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20 años y algunos siguen igual

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 9 de noviembre de 2009, 09:50 h (CET)
El 9 de noviembre de 1989 el mundo libre asistía al derribo del Muro de Berlín. Millones de personas sojuzgadas a lo largo y ancho del planeta en nombre de la utopía comunista recuperaron de golpe la esperanza. Ese 9 de noviembre, lo que comenzó como el error del ministro de propaganda de Alemania Oriental, Günter Schabowski, durante la respuesta a una pregunta de la agencia italiana ANSA a una nota en una rueda de prensa que los medios del mundo libre interpretaron como que el tirano Honecker acababa de autorizar el paso de la opresión a la libertad, terminó, para sorpresa del mundo libre, con la caída del símbolo del socialismo. Después de la lectura del comunicado la prensa occidental se apresuró a informar al mundo que la Guerra Fría había terminado con la autorización del régimen comunista a sus súbditos alemanes, entre ellos la hoy canciller Angela Merkel, a reunirse con sus compatriotas de la Alemania gobernada por Helmut Kohl. La noticia se extendió inmediatamente por la Alemania totalitaria e inmediatamente, para sorpresa de los anonadados y confusos guardas de la frontera de la vergüenza cuyos superiores no contestaban a sus llamadas, se acumuló una primero temerosa y luego feliz muchedumbre ante el paso fronterizo. Nadie del régimen quiso asumir la represión en forma de matanza que hubiera impedido lo inevitable. Finalmente, los guardas de diversos puestos fronterizos, ante el alud humano que se les venía encima, decidieron levantar las barreras que separaban la libertad y prosperidad del crimen y la miseria. Comenzaba la noche más larga y alegre.

Desgraciadamente, veinte años después del triunfo del liberalismo y el capitalismo sobre el socialismo, la utopía inmanente sigue en pie en países como Cuba, en donde las víctimas del socialismo castrista llevan cincuenta años padeciendo el régimen del terror. Hoy, cuando la izquierda intelectual y política, que en un primer momento, pillada fuera de juego por la sorpresiva caída de un régimen del cual se habían hecho cómplice, renegó del comunismo, ha recuperado nuevos bríos; hoy cuando se puede observar que el Muro fue derribado, más no así, como bien supo ver Jean François Revel, la ideología criminal que lo sustentaba, defendida en nuestro país por no pocos políticos, intelectuales, periodistas y titiriteros; hoy cuando desde periódicos y televisiones se afirma falsamente y desde una equidistancia que es la condena de la libertad y la genuflexión ante el esclavismo que el 9 de noviembre cayeron socialismo y liberalismo… el silencio se impone. Se habla de la “caída” del muro como si aquello se hubiera venido abajo sin el sufrimiento y sacrificio de millones de seres humanos. ¿Quién quiere recordar los horrores del Gulag? Aprovechando la crisis económica los cómplices intelectuales del comunismo, al fin y a la postre palabra eufemismo de socialismo, decretan la caída del “otro muro”. El muro de la libertad. Son los mismos sectarios que en los años 70 viajaban a la URSS y volvían contando que aquello era el paraíso terrenal.

Se trata, ayer como hoy, de enjuiciar al liberalismo, que como no-ideología que es no pretende ser un sistema perfecto, por los ineludibles errores y fallos y exigir la perfección más absoluta, al tiempo que se promete el paraíso terrenal y se enjuicia el mayor sistema de terror de la humanidad, el colectivismo, por sus buenas intenciones. Se trata, una vez más, de ir contra la naturaleza humana. Algún político español trasnochado como casi toda la izquierda patria incluso se niega a celebrar la efeméride. Todos sabemos a qué lado del muro estarían hoy Gaspar Llamazares o Rodríguez Zapatero.

Sólo el Partido Popular de Madrid ha tenido la decencia de convocar un acto en conmemoración a aquél suceso que marcó el cambio de la historia. Ronald Reagan, Margaret Thatcher y el Papa Juan Pablo II, tan decisivos para devolver la libertad a millones de seres humanos, son personajes de los cuales la izquierda hace, como entonces, befa y mofa. Pero al final, no lo olviden, la libertad, la naturaleza humana, se impone. Ayer y hoy.

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