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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Levantar el vuelo en su honor

David S. Broder
David S. Broder
lunes, 9 de noviembre de 2009, 09:58 h (CET)
WASHINGTON - Un par de semanas antes del Día del Veterano, acudí al Monumento de la Segunda Guerra Mundial en el Mall para unirme a Bob y Elizabeth Dole y un grupo de soldados, marineros, pilotos y Marines de edad avanzada de su pueblo natal de Salisbury, Carolina del Norte, que habían sido trasladados a Washington por la mañana para descubrir el tributo de la nación a las tropas que ayudaron a derrotar a las fuerzas de Hitler.

Bob Dole, que resultó gravemente herido en Italia durante esa contienda, había sido reconocido con una placa por impulsar la creación del monumento, y Elizabeth Dole dijo que "Bob y yo venimos aquí casi todos los sábados", recibiendo uno de los vuelos de honor que traen a los veteranos a Washington a ver el monumento.

Este vuelo fue especial, porque sus gorras y camisetas llevaban el nombre de su hermano mayor, el difunto John Hanford, veterano de la Marina.

Tras la ceremonia, mientras los veteranos daban cuenta de un almuerzo, hice la visita con Jeff Miller, otro residente de Carolina del Norte que es co-presidente de la Red de Vuelos de Honor. Miller, un pequeño empresario, me decía que cuando el lugar fue inaugurado lamentó que su padre, veterano de la Marina, no hubiera llegado a verlo. Una idea empezó a formarse y empezó a hablar con amigos acerca de lo maravilloso que sería que de alguna manera pudieran programar que todos los veteranos de la Segunda Guerra Mundial que residían en su condado y que quisieran pudieran desplazarse a Washington.

Logró superar trabas burocráticas hasta llegar a un ejecutivo de US Airways - hijo de dos veteranos de guerra - y justo antes de la Navidad de 2006, había recaudado la suma suficiente para enviar el primer avión fletado a Washington.

Al año siguiente se sumaba Bob Dole y Bill Geist, de la CBS, habló del tema la mañana de un domingo en el programa - y despegó. Con grupos operando ahora en 33 estados, 40.000 veteranos han sido desplazados a su primera visita a "su" monumento.

Los que yo conocí decían estar abrumados por el honor. Pero, en realidad, como les decía Elizabeth Dole: "Sois vosotros los que nos honráis".

Esa experiencia todavía estaba fresca en mi memoria cuando John Bridgeland, un amigo que había trabajado en la Casa Blanca George W. Bush, me enviaba un informe que se dará a conocer el Día del Veterano y que esboza un programa de voluntarios centrado en los casi 2 millones de jóvenes estadounidenses que han prestado servicio a la nación en Irak o Afganistán.

"Ellos constituyen una población vulnerable, especialmente durante la vuelta tras la licenciatura," reza el informe, con índices de suicidio, desempleo, ausencia de hogar y dependencia de las cartillas de comida mayores que los de sus contemporáneos.

Pero el acento del informe se pone en que estos hombres y mujeres, producto de unas fuerzas armadas totalmente profesionalizadas, respondieron a un estudio con respuestas que demuestran que han traído reforzadas sus motivaciones patrióticas. Muchos de ellos están deseosos de participar en proyectos en sus lugares de origen, pero relativamente pocos han pedido ayuda.

El informe - realizado por Civic Enterprises en Washington - sugiere muchas formas en las que se les podría movilizar -- con un proyecto de recompensa en el Día del Veterano como el de Vuelos de Honor.

Era típico de John Mashek, el fino reportero de Washington fallecido de manera inesperada el martes, que por mucho que quisiera a sus Filis de Filadelfia, administrados por su amigo Bill Giles, era totalmente sincero en la valoración de la postemporada. Antes de la primera ronda de las eliminatorias me decía que los Filis podrían volver a la Liga este año, pero "no estoy seguro de que puedan vencer a los Yankees."

Mashek, que trabajó para US News & World Report y The Boston Globe entre otros durante una larga carrera, era igualmente directo y daba en el clavo en la evaluación de los funcionarios públicos acerca de los que hacía la crónica. Semi-profesional y feroz competidor en la cancha de tenis, no tenía favorito en su trabajo pero aplicaba el duro rasero del deporte a los candidatos presidenciales y demás figuras de la política. Como dice el refrán, no le importaba si se ganaba o se perdía, sino cómo se jugaba – de la forma honesta. Mi pésame por su muerte.

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