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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La incontinencia taurina del Sr. Sánchez Dragó

Julio Ortega Fraile
Redacción
viernes, 6 de noviembre de 2009, 21:01 h (CET)
La otra noche estuve viendo en la televisión un debate entre partidarios y detractores de la tauromaquia, suscitado con motivo de la próxima votación para la Iniciativa Legislativa Popular presentada en la Cámara Catalana, cuya aprobación supondrá la eliminación de las corridas de toros en esa Comunidad, y estableciendo un precedente que sin duda, habrá de trasladarse poco a poco al resto del País, intención ésta que es la que mueve el espíritu de este movimiento contra la crueldad con animales.

El participante como defensor de la lidia era el Sr. Sánchez Dragó, valedor de causas e ideologías rancias pero siempre vestido con la camisa del progresismo y de la modernidad, y pletórico de vehemencia en sus intervenciones pues este Caballero, lejos de dialogar, sienta cátedra cada vez que habla y lo hace mezclando apresuradamente fechas, acontecimientos, citas literarias y ataques furibundos con tono jactancioso contra su interlocutor, en una especie de andanada del absurdo que busca aturdir y acogotar más que convencer, además de impresionar a los oyentes al estilo del "Usted no sabe con quién está hablando", pues falto de razones dignas trata de disimular su carencia de argumentos, al menos en este tema, sepultando con su incontinencia verbal, como si la palabrería fuese un sustituto de la coherencia.

Pero no es así, a quien plantea las cuestiones desde la cordura y la ética, le sirven pocas frases para expresarse ya que no necesita de la confusión como aliado; tal vez por eso y ante la pregunta de si consideraba o no tortura lo que se le hace al toro en la plaza, evadió la respuesta en diferentes ocasiones con la excusa de que esa era una disputa estéril. Es una técnica bastante burda la de soslayar la verdad indiscutible en la que se basa todo este asunto: que el animal es maltratado hasta la muerte y que algo así, es inconcebible que siga siendo legal y subvencionado, pero hay que reconocer que tampoco tenía más opciones el Sr. Dragó, o rehusaba contestar o habría de acudir al absurdo y a la mentira si quería defender su postura.

Y así le ocurrió, que el hombre entró en una especie de éxtasis dialéctico y perdió la noción de la realidad, de tanto escucharse a si mismo se le olvidó que estaba en un plató de televisión y ahí vino el desastre, pues dijo algo digno de figurar en la antología del disparate o en las páginas de El Cossío, panfleto al que por cierto se refirió en repetidas ocasiones.

El Sr. Sánchez Dragó, sin que se le empañasen las gafas por el rubor, afirmó con toda su cachaza que: “el toro, cuando se le introduce la pica y se le escarba con ella, al clavarle las banderillas y en el momento de ensartarle con el estoque, no sólo no sufre, ¡qué va!, sino que incluso - sujétense el estómago – genera hormonas de placer”. Ignoramos si cuando los pulmones se le encharcan y se ahoga en su propia sangre, momento en el que se producen los estertores y los vómitos sanguinolentos que todos hemos podido ver, el animal disfruta como si estuviese degustando una copa de Vega Sicilia. Habrá que preguntárselo a D. Fernando, todo un compendio de cultura de la fisiología animal al servicio del cinismo, de la desfachatez y de los intereses taurinos.

La verdad es que yo, como contrario a que los animales padezcan cualquier tipo de maltrato, agradezco la comparecencia de este individuo y espero verlo batirse públicamente en más ocasiones a favor de la tauromaquia, porque está tan pagado de si mismo que no piensa lo que dice, simplemente adoctrina y como todos aquellos que están endiosados, su vanidad es también su perdición, pues sandeces como la de que el toro es feliz sintiéndose atravesado por el acero, hacen mucho más por la toma de conciencia de los ciudadanos ante esta tragedia y por su erradicación, que cualquier exposición de un defensor del respeto a los animales.

Sr. Dragó, si no fuese porque detrás de todo esto están la tortura y la muerte de seres vivos inocentes, la otra noche gracias a sus declaraciones me hubiese reído de buena gana, que conste que a punto estuve de hacerlo cuando le oí asegurar que “nadie amaba más que Usted a los animales”. Lástima que las arcadas que me vinieron se adelantasen a las carcajadas.

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