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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

El crucifijo, una cruz

Mario López
Mario López
sábado, 7 de noviembre de 2009, 13:00 h (CET)
El crucifijo es uno de los objetos más macabros, espeluznantes y siniestros que conozco. No entiendo cómo puede despertar devoción en nadie que no sufra algún tipo de trastorno mental.

Pero si es imprescindible para una secta o comunidad religiosa que esté amparada por la ley, pues no hay discusión: en los recintos de su exclusivo uso que cuelguen tantos crucifijos como les venga en gana Incluso, no pongo inconveniente a que lo lleven colgado del cuello en exhibición pública. Pero en los espacios comunes, en las aulas, oficinas y demás lugares destinados al uso del público en general el crucifijo, como cualquier otro símbolo exclusivo de un grupo ideológico o religioso determinado, debe estar rigurosamente prohibido. A mí personalmente el crucifijo me hiere la sensibilidad y, además, me retrotrae a momentos de mi infancia extraordinariamente dolorosos que no quiero recordar. No sé por qué tengo que soportar su hiriente presencia en lugares que deberían ser respetuosos de las sensibilidades de todos los ciudadanos. El Gobierno de la nación tendría que velar por estas cosas pero parece que prefiere lavarse las manos como Poncio Pilatos ¿Habrá que recordarle a don José Luís Rodríguez Zapatero que Pilatos fue prefecto romano en Judea y le tocaba dirimir en un asunto local del que podía desentenderse sin faltar a las responsabilidades de su cargo, mientras que a él, don José Luís, le toca dar solución a un asunto que le es propio, pues los afectados somos todos naturales del país y no miembros de una colonia romana? La tradición anticlerical tan española, que en infinidad de ocasiones nos ha traído la desgracia, viene fundamentalmente apuntalada en un anacronismo que nos aparta del resto de los países de nuestro entorno y que no es otro que la constante ingerencia de la iglesia en la política. Pues yo creo que ya va siendo hora de acabar con esta lacra, ¿no?

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