

¿Será que los gobernantes de los países poderosos son todos unos majaderos o será que no se creen que el llamado calentamiento global sea debido a las emisiones de CO2 por el hombre? Más bien esto último. Pero como el cambio climático sigue siendo algo popular, han de hacerle el caldo gordo, como el temor a la gripe porcina o gripe nueva, N1H1, todo y con ser mucho más liviana que cualquier gripe estacional. Los medios de comunicación llegan hoy a todos los rincones y en todos los rincones hay personas que los escuchan. Y lamentablemente, el grado de discernimiento de la audiencia conduce a la credulidad de cualquier patraña. Ya lo probó Orson Welles en 1938 retransmitiendo “La guerra de los mundos” desde la CBS.

Cuando los dirigentes de las reuniones sobre el Cambio Climático se refieren al consenso de la comunidad científica, se refieren siempre al UN IPCC (United Nations Intergovernmental Panel on Climate Change) o dicho de otro modo, la comisión intergubernamental de las naciones unidas sobre el cambio climático; no se trata de una ONG sino de un ente político, como todo lo de las naciones unidas. Lo que carece de explicación es por qué razón ONGs como Greenpeace, Intermon o Sustainlabour creen a pies juntillas al IPCC, siendo como es un ente político.

Pero lo cierto es que la comunidad científica, la que está formada por científicos de universidades, fundaciones científicas y otras entidades estudiosas de la Naturaleza y la Tierra (en Internet hay largas listas de los “negacionistas” con nombres, apellidos y cargos científicos) disienten sonoramente de lo que afirma el IPCC, aseverando que el calentamiento global es simplemente el resultado natural de los ciclos internos del sistema climático. Mientras que el IPCC únicamente considera como causa del calentamiento la emisión por el hombre de CO2 a la atmósfera, desoyendo cualquier otra posible causa, lo que deviene en una opinión muy poco científica al ser hostil a considerar otras hipótesis alternativas para las causas del calentamiento; que dicho sea de paso, ha acabado ya.

Los profesores J. Scott Armstrong y Kesten C. Green se preguntan si un pronosticador del tiempo tan poco científico como el IPCC, liderará un gobierno mundial tan poderoso aunque no haya sido elegido democráticamente.

Otra cuestión que se plantea el hombre de la calle es por qué cuesta tanto dinero la reducción de los gases invernadero. ¿A dónde irán a parar los cientos de miles de millones de dólares que costará anualmente “frenar” el cambio climático? ¿En qué se gastarán exactamente los 100 millones de euros que ofreció la Vicepresidenta Primera, María Teresa Fernández de la Vega a los países en vías de desarrollo para que hagan frente al cambio climático? ¿A qué manos va a ir a parar todo ese dinero y para hacer exactamente qué? ¿Por qué se sigue hablando de utilización de energías renovables tan antieconómicas aún con la prima –subvención– como hoy resultan, mientras el mundo con recursos económicos planifica la construcción de nuevas centrales nucleares de última generación, que no emiten gases invernadero y cuyos residuos carecen de la contaminación de los primeros?

La controversia del palo de hockey (hockey stick controversy) se suscitó en 2001 con Stephen McIntyre y Ross McKitrick cuando elaboraron una reconstrucción de las temperaturas estimadas del último milenio. La discusión estaba en el método utilizado y la fiabilidad de los datos que fueron publicados en 2001 por el IPCC quien afirmó que con ello quedaba demostrado que el cambio climático era antropogénico o sea, generado por el hombre.

Por su parte, la comunidad científica (la de verdad) le criticó al IPCC haber descartado cientos de investigaciones que daban crédito al Período Medieval Cálido, entre los años 800 a 1.600 o a la Pequeña Edad de Hielo, entre el s. XVI y hasta mitad del XIX, producidos en diversas partes de Europa.

Todos los estudios, salvo los avalados por el IPCC, reconocen la variación de temperaturas a través de los siglos, con épocas cálidas y otras frías como regla y no como excepción. El IPCC niega la natural variabilidad en el sistema climático. Ignora los efectos de las variaciones nubosas naturales o el reflejo del sol en los océanos. La única explicación del IPCC de la elevación de temperaturas es la emisión de CO2 por el hombre. Y su solución ante lo catastrófico de los años venideros es gastar ingentes cantidades de dinero en las multinacionales que producen elementos para reducir las emisiones industriales de CO2.

Entretanto, quienes viven al amparo del IPCC tienen un magnífico modus vivendi, pues los gobiernos no se atreven a ir contra una causa que se ha hecho tan popular. Pero finalmente no hacen nada serio para mitigar esas emisiones de CO2, como en la reunión de Barcelona.

Kioto resultó un fracaso y la nueva conferencia de diciembre en Copenaghen será otro fracaso, como ya vaticinan los dirigentes del IPCC, porque los EE.UU. no están dispuestos a legislar sobre la reducción de las emisiones, por mucho que Obama hable y hable del cambio climático.

Y a todo esto, dónde está Al Gore que no se le ha visto por Barcelona tratando de allegar voluntades. Aunque eso sí, los miles de participantes en la reunión del cambio climático han contribuido al crecimiento de la ciudad, dejándose lo que se conoce como “un pastón” en los restaurantes, comercios y hoteles. No hay mal que por bien no venga.

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