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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Movilidad de los anclajes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 8 de noviembre de 2009, 09:24 h (CET)
Discurrimos por unas vidas oscilantes, dando brazadas, en el más puro sentido orteguiano, aquel de ser navegantes intentando sobrevivir del naufragio. La tragedia se masca desde los comienzos, es demasiado patente el final previsto. Por mucha mención dirigida a los colectivismos, la AVENTURA de cada individuo es intransferible, es el protagonista único de su suerte. No extrañará por eso mismo, la conocida reflexión de Carl Jung: ”La meditación del individuo sobre sí mismo … es el principio para la curación de la ceguera que padece la hora presente”. Ese presente se eterniza, lo era en su época, lo fue antes, y seguramente lo seguiremos afrontando. Nos enfrentamos a una ceguera constitucional, somo de esa manera, no podemos presumir de conocimientos profundos sobre nuestro sino. De esta guisa, marchamos a la caza de asideros firmes, casi convencidos de la inmensa dificultad para hallarlos.

El apoyo social es fundamental; para la ayuda de los menos favorecidos y para todos en general, en la vivencias habituales y en las extrañas. No se entiende una experiencia humana al margen de los contactos con otras gentes. Es un hecho incontrovertible, en lo antiguo y en la actualidad. Sin embargo, nos hemos introducido de lleno en una exageración muy actual. Los defectos y las carencias, pretendemos subsanarlos acudiendo siempre a las soluciones venidas desde el EXTERIOR, de fuera de cada uno; no se mira para nada, o se atiende poco, a las correcciones pertinentes desde el interior de cada persona. Se tienen derechos, la ley nos debe garantizar cada detalle, la psicología debe dictar las normas de comportamiento caiga quien caiga. La reclamación y la justificación se encarnan en los entornos, las responsabilidades se derivan ahacia esos entornos. “ … son demasiados todavía los que inquieren en lo externo” decía Jung. La exageración se incrementó con la evolución de las conductas, se inquiere y exige de lo foráneo, mientras se desdeñan las posibilidades internas de las personas. Se olvida que el ENTEsocial se nutre de las interioridades sumadas, si se separa de estas, se convertirá en una atadura, ajena a la experiencia humana como tal.

Con sólo abrir los ojos, se nos hace patente el desvío comodón en aquella aventura intransferible; delegamos en exceso las vivencias propias y sus condiciones, en un conglomerado social ambiguo. Cada uno va por un lado, y el ente social origina sus apartados ocultos, independientes de la realidad del individuo. Se volvió muy patente la DISTORSIÓN NEFASTA, son dos sectores dispersados de la humanidad, cuando debieran respirar al unísono. Nos sobran ejemplos, pero observemos uno muy notorio de estos días. Al son de grandilocuentes expresiones en torno a las instituciones catalanas, control desde la cercanía y transparencia, con indiscutible y fatua labor democrática. ¡Los críticos son enemigos declarados! ¿Nadie detectaba el escape de millones en el Palau de la Música? ¿Nadie percibía los manejos de los grandiosos altos cargos? No lo veo creíble. ¡Será porque nadie controlaba! No hay más que ver como se persiguen los desfases del ciudadano corriente con Hacienda, las herencias, precisamente en Cataluña. ¿En qué quedamos? La distorsión parece evidente. Llegan a parecer caminos opuestos, los individuos por aquí y las instituciones sociales con los crápulas, tolerando esos ambientes de magia perversa.

No es que esté reñida con la distorsión referida, pero funcionamos con otro bagaje harto inseguro, lo podemos enmarcar como deriva INDIVIDUALISTA. En ella, los conceptos se diluyen en una ausencia de compromiso; con el desdén acentuado hacia toda consideración por los demás. Las ambiciones que pudieron constituir impulsos vitales, se convierten en perspectivas degradantes. Ningún freno es admitido en estas parcelas de la conducta humana. Alardes de poder y de dinero, de dirigismos sociales falseados, de trampas urdidas con la mayor desfachatez democrática. ¿Los sentimientos, en qué se transformaron? La mezquindad se enseñoreo de los pryectos con un descaro manifiesto. Ni se hace necesario el ocultamiento. La tolerancia y el jolgorio general, actuan como simples mirones. Incomprensible.

La dispersión alcanza tales dimensiones, que la implicación se fue con las puñetas más insensibles. En todo caso, privados progresivamente del diálogo respetuoso, la única opción razonable es introducirse en el cotarro, en busca de una tajada de buenos fondos. Por que ya me dirán dónde quedó aquello de la conciencia y de los buenos valores ciudadanos. Se implantó otra deriva, la de una IRRESPONSABILIDAD abrumadora. No todo es así, de acuerdo. Ahora bien, dónde dejaremos caer las gotas de confianza, necesarias para una convivencia que podamos catalogarla de tal. A ver si con un buen candil podemos reconvertir la imagen; por ahora queda muy deslustrada y ajada. ¿Desastrosa?

Parece que progresamos sin pausa, y es verdad; lo que va de ayer a hoy es fácil de comprobar. Esperanza de vida, medios de comunicación, estructuras sociopolíticas, comodidades, descubrimientos; son indicadores fehacientes del PROGRESO; al cual le surgen enseguida ciertos matices importantes. Nunca es total ese avance, unas parcelas progresan ahora y los momentos de cada una son variables. Si progresan diversas ramas de la ciencia, comprobamos con estupor el escaso progreso moral que las acompaña; destaca esta otra disociación. Por otro lado, Koselleck nos actualiza otra idea notoria, pero olvidada con frecuencia; los avances introducen nuevas posibilidades para la maldad y la imperfección humana. El progreso ofrece dos caras, es ambiguo.

Hay progresos generales, históricos e individuales. Aunque, en una tercera fase, según Koselleck, ya no se menciona para quien son los avances; se trata de un “progreso a secas”, como un ente independiente, con la menor o nula consideración por las personas. Se fraguó una estructura opresiva; en aras de una progresión, han de plegarse las peculiaridades de cada persona. Alcanzada esta situación, ¿Qué estamos construyendo? Cuanto más se alejen estas posiciones del individuo, habrá menos implicación, menos responsabilidad, con frustraciones a carretadas. Por las limitaciones citadas, se llega a la conclusión de que el progreso no puede desligarse del DECLIVE, van de la mano. Se pone de manifiesto que no disponemos de anclajes seguros. La búsqueda y la renovación constituyen la tarea inacabada por excelencia.

Las incógnitas proliferan a raíz de cada descubrimiento. Por el contrario, existe una maliciosa venta de soluciones falseadas, nos ofrecen anclas y barcos enteros, que lejos de aportarnos seguridades, se convierten en peligrosas vias de agua. Me gusta la frase de Kierkegaard, “No se trata sino de buscar el lugar desde el que hay que observar”. ¡Y veremos cada cosa! No salimos de esa encrucijada con las muchas deficiencias que arrostramos. Por lo tanto, es una revolución, llamémosle RECONVERSIÓN que no se acabará nunca. Supone la reivindicación permanente de lo que representa la presencia de cada humano. Esta exige intuición, alegría de vivir, expresión personal creativa, y reclama un espacio propio. La negación de ese espacio es una malversación incongruente, de ella nos lamentaremos a diario. Lo refleja bien aquella espléndida pregunta de Eduardo Chillida, ¿No será el horizonte la patria de todos los hombres?

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