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Paradojas

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
domingo, 8 de noviembre de 2009, 09:31 h (CET)
Seguramente las paradojas son tan antiguas como el mismo ser humano, pero desde que el cretense Epiménedes pronunció su famosa sentencia de que “todos los cretenses son unos mentirosos”, no hemos dejado de sorprendernos a nosotros mismos. “Si nos encuentran estamos perdidos”, decía en uno de sus diálogos Groucho Marx, uno de los cínicos más memorables de la modernidad, “Separado se escribe todo junto y todo junto se escribe separado” cuenta la paradoja morfológica, y mil planteamientos más en cada área de la actividad cotidiana, no dejan de avisarnos de que nuestro pensamiento lógico se encuentra permanente cercado por la ilógica. Nos gusta estar bien, pero si estuviéramos siempre bien no sabríamos qué es estar bien porque eso sería lo normal.

En fin, la paradoja, lejos de ser una contradicción, es precisamente lo que nos ha hecho avanzar como seres pensantes y como especie. No importa en el ámbito en que nos centremos, desde la Matemática a la Física Cuántica, pasando por la filosofía y hasta por la cotidianidad, habitualmente nos desenvolvemos en un ambiente de paradojas continuas. Sin ir más lejos, y sin ni siquiera entrar en la célebre Paradoja del Panadero de la Teoría de los Conjuntos tan aplicable en nuestra política, podríamos afirmar que el actual Gobierno de España es un conjunto lleno (de inútiles) que esta vacío (de talento y capacidad), o que el mejor acto posible con el actual Gobierno de España es que no gobierne (por nuestro bien). Cuando el suceso paradójico es más conveniente que la realidad lógica, es que hemos traspasado los límites de la realidad y nos hemos ubicado en un universo paradójico o no verdadero (pero sí verdaderamente paradójico), que es precisamente donde nos encontramos. Algo así como la Paradoja del Gato que se estudia en la Física Cuántica, que está vivo y muerto a la vez, es lo que sucede con nosotros, no hay más leer El País y El Mudo, o el ABC y Público. Después de todo, pertenecemos a una sociedad que ama a los animales y los protege a través de mil leyes y artificios, pero al mismo tiempo es España el ámbito de la crudelísima fiesta de los toros, la caza, la pesca o tirar cabras desde los campanarios; somos superprotectores con la infancia, pero partidarios acérrimos del aborto o que un repugnante señor de ochenta años o un pedófilo consumado se lije a una criatura de trece, y hasta somos tan decididamente igualitarios entre los sexos que hemos creado una legal y radical desigualdad entre los sexos, contraviniendo las mismas leyes que proclaman y defienden la igualdad entre los sexos, precisamente a través de un Ministerio de Igualdad entre los sexos.

Paradojas que hoy por hoy nos rodean, nos embargan y subsumen en un orden desordenado (o en un caótico orden) donde nadie sabe bien por qué son las cosas como son, cual si estuviéramos atrapados por pura lógica en una celda ilógica pura. ¿Por qué se vota, si nadie cree en quienes votan?..., ¿por qué vale más el voto de un iletrado en un pueblo que el de mil sabios en una urbe?..., ¿por qué quienes tienen que solucionar la corrupción son los corruptos?..., o, todavía, ¿por qué la incompetencia de la clase política la deben solucionar los políticos?... son sólo algunas cuestiones paradójicas comunes, lo que también es una paradoja en sí misma; pero hay muchas más. ¿Por qué quien ama a España la destruye, empecinándose en ejercer el Gobierno cuando manifiestamente todas sus decisiones sus absolutamente equivocadas y ni por acierto ha hecho otra cosa que agravar la situación del país que ama?..., es, en realidad, tan semejante y parejo como el célebre “la maté porque era mía”, que viene a sustituir al porque la amaba.

Vivimos, después de todo, en un orden bipolar cuyos ambos polos nos repelen y asquean en la misma medida, forzándonos a que como medida compensatoria, y a falta de mayor comprensión, desconfiemos de ellos y les critiquemos, pero al mismo tiempo que les damos la opción de controlar, manejar y decidir sobre nuestras vidas y nuestros actos, acaso porque somos incapaces de procesar que todos los Sistemas de gobierno de los hombres son malos, no porque sean malos los Sistemas, sino porque precisamente son gobernados por los hombres. Vivimos, en fin, establecidos de forma permanente en la paradoja, conducidos por ciegos o por seres con el entendimiento cerrado a cal y canto, quienes a su vez ponen al frente de aquello que controlan a los más inadecuados e incompetentes prójimos, como una pacifista que desconoce para qué sirve un ejército al frente de Defensa, a una empresaria que ha vivido de las subvenciones del Estado al frente de quien reparte las subvenciones del Estado en la cosa ésa de la Cultura, a un ocurrente manitas que regala bombillas de bajo consumo o recomienda ir en mangas de camisa al frente de Industria, a una discriminadora entre los sexos al frente de Igualdad, a quien no fue capaz de reunir más allá de sesenta y nueve mil euros en más de treinta años en cargos de alta responsabilidad y excelente retribución como Vicepresidente, a quien recomienda huir del beso como saludo para evitar una epidemia inventada por las Farmacéuticas a las que sirve dando besos a todo quisque en Sanidad y a quien negó la crisis que nos devora y vio brotes verdes en los ejidos como Presidente del País. ¿Alguien tiene dudas de que habitamos un universo paradójico y que por eso estamos como estamos? Pues eso.

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